En la historia de Cruyff como entrenador hubo un episodio que marcó luego sus relaciones con Núñez, del cual pasó a declarar que era su mejor amigo hasta atacarle sin piedad y desearle lo peor. En medio de todo estaba la pretensión del holandés de disponer de la llave de la caja del club para fichar jugadores y fijar sueldos y primas, a lo que Núñez le negó por razones obvias.
La historia comenzó el 10 de octubre de 1990, cuando en el extinto Vicente Calderón, Koeman se fracturó el tendón de Aquiles del pie izquierdo, en un encuentro ante el Atlético. Aumentó así el maleficio que perseguía a las estrellas del Barça de principios de los años ochenta, como Maradona (hepatitis y fractura de tobillo), Schuster (triada de rodilla) y Quini (secuestro).
Cruyff quiso paliar tan sensible baja, de más de medio año de duración, fichando un jugador del Liverpool llamado Jan Molby, centrocampista de nacionalidad danesa, de 27 años. Su precio era de 280 millones de pesetas y Cruyff lo presentó como imprescindible para ganar la Liga. A Núñez no le hizo ninguna gracia tal dispendio, cuando había pagado un año antes 1.000 millones por Koeman y se había fichado por 200 millones a Nando (Sevilla).
Entre la espada y la pared
La insistencia de Cruyff terminó cuando Núñez le puso entre la espada y la pared, incluido su segundo, Carles Rexach. “Si fichamos a Molby y no gañáis la Liga, quedareis despedidos. Si ganáis la Liga sin Molby, os renovaré dos años más”, vino a decirles. Ambos desistieron del fichaje, pese a que el Liverpool había bajado hasta 100 millones su precio, y siguieron el consejo de Núñez de ascender a alguien de la cantera. Ese “alguien” fue, entre otros, un espigado y prometedor jugador llamado Guardiola que, con 19 años, debutó el 18 de diciembre de 1990, ante el Cádiz.
Molby terminaba contrato el junio siguiente y era uno de los descartes del Liverpool para volver a las competiciones europeas, en las que en aquel tiempo solo se permitían tres extranjeros en el campo. Las plantillas de los clubs ingleses se habían llenado de extranjeros durante aquella sanción de diez años sin participar, tras la tragedia en la final de la Copa de Europa disputada en Bruselas, en 1985, en entre Juventus y Liverpool, donde hubo 39 muertos. La UEFA rebajó la sanción a seis años, con lo que en la 1991/92 los ingleses se disponían a regresar a Europa. Pero antes tenían que liquidar el exceso de extranjeros, por lo que Molby se podía fichar a coste cero al cabo de medio año.
“General manager”
Cruyff quedó tocado por aquel fracaso negociador porque el representante de Molby era nada más y nada menos que Cor Coster, su suegro. Su insistencia tenía un trasfondo muy claro de negocio familiar.
Pero Johan no se resignó y al cabo de un año propuso a Núñez ir más allá de su cargo de entrenador para convertirse, al estilo inglés, en el “general manager”. En otras palabras, quiso tomar la responsabilidad de la gestión deportiva, establecer objetivos, tomar decisiones, conceder bajas y altas y llevar el control económico, Y, de vez en cuando, reportar a la directiva sobre los cómo y porqué de su trabajo.
Dicho en otras palabras, sustituir a la directiva y, como remate, tener la llave de la caja. Pero hubo un impedimento. En aquellos días las Cortes españoles habían aprobado la Ley del Deporte (15/X/1990) que en su apartado cuarto de la disposición adicional séptima señalaba que: “Los miembros de las directivas de los clubs no sociedades anónimas responsarán conjunta y solidariamente de los resultados económicos negativos que se generen durante el periodo de su gestión”. Esto afectaba de lleno al Barça.
Se rompe la relación
En la primera asamblea de su mandato, en agosto de1978, Núñez había prometido que, si su gestión generaba pérdidas, las cubriría de su bolsillo, a lo que nunca renunció. Pero a partir de promulgación de la Ley del Deporte aquello se convertía en una obligación legal y abarcaba al resto de la Junta Directiva. Si de algo presumía Núñez era haber convertido el Barça en un club rico, que podía permitirse desde ampliar el Camp Nou a fichar los mejores jugadores del momento.
Cruyff nunca renunció a su objetivo, pero durante las cuatro Ligas consecutivas y la primera Copa de Europa hubo una tregua hasta que, después de la final de Atenas (derrota 4-0 ante el Milan, en 1994), destapó la caja de los truenos. Tras aquel borrón, Johan quiso renovar la plantilla a su libre albedrío, pero como no tenía el poder absoluto en la materia, declaró que no daría sus nombres al club para evitar que se ficharan. Y ahí se rompió la relación. Núñez consideró aquello una traición que afectaba el mayor generador de ingresos, cual es la plantilla del primer equipo. En menos de 24 horas decidió su destitución a mediados de mayo de 1996.
A partir de ahí llegaron las broncas, las polémicas, las acusaciones, los tribunales y la política. No en vano, Cruyff fue entronizado y se convirtió en un estandarte para acabar con Núñez. Pero esa es otra historia que daría para mucho más.
