Se intentó, pero no se pudo. Antoine Griezmann fue anunciado este viernes como nuevo jugador del FC Barcelona tras semanas de espera y negociaciones con el Atlético de Madrid. Con un precio fijado, después de que el 1 de julio el jugador pasara de valer 200 millones de euros a 120, el club catalán intentó llegar a un acuerdo con la entidad rojiblanca para abordar distintas formas de pago, pero la negativa de Enrique Cerezo obligó a la entidad catalana, una vez más, a recurrir a la cláusula para fichar a un jugador. 

120 millones y un traspaso que se conocía por todos, pero que solo faltaba oficializar. Llega un verano más tarde de lo esperado tras su negativa final en verano de 2018, pero el Barça por fin se hace con uno de los delanteros más codiciados del planeta fútbol y una de las obsesiones de la junta así como una petición expresa de Ernesto Valverde

Obligados

Pese a la voluntad de la entidad azulgrana de llegar a un acuerdo, Griezmann se suma a la lista de fichajes por los que el Barça se vio obligado a recurrir a los precios impuestos en los contratos de los jugadores. Las cláusulas de rescisión acordadas y que ahora imposibilitan el fichaje del francés. Como jugador azulgrana tendrá un precio prohibitivo de 800 millones de euros.

Pero antes de la firma de su contrato, que se producirá este domingo en el Camp Nou, Antoine se suma a otros tres jugadores que llegaron a la capital catalana a golpe de talonario desde que en 1985 la Liga implanta este sistema. El último fue una de los descubrimientos de la temporada pasada, Clément Lenglet, quien llegó como suplente de Umtiti y acabó siendo el central titular dada la indisponibilidad de su compatriota. 

La negativa del Sevilla por deshacerse de su zaguero titular obligó a Bartomeu a abonar los 35 millones de euros que estipulaba su contrato. Dos franceses en dos veranos consecutivos que comparten lista con Rivaldo y Keita. 

Una década después

Desde el verano pasado, el Barça siempre había llegado a acuerdos en las negociaciones y hay que retroceder más de una década para encontrar una situación similar. En 2008, tras conseguir el traspaso de Dani Alves, también procedente del Sevilla por 32 millones de euros, el Barça decidió ejecutar los 14 millones de la cláusula de Keita, otro gran acierto de la dirección deportiva y un jugador que se convertiría en clave en el esquema de Pep Guardiola. Antes de Keita, y quien abrió ese modus operandi que tan poco gusta en las oficinas del Camp Nou, fue la leyenda brasileña Rivaldo. 

Louis Van Gaal solicitó su fichaje un día antes de empezar la Liga y la entidad blaugrana envió un fax a la RFEF el 15 de agosto de 1997 en el que confirmaba el pago de los 4.000 millones de pesetas ahora 24 millones de euros, por el delantero brasileó propiedad del Deportivo.