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Lewandowski celebra uno de sus goles al Newcastle

Lewandowski celebra uno de sus goles al Newcastle EFE

Hablemos del Barça

Esto sí es fútbol, papá

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7-2. Siete a dos. Una goleada de las que resuenan en Europa. Una de esos resultados que es un aviso para navegantes. Cuando este Barça se pone las pilas, es simplemente demoledor.
La segunda mitad fue, sin duda, de las mejores del curso con un fútbol desatado, vertical e imparable que destrozó cualquier resistencia del Newcastle. ¡Bravo! Pero sería un error dejarse llevar únicamente por la euforia.

La primera parte también volvió a mostrar lagunas preocupantes. Desconexiones, fragilidad defensiva y momentos de duda que, ante rivales de mayor entidad, se pagan muy caros. El 7-2 puede maquillarlo todo pero la Champions no permite tantas concesiones.

Y, por encima de todo, hay una realidad inaceptable: las lesiones. Perder a Eric y a Joan Garcia en este punto de la temporada es un golpe durísimo. Uno más. Y es que en la enfermería ya están Koundé, Balde y De Jong, también por problemas musculares. No puede ser. No se puede tolerar. Algo falla. La preparación física es, ahora mismo, un problema mayúsculo.

Sin '9' no hay paraíso

La temporada sigue avanzando a buen ritmo y con buenos resultado para el Barça pero hay una cuestión que empieza a generar inquietud real: el rendimiento de sus delanteros centros. Ni Robert Lewandowski ni Ferran Torres están ofreciendo lo mejor de ellos.


Es cierto que el polaco firmó un doblete ante el Newcastle, pero las sensaciones van por otro lado. Su juego resulta intermitente, lejos de la contundencia y la influencia que le convirtieron en uno de los grandes ‘9’ de Europa.

Y luego está el caso de Ferran Torres. Once partidos sin ver puerta no son una mala racha, son una señal de alarma. Ha vuelto ese delantero estéril, desconectado, incapaz de marcar diferencias en el área.

A estas alturas de la temporada, el Barça necesita recuperar la mejor versión de sus delanteros. Necesita gol, instinto, fiabilidad. Pero cuesta ser optimista. Ojalá llegue la reacción, ojalá despierten. Hoy por hoy, sin embargo, parece más un deseo que una sensación real.

La resaca más dulce de Laporta

Ni Font, ni Ciria, ni Xavi, ni denuncias, ni tampoco Messi... nada ni nadie han podido cambiar los pronósticos iniciales de las elecciones blaugranas. Laporta seguirá siendo el presidente del Barça durante los próximos 5 años. Le pese a quien le pese.

Con lo suyo, con sus ideas, su proyecto y, como muchos dicen, con su forma de gobernar el club como una empresa familiar. Laporta es mucho Laporta. El laportismo gusta y, sobre todo, funciona. Mejor o peor pero funciona en el campo y en los despachos.

Sin tener que esforzarse excesivamente para explicar su proyecto, Laporta ha ganado por inercia pero también por valiente con algunas decisiones que no siempre han sido bien recibidas. El nuevo Camp Nou, la apuesta por la Masia, Flick y Deco, pasar página con Messi y tantas otras cosas. El Laporta más Laporta ganó por goleada. Con hechos, resultados y entrando en el cuerpo a cuerpo con su rival.

Y por cierto, ¿cómo queda ahora Víctor Font y todos aquellos que le han apoyado? La hemeroteca le pasará facturas durante mucho tiempo a más de uno. El papel que han intentado jugar algunos en este período electoral ha rozado el ridículo y no hablo solo de Xavi.