Lamine Yamal es, hoy, el mejor futbolista del mundo. No lo tuvo nada fácil para llegar a la cima. Su infancia fue muy complicada. De hecho, a pesar de que mucha gente no lo sabe, ese es su nombre y Nasraoui Ebana sus apellidos. Mounir, su padre, escogió Lamine Yamal en honor a los dos amigos que le acogieron cuando no tenía un techo.
En el documental Revolució 304, el propio futbolista recordaba sus primeros años de vida y cómo empezó a jugar a fútbol en Rocafonda. Lo hizo en el polideportivo del barrio de Mataró. El pequeño Lamine se compraba "un helado de 10 céntimos" y de cuatro de la tarde jugaba hasta que ya no se veía el balón, tal y como ha recogido el Sport.
La separación de sus padres
Eso sí, el ahora extremo del Barça comprendió lo que era un equipo en el humilde club de La Torreta, el barrio de Granollers más cercano al lugar dónde trabajaba su madre, Sheila Ebana. Rafa Martínez, presidente del equipo de 2012 a 2017 explicó que empezó a jugar cuando "sus padres aún no estaban separados". Después, fue todo más complicado.
Rocafonda, el barrio donde creció Lamine Yamal
"Los padres no tenían coche, así que lo iba a buscar y siempre lo cogía y lo llevaba hacia el partidos", comentó el exdirectivo de La Torreta. Poco a poco, Lamine Yamal se fue integrando y entendiendo el fútbol como un deporte de equipo. "En los primeros entrenamientos no sabía hacer nada, ya que solo sabía jugar partidos", recordaba el propio futbolista catalán.
Lamine Yamal escoge al Barça
Con el fútbol, Lamine Yamal se evadía de todo. "Este chaval con un balón en los pies era el más feliz del mundo", recordaba Martínez. Por suerte, el chico siempre estuvo "protegido por unas herramientas que tiene nuestra sociedad para ayudar a una familia cuando lo necesita".
Mounir Nasraoui y Lamine Yamal, en su casa en Rocafonda
Después llegó el Barça. El RCD Espanyol ya le había enviado una solicitud a La Torreta, pero Lamine Yamal quería jugar en la Masía. Isidre Gil fue el ojeador que captó al joven talento de Rocafonda. "Lamine entrenó ese día con el benjamín A, Y el comentario del coordinar fue: 'Parecía que estaba en La Torreta, no lo paraba ni Dios'".
El resto es historia
Al principio, Lamine Yamal tenía que coger el tren para ir a entrenar con el Barça, como todo chico catalán. Después, el club hizo una excepción y le acogió en la Masía. La familia lo aceptó. Sabía que era lo mejor para su educación. El resto es historia.
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