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Laportismo: dícese de una manera desacomplejada y divertida de vivir el barcelonismo.
La definición es de Maria Elena Fort, vicepresidenta azulgrana, en mitad de la fiesta electoral. Y no puede ser más acertada. En unas elecciones generales, la gente vota por su bienestar. Por lo tanto, los electores ejercen su derecho a voto (o deberían) desde la racionalidad.
Sin embargo, en unas elecciones a la presidencia del Barcelona, la gente vota por su felicidad. Por ende, los votantes eligen con el corazón y no con el raciocinio.
Laporta lo sabía. Por ello, apostó por una campaña personalista, con un lema reactivo que activa los instintos primarios del socio culé.
“Defender al Barça contra todo y contra todos” es un eslogan que señala un enemigo externo. ¿Qué más da que la realidad desmienta el mantra? En los últimos meses hemos visto a Laporta defender a Tebas, reunirse con Louzán, pactar con Ceferin y abrazarse a Al Khelaïfi, desechando de golpe cuatro años de la mano de Florentino.
Tras cinco años de trabajo al frente del club, Joan Laporta ha dedicado las semanas de campaña electoral a ensalzar su figura campechana y dicharachera, convirtiendo el momento de los macarrones del Bar Bocata en el símbolo de la victoria.
La metáfora no puede ser más acertada, pues Laporta es como un plato de pasta: gusta a la mayoría, y los que lo rechazan lo hacen más por responsabilidad que por falta de apetito.
Los argumentos para discutir la gestión de Laporta son los acuerdos con empresas extrañas, las comisiones a Darren Dein o la elección de Limak para hacer un campo nuevo. Pecata minuta comparado con la ilusión que despierta el Barça de Hansi Flick o la alegría que supone
tener un campo nuevo a medio construir.
La gente votó felicidad. Y ahí celebró el laportismo: bailando con estilo, cantando con mariachis, puro en mano, con una botella de cava un buen plato de macarrones.
Un respeto a Xavi Hernández
Decir que Font estaba detrás de las declaraciones de Xavi Hernández en La Vanguardia es falso. Xavi llevaba dos años con ganas de explicar su verdad, y afirmar que el candidato está detrás de su entrevista es no tener ni p**a idea.
Si algo tiene Xavi Hernández, además de muchos títulos y la vitola de leyenda del Barcelona, es personalidad. Que el domingo hubiera socios que le abuchearan cuando ejerció su derecho a voto es una muestra de mezquindad y sectarismo.
El Barça es grande porque alberga todas las sensibilidades y opiniones: la de Laporta, la de Echevarría y, sí, también la de la leyenda Xavi Hernández.