El Barça ha convocado elecciones para el próximo 15 de marzo y la campaña electoral, hasta ahora subterránea, ya se hace a calzón quitado. Los opositores no han podido llegar a un acuerdo de unidad. Los partidarios de juntar las diferentes candidaturas contrarias a Laporta acusan a Font de no poner de su parte y, finalmente, la oposición irá separada: Marc Ciria, Víctor Font y Xavi Vilajoana ya han confirmado que cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Vienen dos meses de ataques y contraataques. Son días de trazar estrategias, solicitar debates, mandar e-mails encriptados con información sensible (a veces exhaustiva y otras veces poco acreditada). Se organizarán actos electorales diarios y aflorarán cuentas de dudosa procedencia en las redes sociales. Pero antes de que el ruido y la guerra verbal inunden la esfera pública, toca echar la vista atrás y evaluar el mandato de Laporta.
El segundo periplo del abogado en los despachos de Aristide Maillol arrancó con la herida más profunda de la historia del Barcelona: la marcha de Messi. Todavía duele ver al argentino entrando a oscuras y a hurtadillas en el Camp Nou para mandar un mensaje al presidente: esta es mi casa y entro cuando me da la gana.
Tras el adiós de Messi, Laporta abrazó la Superliga y a Florentino Pérez, se convirtió en enemigo íntimo de Tebas y quedó orillado y colgado del brazo de su eterno rival en el ecosistema del fútbol.
A partir de esa brecha, el de Laporta fue un mandato dedicado a coser. Cosió la economía moribunda del club a base de palancas —algunas salieron de AliExpress—. Remendó el ocaso futbolístico del post-Messi con Xavi y Lewandowski primero, y con Flick, Lamine Yamal y la Masía después. Ha ganado dos Copas del Rey, dos Ligas y tres Supercopas de España y le ha comido la tostada al Real Madrid, que ha pasado de ganar la Champions a recibir goleadas constantes y fulminar a dos entrenadores como Ancelotti o Xabi Alonso. La apuesta desacomplejada por la Masía ha sido una constante en el Barça de Laporta y el equipo ha renacido de sus cenizas gracias a los locos bajitos que salen de la mejor escuela de fútbol del mundo.
En lo institucional, suturó las relaciones institucionales con la UEFA, reuniéndose con Ceferín para firmar la paz. Y se alió con Javier Tebas para darle la patada a Florentino y a la Superliga, asumiendo una guerra cruda con el ser superior, que recurre regularmente a Negreira, el as bajo la manga de su brazo armado: Real Madrid TV.
El mandato de Laporta se ha basado en un constante giro de guion, también en el ámbito social, cuando declaró la guerra a los grupos de la Grada de Animación. Dos años después, pelillos a la mar. Los grupos montarán de nuevo la grada sin pagar la multa que les reclamaban.
Durante el tiempo de Laporta se han firmado contratos históricos como el de Spotify. El de la plataforma de música es el único acuerdo en la Europa occidental que te permite asociarte a estrellas mediáticas como los Rolling Stones, Coldplay o Rosalía y, además, te pagan por ello. Un éxito inédito entre los patrocinios deportivos.
También se renovó el acuerdo con NIKE, que ha doblado su inversión en el Barcelona, a pesar de que la multinacional americana tenía un contrato blindado hasta 2028 por menos de 60 millones anuales.
En ambos pactos participó como intermediario el empresario Darren Dein. En el primero se trata de una comisión justificada. El Barça tiene un patrocinio único y él fue el artífice de que se llevara a cabo. En el segundo, su participación provocó la dimisión del directivo de marketing, Juli Guiu. Es difícilmente digerible pagar 50 millones por intermediar con tu socio principal durante los últimos 30 años.
Los ingresos por patrocinios del Barça están en cotas máximas y a la filial de ropa, BLM, que muchos consideran la gallina de los huevos de oro del club, se le ha despejado el camino para incrementar los beneficios. Sin embargo, Barça Studios, que debía salir a la bolsa americana, ha sido un fracaso estrepitoso.
La clave del mandato ha sido la remodelación integral del Camp Nou. Con más de un año de retraso, el Barça vuelve a jugar en un campo que inaugurará el presidente que salga elegido de los próximos comicios. La elección de la empresa turca y descabalgar a los arquitectos que idearon el proyecto levantaron ampollas en las principales constructoras del país y entre los arquitectos de la ciudad de Gaudí. Otro gran hito del mandato fue la celebración del 125 aniversario, a la que faltaron las grandes figuras de la historia del club pero en la que nació Cat, una mascota que ha traspasado fronteras.
En definitiva, en la radiografía de los cinco años de mandato de Laporta hay un debe principal: el aspecto social, descuidado como nunca en el club. Existe una herida profunda y de difícil sanación: el adiós y la relación con Messi. Las polémicas y el ajetreo han dominado el club por momentos. ¿Cómo olvidar la vergüenza de Negreira o el esperpento de la inscripción de Dani Olmo y Pau Víctor? Pero Laporta ha recuperado un club en coma, lo ha sacado adelante y es innegable que ahora mismo está mucho mejor de lo que lo dejó Bartomeu a nivel económico, deportivo y reputacional.
