Fotomontaje con Xavi Hernández, entrenador del Barça
Estos últimos días seguramente han sido muy duros para Xavi Hernández. Y no me refiero a la avalancha de ataques, insultos y exabruptos que han invadido las redes sociales desde que decidiera posicionarse públicamente con sus declaraciones en La Vanguardia, sino porque la candidatura de Joan Laporta se ha encargado de menospreciar el trabajo de Xavi en el club utilizando a Hansi Flick. No es muy elegante que el presidente recordara todos los días que "el mismo equipo que con Xavi perdía partidos, con Flick los gana".
No son de recibo este tipo de comparaciones porque, para empezar, el técnico alemán lo ha ganado todo como entrenador y se encuentra en la recta final de su carrera, mientras que el exblaugrana acaba, como aquel que dice, prácticamente de empezar, tras entrenar en Al Sadd qatarí y el FC Barcelona. Es evidente que en todas las comparaciones saldrá perdiendo, por lo que se trata de un linchamiento del todo innecesario.
No hace falta entrar tampoco en si Xavi ha estado acertado y dice o no la verdad sobre el caso de Leo Messi, porque aquí la verdad solo la saben tres partes, y por ahora solo se han pronunciado dos. Xavi dijo que Laporta vetó a Messi, el presidente que fue Leo quien se acabó echando para atrás, mientras que el crack argentino aún no ha dicho esta boca es mía, dejando en el limbo la verdad. En todo caso, que finalmente Messi no hiciera ningún gesto durante la semana pasada alimenta aún más las dudas sobre lo que ocurrió en ese 2023, que tenía que ser el de su regreso al Camp Nou, o a Montjuïc en este caso.
Lo que sí ha dejado muy claro estas elecciones es que el peso de Xavi Hernández entre la culerada es superfluo. Sus palabras no acabaron de producir el efecto deseado, como demuestra que Laporta ganó aún con más diferencia que en 2021. Ni tan siquiera su ataque directo a Alejandro Echevarría, una persona con más sombras que luces dentro del club, tuvo suficiente calado entre el aficionado.
Tampoco se trata de señalar a Xavi de oportunista y partidista por hacer unas declaraciones en plena campaña electoral: se ha ganado el derecho de hablar dónde y cuándo quiera. Aquí lo importante es el contenido y no el continente. Otra cosa es que la gente se crea o no sus palabras. Yo, conociendo a Xavi, me las creo, aunque seguramente se trata de su verdad, o al menos lo que percibió durante los años que estuvo en el club.
Xavi seguramente ha cometido muchos errores, pero dudar de su barcelonismo es una herejía. Ha sido criado desde pequeño como un culé hasta las entrañas y vive su club con pasión y exaltación. Puede, incluso, que ese amor por estos colores le haya perjudicado en alguna ocasión en su etapa como entrenador.
Esas ruedas de prensa cargadas de tensión, con reproches a los periodistas y quejas o excusas continuas puede que no le favorecieran. Curiosamente, este descenso a los infiernos, personal y colectivo, coincidió con el aterrizaje de un asesor personal de comunicación, que visto lo visto, parece que le ha acabado haciendo más perjuicio que beneficio.