Jordi Cruyff observa un cuadro de Johan Cruyff con una copa en la mano REDES
“Solo no gana nadie”. La frase es de Johan Cruyff, figura inmortal para el barcelonismo y el mundo del fútbol, en general. Nos la dijo en una entrevista hace unos años a Jordi Juan y a este servidor. Ya estaba retirado. Pasaba jornadas en el Muntanyà, donde podía practicar su otro deporte favorito, el golf. Ahí nos habló de lo que siempre buscó en el fútbol: evitar que la mediocridad predominara en los terrenos de juego. Y también dio su opinión sobre la comunidad barcelonista: “En el Barça lo que hay son envidias sin fronteras”. Toda una verdad.
El poder siempre ha sido llamativo, y el Barça es una de esas sociedades catalanas que impone y son muchos los que desean dominarla, apoderarse de ella porque da la posibilidad de mandar y tener mucha influencia. Cruyff dominó y ayudó a que tanto las envidias crecieran como al que cierta parte del barcelonismo se dividiera cuando los ataques fueron lanzados hacia Josep Lluís Núñez, el presidente que se atrevió a ficharlo como entrenador y le puso un equipo de gala.
Cruyff también conoció desde su llegada al Barça todos los puntos dulces y amargos del club. Aconsejó a la afición de que lo más importante era estar orgulloso de la entidad, de que no existían temporadas de transición, sino que siempre había que ganar, incluso llegó a manifestarse en contra de una decisión que su gran amigo, Joan Laporta, quería imponer. Manchar la camiseta con una marca de apuestas. Dijo entonces que el Barcelona tenía que ser la cara de una sociedad con la que se identificaran todos los niños.
Toda su sabiduría prevalece hoy en el barcelonismo. Cambió la mentalidad de todos. Impuso un fútbol atractivo, cautivador, ejemplar. Por eso siempre estará presente en la cabeza de la mayoría de culés, que hoy en día deberían aplicar esa frase: “Solo no gana nadie”. El apoyo de todos es fundamental para el progreso y el éxito del equipo.