Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
La actriz Mar Regueras / MOISÉS FERNÁNDEZ ACOSTA

Mar Regueras: “Hoy es imposible ganarse el pan siendo actriz, salvo que estés en el candelero”

La intérprete regresa a los escenarios tras diez años dedicada a otros trabajos a falta de que sonara el teléfono

14 min

Mar Regueras (Barcelona, 1970) es una mujer polifacética. Se define como actriz, pero la situación laboral no siempre permite dedicarse a ello y ha hecho de su capa un sayo y se ha “reinventado”. Ha sido gestora inmobiliaria, ha tenido un espacio de entrevistas en Instagram cada domingo y actualmente trabaja en una notaría, tiene un programa de radio y, de nuevo, se sube a los escenarios.

La obra que le ha hecho regresar es El último baile de Miss U., una pieza de Ángel Caballero que se inspira en los últimos años de una mítica actriz española, Amparo Muñoz. Revelación en España cuando fue elegida Miss Universo --el título refleja cómo la conocían en el mundillo--, tuvo que pelear con uñas y dientes para ser reconocida como intérprete.

Salir adelante

Ni Regueras ni Muñoz lo han tenido fácil. Ambas han vivido lo que supone que el teléfono no suene. Ambas han tenido que reivindicar que, aunque se dediquen a otros menesteres porque “hay que salir adelante”, eran y son actrices. Por eso, Mar se emocionó al leer la obra y no dudó en volver a pisar las tablas.

No ha sido fácil, el miedo se impuso en un primer momento, pero su empeño, demostrado a lo largo de los años, le ha hecho seguir. Tras unos pequeños bolos por España, el montaje llega al Teatro Pavón de Madrid tres viernes de marzo y el último sábado del mes de la mujer. Crónica Directo charla con ella para conocer cómo ha sido esta nueva aventura y enviar un mensaje de esperanza a las mujeres.

Cartel de 'El último baile de Miss U.'
Cartel de 'El último baile de Miss U.'

--Pregunta: ¿Conoció a Amparo Muñoz?

--Respuesta: No la conocí muy cercanamente. Tal vez una o dos veces en algún evento o estreno.

--¿La ha conocido más ahora que ha hecho la obra?

--La obra no es la vida de Amparo Muñoz, sino que está inspirada en ella, porque algunas de las cosas que se cuentan en la ficción fueron contadas por ella al autor, pero no todo sale. Algunas cosas de las que suceden también me han pasado a mí, como estar unos diez años sin trabajar.

--El hecho de que usted, por ejemplo, haya pasado por esos parones o incluso haya podido vivir ciertas cosas ¿ha hecho más fácil o difícil ponerse en el papel?

--Es muy difícil cuando uno tiene a alguien muy presente enfrentarse a él, como me pasó con la baronesa Thyssen, también. Es complicado por esa razón y porque después de casi una década sin subirme a los escenarios, me ha supuesto un reto personal y muchas inseguridades. Cuando empezaron los ensayos, llegué a tener vergüenza, pensé que no lo podría hacer, después de tantos años. Luego pensé: ¡una leche! Yo esto lo voy a hacer por mis ovarios y superar el miedo. Incluso llamé a alguna compañera para explicarle lo que me pasaba. Tenía unos miedos… Me costó aprenderme los textos. Pero es como quien vuelve al gimnasio después de mucho tiempo. El tiempo, por eso, tiene memoria y lo haces.

--Habla de una década sin trabajo. No todos los actores se atreven a contarlo. ¿Cómo se vive eso?

--He estado trabajando en otras cosas. Diez años dan para mucho y pensar qué ha pasado, qué has hecho, si alguien habla mal de ti… pero lo que quiero transmitir no es más que un mensaje de esperanza para cualquier mujer que se reinventa en el mundo laboral. Hay que seguir. También tengo mis días de bajón y, pese a que es muy difícil, si uno lo intenta y se reinventa, sale adelante. He trabajado en el sector inmobiliario y la gente pensaba que había dejado mi carrera profesional. ¿Qué tiene que ver eso? Yo puedo tener un negocio inmobiliario o un bar o lo que sea. Son negocios que no chocan entre sí. ¿No dicen eso de que no se pueden poner todos los huevos en la misma cesta? Hay cierta gente maliciosa que dice que te has retirado y hay que tener en cuenta qué se dice. A veces, un comentario malintencionado o no puede perjudicar a alguien el resto de su vida, algo de lo que también habla la obra y que hace recapacitar al espectador. Las palabras, según cómo se dicen, pueden perjudicar gravemente la carrera de una persona.

Mar Regueras en escena / DARÍO ORTEGA
Mar Regueras, en escena / DARÍO ORTEGA

--El montaje habla también de otros momentos como la soledad de la actriz.

--Sí, por eso cuando leí la función me sentí interpelada. No es mi caso el tema que le sucede al personaje cuando cae en el alcohol y las drogas, pero sí el sentir que estás sola, en tu casa, que no suena el teléfono. Eso sí lo he vivido en mis propias carnes y ver cómo me reinvento para salir adelante. Todo el mundo necesita el dinero para vivir y pagar un alquiler.

