La frase de Joan Laporta que más ha extrañado en el momento de dejar la presidencia del Barça, a fin de participar en las próximas elecciones, ha sido la de “hemos salvado el Barça”.

La pregunta surge como un impulso natural: ¿de qué se ha salvado el Barça con Laporta? Porque en la vertiente más delicada y peliaguda, la que puede condicionar su futuro, como es la economía, el club es la viva imagen de la catástrofe.

Al respecto, cabe recordar dos cosas. Laporta dejó el club en 2010 con 47 millones de euros de deudas, al finalizar su primer mandato. De ahí que, en la primera Asamblea del mandato de Rosell, los compromisarios acordaran emprenderle una acción de responsabilidad. Años después, fue el presidente Bartomeu el que decidió no recurrir en casación una sentencia del Supremo, que podía condenar a Laporta y sus directivos a restituir la citada cantidad.

'Forensic'

También cabe recordar que Laporta intentó devolver la pelota, pero, tras encargar un Forensic (investigación al límite), se encontró con el chasco de que Bartomeu había cerrado su mandato con superávit y no podía instarle acción de responsabilidad alguna. En efecto, fueron unos 20 millones de beneficio, sin contar los 350 de perjuicio por culpa del covid-19, no imputables a la gestión, tras 16 meses con todas las instalaciones cerradas.

Pero Laporta entró en el club cual potro desbocado y estoy convencido de que ignoraba las disposiciones de la Liga Profesional (LFP) sobre la economía de sus afiliados, que eran mucho más estrictas que en su primera época.

Surgen los problemas

Por eso, nada más entrar, las veleidades económicas de Laporta a partir de marzo de 2021, pusieron de moda dos conceptos desconocidos para los barcelonistas durante los mandatos de Rosell y Bartomeu, que fueron el Fair Play financiero y la norma del 1:1. O Laporta desconocía la reglamentación interna de la LFP, o se trataba de un temerario de manual, porque nada más comenzar su mandato devaluó todos los activos del club, incluido el valor de la plantilla de futbolistas, y, al mismo tiempo, pidió un crédito de más de 550 millones a Goldman Sachs, lo que se unió a las pérdidas por el Covid. Con ese cóctel de imprudencia supina comenzaron los problemas económicos serios.

El patrimonio neto negativo, que fue la causa hace un año de la multa de 15 millones por parte de la UEFA, lo dejó Bartomeu en positivo (+25 m€), según las auditorías. Entre el covid-19 y la devaluación de activos, pasó a -455 m€ a 30 de junio de 2021. Ahora, han pasado cinco años y la situación sigue irremontable: -152 m€ a 30 de junio de 2025.

Para evitar componendas, como arreglo de partidos, y ventas de patrimonio, la UEFA quiere que sus clubs tengan el patrimonio neto positivo en sus balances. Y si no lo tienen, que cada año rebajen esa negatividad en un 10% como mínimo. Pues bien, en el Barça subió de -134 m€ a los citados -152 m€ en la pasada temporada. Otra sanción de 15 millones, si la UEFA no se apiada, está en puertas. Y así hasta llegar a los 60 m€ de multa, que fue la cantidad inicial. Nunca antes la UEFA había sancionado al Barça por tal motivo. Los agasajos de Laporta hacia el presidente Ceferin no son postureos vanos, ya que rezuman clemencia por todos los poros de su piel.

La aventura de Montjuïc

La situación empeoró en el momento que decidió emprender las obras del Espai Barça. Los 1.450 m€ que costará son una cuenta aparte (sin el nuevo Palau Blaugrana, el pabellón anexo y la pista de hielo, pese a ser aprobados por la asamblea) de la gestión ordinaria. No así, la falta de ingresos suficientes y el aumento de los gastos por el traslado a Montjuïc que se reflejaron en las cuentas con números rojos y obligaron a echar mano de las célebres palancas, que no fueron otra cosa que un maquillaje para fichar jugadores a base de vender patrimonio, lo que fue prohibido por la LFP, puesto que había más clubes que habían emprendido el mismo camino. El capricho de Montjuïc ha costado unos 220 m€.

Ante tal panorama, y por aquello de no ser colaboradores necesarios del desastre, no debe extrañar la incesante huida de cerebros (ejecutivos y directivos) en el apartado económico del club: Jaume Giró, Ferran Reverter, Jordi Llauradó, Eduard Romeu, Àlex Barbany, Ramón Ramírez, Isabel Meléndez, Jordi Camps, etc.

Maquillaje contable

Solo añadir un ejemplo más del desbarajuste económico. Crowe Spain, el último auditor de los cuatro que ha habido en cinco años, certificó casi 17 millones de pérdidas en el ejercicio 2024/25, pero con una maniobra insólita y clamorosa para evitar que las pérdidas fuesen de 107 m€.

La maniobra consistió en manipular el balance de la temporada anterior 2023/24 la cifra de 90 m€, con lo que ésta se cerró con 180 m€ de pérdidas y no los 90 m€ presentados y aprobados por la asamblea, cuyas decisiones son intocables. Pero nadie ha protestado y la estrategia, de dudosa legalidad, ha colado. Las auditorías son testigos del tejemaneje.

Un detalle final. El Spotify Camp Nou comenzó a construirse en 1954, se inauguró en 1957 y se acabó de pagar el 18 de noviembre de 1979. O sea, 25 años después del comienzo. El Nou Camp Nou comenzó a construirse en 2023. No se sabe cuándo se terminará, pero sí se sabe ya que los últimos créditos contratados terminarán de pagarse en 2050. O sea, 27 años después del inicio de las obras. Nuevo récord.

Por suerte, el Barça está “salvado”.