"Hugo dejó de jugar al fútbol por que le dolía, comenzó a cojear. Un día llegué a casa y me lo encontré llorando de dolor, entonces fuimos corriendo al hospital". Así relata Montse, la madre, el sufrimiento que vivió su hijo a causa de un sarcoma. Claro que por entonces no tenía idea de qué se trataba.

Lo que parecía un simple bulto en el glúteo, derivó en una dolorosa cojera y tras acudir al médico le dieron la mala noticia: era un tumor de 25 centímetros, un "sarcoma en el glúteo derecho". Era finales de 2020. Su hijo tenía entonces 16 años.

Problemas

Tras buscar dónde poder someterse al tratamiento, optaron por el Hospital Virgen del Rocío de SevillaSevilla al que viajaban desde Mérida en coche. "Después de 32 sesiones de quimioterapia nos dan la noticia de que la cirugía es demasiado invasiva y que no podían operar el sarcoma de mi hijo", lamenta el padre, Pedro, al diario El Mundo.

Su sarcoma sinovial era "atípico" y más en una persona de la edad de Hugo, además había hecho metástasis en el pulmón y el tamaño del tumor complicó mucho su extirpación porque por esa zona pasan muchos vasos y estructuras importantes. " Nos estábamos jugando su movilidad", asevera el cirujano al medio.

Optimismo y esperanza

La noticia dejó a los padres "en shock" pero confiaron en la medicina y, por suerte, el adolescente "supo encajar bien el diagnóstico, no sacó rebeldía, como pensamos. Es cierto que se expresó poco, pero siempre ha sabido sacar fuerzas para afrontar la situación como iba viniendo", asegura su madre.

Todos sacaron fuerzas como pudieron y tras diversas intervenciones quirúrgicas, decenas de sesiones de quimioterapia y el apoyo de la protonterapia, ahora Hugo está libre. Los médicos apuestan por la cautela porque "es demasiado pronto para decir que lo ha superado", pero se muestran confiados. Por ahora, Hugo acude cada tres meses a sus revisiones y, por fin, puede volver a jugar al fútbol.