La excusa de que jugar contra el último resulta igual de difícil que un partido de octavos de la Copa del Rey es injustificable. La excusa de no tener a Pedri para crear ideas, también. Y la excusa que falta reforzar la defensa, otra a sumar. Es evidente que Hansi Flick va justo de ideas en la defensa y ya lastra los problemas que se ponen de relieve con cualquier equipo. Ahora mismo, todo el mundo que se enfrenta a este Barça se cree con la capacidad de liderar, aunque sean 45 minutos, y dejar en ridículo a un equipo que, teóricamente, aspira a todo.
Insisto una vez más: esta Liga esconde todas las vergüenzas porque el nivel es justísimo. Y porque Dani Olmo, cuando sus lesiones le permiten, sale al rescate desde la profesionalidad que otros no tienen.
Si es bien cierto que Flick no tiene ideas, también lo es que se constata cómo los jugadores van faltados de compromiso. Todos menos Olmo, obviamente. La falta de concentración con la que salen no es propia de jugadores profesionales catapultados a estrellas del rock del siglo XXI. Pero, lamentablemente, esto también es culpa de Flick. Debe espabilarlos y dar con la tecla. Y lo debe hacer él solito, sin ayudas ni enchufar a externos que le hagan el trabajo sucio.
Un detalle, como mínimo, curioso. ¿Cuánto tiempo hace que no nos enteramos de una de sus broncas hacia un jugador? ¿Cuánto tiempo hace que no castiga a nadie por llegar, teóricamente, tarde a un entreno? Ya os digo que la impuntualidad ha seguido siendo la tónica de algunos jugadores actuales. La diferencia es que, con estos, ahora Flick no se atreve. Un Iñaki Peña de turno sí, un Lamine Yamal ya es cosa seria. Con castigos o sin ellos, Flick debe convencer dentro y fuera del vestuario y, por mucho que algunos no den la talla, la responsabilidad tiene una única dirección.
