Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
La bailarina Rebecca Storani / CEDIDA

Rebecca Storani, bailarina: "Se cree que el ballet es para la élite, pero es accesible para todos"

La italiana interpreta el papel de Kitri en 'Don Quijote', con el Ballet de Catalunya, este fin de semana en el Teatro Apolo de Barcelona

11 min

Rebecca Storani es una de las bailarinas del Ballet de Catalunya que más han bailado por el mundo. Se formó en las escuelas de ballet de su Italia natal, pero ha sido en la compañía catalana donde ha tenido sus primeros papeles como bailarina profesional. 

Tanto ella como Kimin Kin, estrella del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, eran los invitados especiales para protagonizar la obra de Don Quijote que se estrena este fin de semana en el Teatro Apolo. Sin embargo, el bailarín no ha podido volar hasta Barcelona​ debido al conflicto entre Ucrania y Rusia que lo retiene en el país.

Nueva adaptación del Quijote

Esta versión que han adaptado Elías García y Larissa Lezhnina sobre el montaje original de Marius Petipá narra la historia de amor entre Kitri y Basilio. Ante la ausencia de Kin, será Adam Ashcroft, el bailarín principal, el que protagonice la obra, mientras que Storani lo hará como la joven de la que se enamora. 

La italiana se meterá en la piel de Kitri este sábado y domingo para el público catalán, uno que asegura que la ha acogido de maravilla. La joven explica en una conversación con Crónica Directo que ya ha tenido la oportunidad de bailar en el Liceo, pero que esta función en el Apolo podrá acercar el ballet a todo tipo de público.

--Pregunta: ¿Cómo ha afectado la baja de Kimin Kim a la función? 

--Respuesta: Él tendría que haber llegado el miércoles y hubiéramos ensayado jueves y viernes, pero no ha podido ser. Tengo ganas de estrenar ya el baile, pero a la vez estoy un poco triste por todo lo que está pasando. Es difícil actuar porque tengo el corazón roto por todo el conflicto y, sobre todo, por Kim, que tenía que venir y se puso a llorar porque no podía llegar y por la situación tan difícil que están viviendo. 

La bailarina Rebecca Storani / CEDIDA
La bailarina Rebecca Storani / CEDIDA

--¿Cómo se siente con el papel de Kitri?

--Fue uno de mis primeros papeles principales. Este es un papel especial para mí, porque desde pequeña siempre había soñado con interpretar a Kitri. Es por eso que me siento muy bien haciendo este papel.

--Ella es una figura muy reivindicativa para su época. 

--Es muy divertida, siempre está jugando con los hombres… Pero el cambio que hace Kitri a Dulcinea en el segundo acto, en el que pasa de ser una paisana a la princesa del sueño del Quijote, es muy rápido y difícil para mí. Todavía es algo en lo que me tengo que concentrar mucho, porque le tengo que dar un sentido diferente. Pero en general me siento muy a gusto con ella. 

--¿Se siente identificada con ella? 

--Sí, mucho. Es uno de los ballets en los que me siento mejor en el escenario. Yo estudié el Quijote en la escuela, en la asignatura de Literatura Española, y llevarlo a mi trabajo después ha sido algo impresionante. 

--En esta obra no solo baila el ballet clásico, sino que también tiene toques de flamenco. 

--Sí, lo mezcla todo. Han querido llevar el Quijote aún más cerca de los catalanes y los españoles. No se han centrado solo en el ballet, sino que lo han acercado más al público con la voz del actor que narra la historia, las bailarinas de flamenco, las castañuelas…  

--¿Cómo se siente cuando baila? 

--Es una pregunta bastante difícil de responder [ríe]. Me hace respirar, me siento viva en el escenario, me libero y soy yo misma haciendo el papel. Es una emoción tan grande que no se puede explicar. Cuando termino estoy tan cansada pero tan feliz al mismo tiempo que son demasiadas emociones que gestionar, pero al final es una recompensa enorme. 

--¿Qué es lo que más valora al terminar?