--Otro de los aspectos que muestra el texto es el encasillamiento de las actrices. Amparo Muñoz fue Miss Universo y luego no le daban credibilidad según qué personas del cine y la interpretación. ¿Queda algo de eso?

--La función habla de la época del destape. A muchas actrices se las obligaba a desnudarse en las películas o no trabajaban. Estaba el cine S y las mujeres que trabajaban en él eran consideradas prostitutas y esas actrices sufrieron mucho. Por eso, esta obra es un homenaje a Amparo, a todas las actrices del cine S y de cualquier generación.

--¿Todavía se da entonces?            

--¡Claro! Por ejemplo, están las etiquetas incluso dentro de los mismos géneros: si has hecho comedia no te ven en drama y a la inversa. Las etiquetas están siempre y encima las ponemos nosotros. Por eso hablamos de la importancia de la palabra.

--Usted además es el claro ejemplo de que, pese a ser actriz, esa etiqueta no es la única. Ha sido agente inmobiliaria, ha presentado programas de televisión, ahora tiene un espacio en la radio… ¿mantiene todo esto?

--Actualmente trabajo en una notaría de lunes a viernes de ocho de la mañana a tres de la tarde en Torrelodones. Los jueves tengo Hablar contigo en Decisión Radio y aún mantengo algún cliente en el sector inmobiliario. Así que hago encaje de bolillos para llegar a fin de mes y con orgullo te digo que sigo adelante. Eso no significa por eso que haya dejado de ser actriz.

--Y más allá de lo que le aportan el resto de disciplinas, usted se queda con la de actriz. ¿Qué le enganchó entonces y qué le aporta ahora?

--Yo empecé mi carrera profesional como bailarina y sentí la necesidad de dar algo más, porque como musical siempre estás de coro o de apoyo. Hablé con Ovidi Montllor, que me pasaba libros, otro compa me animó a hacer algo más y esa necesidad de contarle algo más a mi público me hizo saltar a los 20 años a la actuación, y es lo que me llena. Luego la vida te lleva por otros derroteros.

Mar Regueras en escena / DARÍO ORTEGA
Mar Regueras, en la obra teatral / DARÍO ORTEGA

--Antes de esos derroteros y del parón hubo muchas series e incluso una nominación a los Goya.

--Es que es un parón que se dio no porque yo lo haya decidido, sino porque el teléfono dejó de sonar. Hay quien me dice: “Es que perdiste la rueda”. ¡Venga, va! ¡Qué rueda! Ya te digo que pensé mucho en eso y luego ya pasé y tiré para adelante. No quiero que esto sea una entrevista de queja, sino de ánimo y aliento a mujeres de cualquier ámbito a reincorporarse y reinventarse.

--De hecho, mucha gente tiene una vocación y se frustra si no puede ejercerla. ¿Qué le diría a esa gente?

--Yo no lo veo como una frustración, sino como una suerte. ¡Qué suerte que con 51 años pueda aprender una profesión nueva! No te voy a engañar, cuando llegué a los 40 años, que no era popular, pero sí tenía un nombre dentro de la profesión y me sentía en el mejor momento de mi vida, de repente dejé de trabajar. Hay cosas que yo no consigo entender.

--En los 40, dice. ¿Sigue estando esa condena de la edad?         

--Y tanto. Además, cuando los 40 no son los 50 de antes. Y ves a actores de tu misma edad con los que fuiste pareja en la ficción y ahora los ponen con actrices 20 años más jóvenes.

La actriz Mar Regueras en escena / DARÍO ORTEGA
La actriz Mar Regueras, interpretando su papel / DARÍO ORTEGA

--A Amparo Muñoz le pasó algo muy parecido, además la encasillaron, cayó en desgracia --aunque no es su caso--, la dejaron de llamar… ¿Esta obra se convierte así en una reivindicación de la figura de Amparo y a la vez de esas actrices que pasan por esta situación?

--¡Claro! A mí no me han pasado todas las cosas que le han pasado a la protagonista, pero sí algunas. De eso que cuando leí la función no paré de llorar y dije: esto lo tengo que hacer por mí y por mis compañeras como homenaje a ellas.

--¿Cree que pese a este parón de 10 años ahora pueden volver a lloverle las ofertas?

--Yo vivo el presente. Tantas veces he pensado que algo me iba a dar más trabajo que no ha sido así, que yo voy a disfrutar de estas cuatro funciones en el Pavón con la esperanza de que alguien se acuerde de que estoy viva, que soy actriz y me moriré siendo actriz pese a quien pese, aunque luego tenga otros trabajos, porque uno debe ganarse el pan y, desafortunadamente, hoy una no se puede ganar el pan siendo actriz a no ser que estés en el candelero. Por lo menos, vuelvo a pisar los escenarios y es algo que me quedo para mí, mis amigos y mis espectadores. Y sigo con mis ganas de seguir soñando.

--Bueno, y tiene una serie escrita, ¿es así?

--Es un programa de televisión que se llama MarYorden. Que además forma parte del espacio final de mi programa de radio que le dedicamos al orden de todo tipo, desde el armario hasta la vida de uno. Se trata de conocer a organizadores profesionales y me encantaría llevarlo a la tele.