Diez años ha tenido que esperar la familia de Óscar Pinoso para que la justicia determine que su hijo, de tan sólo tres años falleció a causa de una negligencia médica.

El menor fallecía en 2011 después de 26 visitas al médico en las que al principio no le diagnosticaron nada pese a mostrar cierta desnutrición y anomalía en el desarrollo y el crecimiento. Finalmente, tras acudir a la sanidad privada le diagnosticaron un cáncer terminal. Ningún tratamiento fue efectivo y falleció.

Por lo penal

Desde un primer momento, la familia de la víctima denunció “a las pediatras por la vía penal tras una continuada mala praxis durante un año con 26 visitas”. Pero hubo varios problemas.

Óscar tuvo vómitos durante meses y otros síntomas. Hasta que no llegó al Hospital del Perpetuo Socorro, deshidratado y desnutrido. “Le diagnosticaron una masa tumoral en el cuello palpable de cuatro centímetros. No nos dijeron nada más y nos remitieron a la Seguridad Social por falta de medios” relataba la madre en los tribunales.

Varios diagnósticos

Donde lo trataron finalmente fue en el Hospital General de Alicante. Le diagnosticaron un tumor rabdoide extrarrenal y lo sometieron a distintos tratamientos dada la gravedad y letalidad de la enfermedad.

Durante un año que duraron las terapias la familia se desplazaba de Albacete a Alicante. Pasado un año, el pequeño fallecía. Y allí llegaron las demandas judiciales.

Peritos

Primero, declaró un pediatra de la familia que repartió culpas. Acuso a médicos y a la propia de madre de no ver nada antes de que se le detectara el tumor. La progenitora, Virtudes Gómez, luchó para encontrar un perito pediátrico.

Un oncólogo y el pediatra observaron de nuevo las pruebas y confirmaron que Óscar si padecía cáncer, pero la sintomatología y otras pruebas determinaron que se trataba de uno distinto al que se le diagnosticó.

Pruebas de ADN

Mientras, los padres analizaron el ADN de Óscar para ver si su hermano tenía riesgos de padecer la misma enfermedad. La sorpresa llegó al descubrir lo que diagnosticaron los péritos, se le diagnosticó un cáncer equivocado.

El juez responsable del caso requirió esta analítica. El problema fue que no se aceptaron en el caso por “romper la cadena de custodia”. No fueron las únicas, han desechado otras tres pruebas.

Sentencia

Ante esta situación y la denuncia pública del caso, la plataforma Sanidad y Justicia se unió al caso como acusación particular, para evitar que prescribiera y demostrar la negligencia. "Óscar solo tenía 3 años. Un cáncer con diagnóstico erróneo acabo con su vida. Si se lo hubieran diagnosticado correctamente desde el principio ¡posiblemente estaría vivo!", argumentan.

La batalla, 10 años después, ha surgido efecto. Una juez de Alicante ha imputado al equipo médico que trató al niño de cáncer tras concluir los peritos que el tratamiento era para otro tipo de tumor.