--Cuando suenan los aplausos, eso es lo más reconfortante de todo, porque sabes que has hecho un buen trabajo y que tu papel ha llegado al público. Eso es lo máximo: hacer llegar tu personaje y tu historia al público es mi intención y espero hacerlo en los próximos días. 

--¿Cómo le ha recibido el público catalán? 

--Muy bien. Ya me conocían, porque ya trabajé aquí antes, pero me sigue pareciendo increíble decir que soy Rebecca Storani en cualquier sitio de Cataluña y que todos se quedan locos [ríe]. Esto me llega al alma. Pero a mí me encanta el público catalán: es muy caluroso, al final todo el mundo se levanta y aplaude con muchas ganas de ver más, y eso es lo mejor. 

--¿Cómo fueron sus inicios en el ballet? 

--Empecé a los 3 años en la escuela de mi ciudad, pero siempre que ponían música, yo me ponía a bailar, así que mi madre me apuntó a una escuela de baile y no quería salir de allí; incluso lloraba por quedarme y bailar. Mi profesor me llevó a Roma, a la Academia Nacional de Danza, y allí lo estudié profesionalmente. 

--Después viajó por todo el mundo con el ballet.

--Sí, ya a los 18 años empecé a trabajar de esto en diferentes países: Ámsterdam, Portugal, España… Estoy muy agradecida de lo que he vivido y de momento no tengo intención de dejarlo, pero sí que me lo he tenido que pensar seriamente porque tuve un problema en la espalda

--¿Qué le pasó?

--Fue muy duro porque los médicos no me encontraban el problema y eso me ha hecho estar apartada del ballet durante un año y medio. Entre que no sabía lo que me pasaba y el Covid, psicológicamente estaba fatal. Pero, al final, con mi fuerza de voluntad, decidí seguir hacia delante. Sí que es verdad que ahora la espalda no es la de antes, tengo algunos dolores, pero voy aguantando. 

La bailarina Rebecca Storani / CEDIDA
La bailarina Rebecca Storani / CEDIDA

--¿El coronavirus ha afectado a su sector?

--Sí, ha hecho mucho daño, porque antes íbamos al teatro sin miedo, pero con esto ha habido momentos en los que las salas estaban al 50% y eso ha sido horrible para nosotros. Al final, lo que esperas más son los aplausos finales y como había poca gente entre el público, eso nos mataba después de tanto trabajo y comparándolo con antes, que estaba todo lleno. 

--¿Cómo cree que la sociedad percibe el ballet? 

--La gente lo concibe como algo de la élite. Realmente empezó así, porque solamente los ricos podían ir. Pero ahora ya no es así y es una pena que la gente lo siga pensando porque se debería acercar a todas las personas, incluso a los niños pequeños. Debería ser más abierto para todas las edades y tipos de personas.

--¿Cómo cree que se podría hacer más accesible para todos los públicos?

--Es difícil, pero el teatro tiene que entrar en la cultura de la gente. La gente no piensa "el domingo me voy al teatro", sino que prefieren ir al cine, a dar un paseo por el parque… pero el teatro tendría que entrar dentro de esos planes. 

--No es algo que esté tan interiorizado en nuestra cultura. 

--La gente puede pensar que está infravalorado o apartado, pero no entiendo la diferenciación que hace la gente entre ir al teatro a ver una obra e ir a ver un ballet. Al final, es un espectáculo muy completo: tiene música, baile, diálogos a veces, explica una historia… Lo incluye todo. 

--Los precios también tienen mucho que ver: antes el ballet se hacía en el Liceo, donde las entradas eran más caras, y ahora se hace en teatros como el Apolo más accesibles para todo el mundo. 

--Este tipo de iniciativas ayudan a que la gente se sienta más cercana al ballet porque al final es para todo el mundo. La compañía del Ballet de Catalunya intenta llevar el ballet a todos los rincones: hemos bailado en Tortosa, en Madrid, en teatros pequeños… vamos cerca de la gente y los pueblos, y eso lo agradecen.