El martes en Albacete, en una noche de Copa que parecía de trámite, el Barça consiguió algo más que la clasificación para las semifinales. Recuperó a Ronald Araujo y eso es incluso más importante que el billete para la siguiente ronda en la competición del KO.
Después de unos meses marcados por las dudas generadas por una extraña sensación de desconexión, Araujo por fin volvió a sentirse futbolista. Contundente en los duelos, atento a las coberturas, liderando la línea defensiva y transmitiendo esa seguridad en el juego aéreo tan suya que se vio recompensada con el gol.
Muchos culés coincidían: “Este es el Araujo que necesitamos”. No solo por rendimiento, sino por presencia, carácter y jerarquía. Porque Araujo no es un central cualquiera; también es un jugador muy querido en el vestuario y que eleva el nivel competitivo del equipo cuando se siente importante.
Y aquí está el quid de la cuestión. Más allá del buen partido en Albacete, el gran reto es volver a hacer sentir a Araujo una pieza clave del proyecto. Que no sea solo un recurso puntual, que entre de manera continuada en el once y en las rotaciones.
El partido de Copa fue un gran paso adelante, pero no definitivo. Ahora, con el paso de los días y los partidos, sabremos si realmente Araujo ha vuelto o si en verano habrá que tomar una decisión dolorosa sobre su futuro.
Sin brillo pero con Lamine
¡Uf! ¡Faltó poco! Sabíamos que el partido contra el Albacete costaría pero quizás no nos imaginábamos que el Barça acabaría sufriendo tanto en el Carlos Belmonte. No fue una victoria brillante ni cómoda, pero sí madura y con oficio y, en la Copa, a veces esto es incluso más importante que jugar bien.
El equipo azulgrana tuvo que trabajar duro ante un rival intenso y sin complejos pero acabó encontrando el premio gracias a la calidad individual de sus jugadores. En este contexto, volvió a destacar el nombre de Lamine Yamal. El joven crack azulgrana sigue en estado de gracia, probablemente en su mejor momento del curso tanto a nivel de juego como a nivel goleador. Desequilibrante y determinante, Lamine se ha convertido en un arma decisiva en los momentos clave independientemente de la competición y el rival.
En definitiva, una vez más el Barça hizo los deberes en la Copa. Los azulgranas también saben sufrir y ya están a solo tres partidos de volver a levantar el título que, históricamente, mejor se les da.
El día de la marmota
La victoria del Barça volvió a dejar al descubierto una asignatura pendiente que empieza a ser recurrente en los últimos partidos, la eficacia.
De momento no hay que encender las alarma pero resulta sorprendente ver cómo uno de los equipos más goleadores de Europa se ha atascado en la definición en más de una ocasión ya en tan poco tiempo. De no haber sido por ello, habríamos visto una goleada de escándalo en el Martínez Valero.
Otro tipo de escándalo se vio en el Bernabéu. En Madrid, el relato es muy diferente. Los de Arbeloa superaron al Rayo Vallecano entre silbidos, con muy poco fútbol y nuevas polémicas arbitrales que vuelven a salpicar a los blancos. Un penalti muy justito y más de nueve minutos de añadido rescataron al Real Madrid de una mala tarde. Los de Arbeloa transmiten cada vez más dudas y evocan viejas sensaciones del pasado. El equipo tiene un evidente problema de juego y de discurso futbolístico, pero también una capacidad histórica para sobrevivir en el caos.
Pasan las jornadas y avanza la temporada y, fiel a su estilo de siempre, el Real Madrid sigue más vivo que nunca en la lucha por el título de Liga.
