El FC Barcelona es y ha sido un club tan volcánico como ciclotímico. Un club lastrado por sus egos y sus luchas internas. En uno de los peores momentos de su historia, Joan Laporta ganó por goleada en las elecciones de 2021 y su gestión ha tenido muchos contrastes. Más allá de ser el único presidente que ha ganado dos Champions, las dos últimas Ligas avalan su revolución. Más dudas suscita su gestión económica y vergonzosas son algunas comisiones que ha pagado a intermediarios amigos.

Laporta todavía no ha desvelado la fecha de las próximas elecciones. Ha insinuado que, posiblemente, serán en abril. Cree que lo tiene todo atado y bien atado. Si el equipo de fútbol mantiene la actual dinámica, será reelegido por los socios. Está en manos de Flick, su carta ganadora, desde que el técnico alemán condicionó su futuro en el Barça al de Jan.

El máximo dirigente presumirá de haber sido valiente al asumir el mando del club en un momento crítico. También alardeará de ser el presidente que ha transformado el Camp Nou con una reforma tan necesaria como ambiciosa y replicará a quienes cuestionen que las obras llevan un año de retraso. Tampoco parecen importarle las críticas a Limak.

Laporta se siente fuerte en el cuerpo a cuerpo. Su oratoria atrapa a los socios, que deben juzgar su mandato. El veto a la Grada d'Animació puede pasarle factura y también, el caso Reus. Y los recortes en las secciones profesionales. De momento, la oposición insiste en cuestionar su política económica y la desafección de una gran parte de la masa social. Víctor Font, Xavier Vilajoana y Marc Ciria ya han desvelado sus planes. Cuantos más candidatos, mejor para Laporta.

El Barça ya no es el club con más socios de España. El Atlético tiene más. Y de los 80.000 abonados que tiene, solo 26.800 retiraron su carnet para el curso actual. El socio, aunque Laporta diga lo contrario, cada vez tiene menos poder. El actual presidente proyecta un Camp Nou con muchos palcos y asientos Vip. Prefiere al turista dispuesto a pagar mucho dinero por una entrada que al abonado de toda la vida. En las urnas, el socio tendrá la última palabra.