Lamine Yamal protesta al árbitro en el Atlético de Madrid-Barça EFE
Es evidente que las famosas remontadas son como eclipses lunares. Se dan de vez en cuando, certifican la grandeza del fútbol y pasan a la historia e incluso consagran a jugadores que, hasta entonces, pasaban desapercibidos. Es exactamente lo que le pasó a Sergi Roberto, gracias al gol ante el PSG en 2017. Renovó e incluso acabó liderando una de las capitanías azulgranas.
Pero vamos al presente. La Champions y, en este caso, el Atlético de Madrid ha certificado la pobreza defensiva del Barça. También cuestiona la idea de juego virtuoso de un Lamine Yamal completamente solo y evidencia que a Joan García es más fácil marcarle un gol de lo que pensábamos. Aquello de portero de portería cero es para hacérselo mirar.
Koundé está desaparecido desde el trofeo Joan Gamper; Cubarsí no aprende de los errores y nos castiga con expulsiones; Gerard Martín debe apretar más para liderar; Araújo es el eterno piso en venta que nunca encuentra comprador; y el pobre Éric Garcia tampoco puede ser eternamente la cuchilla multiusos. Por no hablar de Christensen, que está completamente borrado del mapa.
Pese a ir al individualismo y señalar con el dedo a los defensas, es evidente que Hansi Flick debe replantearse el juego. Y este pasa, incluso, por el control físico y el desgaste de sus jugadores. Las reiteradas lesiones musculares afirman que la preparación no es excelente y falla la manera en la que se ha planificado esta temporada.
El Barcelona acabará siendo un justo ganador liguero porque ofrece un juego mucho más bueno que el Real Madrid. Pero de Ligas, los azulgranas no viven eternamente. Más allá de buenas campañas comunicativas, renovar un campo entero y tener a grandes figuras, este club vive de los grandes títulos. Y si el de Europa, este martes, vuelve a resistirse, será un fracaso a sumar.