La exhibición de Raphinha en Arabia Saudí certifica una realidad que costaba de creer hace unos meses. A pesar del gran talento que atesoran Pedri y Lamine Yamal, cada vez queda más claro que el alma de este Barça tiene sangre brasileña. Pero no la de la samba que tan bien conocieron los culés de la mano de genios como Romario y Ronaldinho, sino la sangre de la casta, el coraje, el esfuerzo, la valentía, el sacrificio... el nunca bajar los brazos, el no perdonar un sprint y el seguir insistiendo hasta marcar, aunque en ocasiones sea más por fe que por talento.
Esa fe que demuestra Raphinha le convierte en el nuevo Dios del barcelonismo. Nada que ver con Leo Messi, no se trata de comparar talento, se trata de poner en valor esos intangibles que tan bien simbolizaba, por ejemplo, Carles Puyol. Ahora mismo el crack brasileño, con libertad absoluta por parte de Hansi Flick para moverse a placer por todo el campo, es capaz de eclipsar a Lamine Yamal, que no encuentra el nivel de magia que exhibió la temporada pasada. Raphinha es el alma culé y sin su presencia sería del todo imposible explicar la victoria del Barça sobre el Real Madrid en la Supercopa.
Aunque no es el único que ayuda a explicar un triunfo que parecía obvio en el primer tiempo pero que generó enormes dudas a lo largo de la segunda mitad. Como Dios, Raphinha necesita a su Jesucristo, y ese no es otro que Joan García, el protector del equipo que aparece cuando todo parece perdido y da sosiego tanto a jugadores como a todos los aficionados.
Jesucristo García, en una analogía que sirve de homenaje al mítico Robe Iniesta --fallecido el pasado 10 de diciembre tras ilustrar a decenas de generaciones durante más de 40 años con la poesía urbana que daba una trangresora voz a sus brillantes composiciones con Extremoduro, primero, y luego en solitario-- aunque su papel no tenga absolutamente nada que ver con el contenido de la canción que lleva ese nombre, templó el pulso del barcelonismo cuando el frenetismo se apoderaba de todos. El Real Madrid no se lo puso excesivamente difícil, pero en los minutos finales detuvo dos balones que iban a portería. También paró los pies a Vinicius, que amenazó con hacer renacer su mejor fútbol ante el Barça.
Raphinha es Dios y Joan, Jesucristo (García), pero obviamente hay que hacer mención especial a Pedri --que regaló destellos de genio y se dejó la piel en defensa-- porque siempre brilla. También a Frenkie de Jong, mucho más combativo de lo habitual, aunque terminó expulsado. Lewandowski, Fermín, Éric, Koundé, Balde, Cubarsí --aunque no tuvo su mejor día-- y el propio Lamine, entre muchos otros nombres, componen este gran equipo que jamás se rinde. Y, obviamente, no podemos olvidarnos de Hansi Flick, gran artífice de la transformación que ha experimentado el Barça en el último año y medio.
Hace precisamente un año, también ante el Real Madrid, el equipo azulgrana dio un salto de calidad y moral que le llevó a coronarse con tres títulos. Solo quedó la espinita de la Champions, pero nadie olvida la exhibición que ofrecieron en Milán, a pesar de la derrota final. Este año, el Madrid esperaba dar la sorpresa y cambiar esa inercia a costa del Barça en Arabia, pero los de Flick resistieron las embestidas y demostraron quién es el mejor. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén.
