Carles Puyol en el Camp Nou / EFE
Puyol ha sido un eterno capitán y tiene valores muy bonitos que he podido conocer a lo largo de su trayectoria, tanto cuando estaba en la élite como cuando ya olía su retirada. Tengo conocidos directos a los que ha ayudado mucho, especialmente cuando se ha tratado de superar retos mentales condicionados por problemas físicos o enfermedades. Las lesiones lo acabaron de apartar definitivamente del césped y, en aquella época, empatizó con gente que se acercaba a explicarle sus problemas. Además, como capitán fue impecable y demostró, más allá de algunas imágenes virales como la que besó el brazalete, que tenía un compromiso muy fuerte con el club. Hasta aquí, impecable.
Lo que no entiendo de Puyol es la capacidad de meterse en jardines que nunca le han pedido. Lógicamente, en sus años más jóvenes, tuvo noches locas, momentos desenfrenados y otras anécdotas que nunca han trascendido porque su profesionalidad fue impecable. Así pues, ¿por qué carajo se ha obsesionado siempre en ser blanco de críticas totalmente evitables? Personalmente, recuerdo cuando en la gala de los Laureus en Berlín de 2016, una servidora le hizo una pregunta a Luis Figo y me respondió: "Normalmente no hablo con prensa catalana, pero hago una excepción porque eres guapa".
La polémica estuvo servida durante semanas y Puyol, que estaba al lado de Figo, se rio en directo de la desafortunada respuesta del portugués e incluso, unas horas después, declaró que yo como periodista había sido muy correcta al hacerle una pregunta. O sea, salió en defensa de Figo sin una argumentación sólida, atacando a una periodista y concluyendo que las palabras de Figo eran acertadas, pero en ningún caso reflexionando sobre el machismo de sus actos. Increíble. Todavía fue más increíble que en esta gala fuera acompañado por su mujer, Vanesa Lorenzo, que siempre presume de bienestar, respeto, meditación y estas cosas que están de moda cuando hablas con un té matcha en la mano.
Volviendo al presente, 10 años después, la historia se repite. Puyol es llamado e invitado a un acto en México que promueve unos valores misóginos, machistas y en contra de la mujer. Él, que no piensa las cosas dos veces, acepta de buen grado. A partir de aquí, se le dispara una ola de críticas y, finalmente, renuncia a participar en un foro donde el leitmotiv es salvar al macho alfa. Y la pregunta, nuevamente, se repite: ¿Es que nadie puede aconsejar de forma correcta y un poquito normal a los jugadores? Ver para creer.