El árbitro István Kovács expulsa a Pau Cubarsí en el Barça-Atlético de Madrid de Champions
El Barça está herido, enrabietado, pero no muerto. Otra vez, necesitará una proeza para eliminar al Atlético. En la Copa del Rey, se quedó a un gol de la remontada, en el Spotify Camp Nou. Ahora, necesitará ganar por tres tantos en el Metropolitano. El reto es mayúsculo, complicado, y pocos rivales son más desagradables e incómodos que el equipo del Cholo Simeone.
La Champions es un tormento para el Barça desde 2015. Una pesadilla que se repite año tras año y que comenzó contra el Atlético. Más duras fueron las debacles contra la Roma, el Liverpool, el Bayern y el PSG. Más digna fue la derrota contra el Inter de Milán, la pasada temporada, pero los maleficios están para romperse. Y nada mejor que una noche mágica en Madrid para enterrar un pasado cruel.
Cruel ha sido la derrota contra el Atlético (0-2) en el Spotify Camp Nou. La expulsión de Cubarsí, seguida del gol de Julián Álvarez ha tenido un efecto devastador para un Barça que, hasta entonces, parecía tener el partido controlado. Musso, el portero rojiblanco, no había tenido mucho trabajo, pero tampoco tenía motivos para estar tranquilo. Lamine Yamal era una amenaza constante. La segunda parte ha sido despiadada para el Barça, impotente para derribar el muro rojiblanco y castigado de nuevo en una contra.
El Atlético, una vez más, exigirá la mejor versión del Barça de Flick, un equipo menos seductor que el del curso pasado, con menos vértigo, que necesitará su primera gran hazaña. Nadie duda de que el Barça tendrá sus opciones en Madrid, pero cuesta encontrar nuevos estímulos en una plantilla corta, castigada por las lesiones.
Sin Raphinha, el Barça intimida menos. Tiene menos punch e intensidad. Flick tenía la opción de reforzar el centro del campo contra el Atlético, pero ha sido atrevido al alinear a Lewandowski y Rashford, dos futbolistas lejos de su mejor nivel y con escasa capacidad de sacrificio. Con menos presión, el equipo de Simeone ha esperado su momento para golpear a un rival con carencias defensivas.
Club ciclotímico donde los haya, el Barça ha pasado del éxtasis a la decepción en cuatro días. Ya toca la Liga, pero la Champions es otra historia. El plan de Simeone ha funcionado mejor que el de Flick en Barcelona. El próximo martes, en el Metropolitano, el equipo azulgrana luchará contra el Atlético y contra la historia. Pero el Barça no está muerto. Tal vez sea el gran día de Lamine, preludio de la deseada sexta Champions.