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La selección española, durante el himno nacional

La selección española, durante el himno nacional EFE

Hablemos del Barça

La vergüenza de todo un país

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El 0-0 entre la selección española y Egipto en el último ensayo antes del Mundial del próximo mes de junio nos dejó una actuación gris de La Roja pero diría que no es preocupante. No fue un buen partido de los hombres de Luis de la Fuente que estuvieron faltos de ritmo en la primera mitad y, de efectividad y acierto, en la segunda.

Lo más destacable de la noche, sin duda, fue el debut de Joan Garcia con la absoluta y, además, en Cornellà-El Prat. Un momento especial que, desgraciadamente, algunos quisieron ensuciar. Le pese a quien le pese y le pique a quien le pique, no era el día para pitarlo ni para acordarse de su pasado perico. No se trataba de una provocación, no había que buscar polémicas. Era el día de un debutante, de un futbolista que cumplía un sueño y que merecía más respeto. De hecho, aquellos que le silbaron le dieron mayor trascendencia de lo que realmente fue. Se trató de un debut más de un futbolista más con la selección española.

Y, por si fuera poco, tampoco me hicieron ninguna gracia los cánticos racistas y xenófobos que se escucharon en algunos momentos contra los musulmanes. Tolerancia cero contra todos ellos. Hay que tomar medidas para que esto no vuelva a ocurrir, porque el fútbol no puede ser un altavoz de odio ni de racismo. Lo que se vivió por culpa de algunos en la grada del RCDE Stadium fue, asqueroso y lamentable.

El victimismo de De la Fuente

Las palabras de Luis de la Fuente reclamando más respeto para los parones de selecciones evidencian cierta desconexión con la realidad del calendario actual. El seleccionador español pide protagonismo para los combinados nacionales, una reivindicación comprensible desde su rol, pero que omite un elemento fundamental: son los clubes quienes sostienen el sistema, quienes pagan los salarios y los que asumen el riesgo de perder a sus jugadores.

Llegados a este punto de la temporada, con los títulos aún por decidir y una plaga de lesiones que afecta prácticamente a todos los equipos, resulta difícil entender según qué discursos. Los parones internacionales rompen dinámicas, cargan de minutos a unos futbolistas ya exigidos al límite y, demasiado a menudo, también dejan a los clubes con bajas sensibles en el momento más determinante del curso. El propio Raphinha es el ejemplo más claro y, ante esto, reclamar más respeto sin mostrar empatía con esta realidad suena, como mínimo, poco acertado.

Las selecciones forman parte de la esencia del fútbol, pero su valor no se impone por decreto. Se construye con contexto, sensibilidad y equilibrio. Si desde los banquillos nacionales se entendiera mejor la situación de los clubes, probablemente también aumentaría la consideración hacia los parones internacionales. El respeto debe ser recíproco.

Lo de Raphinha no es una lesión, es una tragedia

La lesión de Raphinha ha llego en el peor momento posible y vuelve a abrir un debate que llevamos demasiado tiempo arrastrando. No es normal que, a estas alturas de curso, los futbolistas tengan que viajar a la otra punta del mundo para disputar un amistoso. El calendario es insostenible y el Barça paga ahora las consecuencias con la baja de uno de sus jugadores más diferenciales.

Además, este curso, Raphinha ya había acumulado demasiados problemas físicos en la misma zona. Era una situación de riesgo evidente pero si no se hubiera lesionado con Brasil, quizás hubiera vuelto a caer con el Barça. No se le veía del todo cómodo e iba muy al límite en los últimos partidos. Pero sí, por supuesto que es más doloroso perderlo por culpa del virus FIFA.

Lo que no se debe hacer es reprocharle su actitud en el campo al futbolista azulgrana. Raphinha es competitivo, intenso y siempre lo da todo. Es su forma de entender el fútbol. No se le puede pedir que levante el pie del acelerador con la selección cuando tampoco lo hace con el Barça. Precisamente esta actitud es la que le ha convertido en uno de los mejores del mundo. Rapha es así.

Esta lesión es una auténtica tragedia para el Barça y para Flick. El equipo pierde profundidad, desequilibrio y gol en un tramo decisivo del curso y, en especial, en los duelos de Champions ante el Atlético. El maldito virus FIFA ha vuelto a golpear y condicionar la temporada del Barça, una vez más. Ojalá algún día los clubs se planten y digan basta. Es una auténtica broma de mal gusto.