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El torero Jaime Ostos / EP

Fallece Jaime Ostos a los 90 años

El torero se encontraba de viaje en Colombia para celebrar el fin de año y un ataque al corazón acabó con su vida

3 min

El torero Jaime Ostos ha fallecido este 8 de enero a los 90 años en Colombia a causa de infarto de corazón.

El diestro se encontraba de viaje en Bogotá, con su esposa, Mari Ángeles Grajal, y pasó el fin de año en Cartagena de Indias en casa de su amiga Ivette. “Estaba muy bien físicamente”, asegura su hijo Jacobo.

Recuerdos

"Mi padre ha muerto como él quería, bailando y con el amor de su vida", cuenta su hijo a Viva la vida donde ha entrado en directo para dar la noticia. Entre lágrimas, confesaba que él iba ir a ese viaje pero su trabajo lo impidió.

El mismo Jacobo señala que el cuerpo de Ostos va a ser incinerado en el país latinoamericano y que este domingo sus restos llegarán a España. Una decisión que quiere atribuir a la situación pandémica.

Salud

El torero pasó en el pasado por momentos de salud muy complicados. En 1963 estuvo a punto de perder la vida por una cornada y hace cerca de dos años ingresó en la uci a causa del Covid. Pese a todo, estos últimos meses se encontraba mucho mejor y decidió irse con su esposa a Colombia.

Se encontraba en un momento estable, relata Jacobo Ostos que se arrepiente de no haber estado con él de viaje. Pese a todo, detalla que "ha muerto sin dolor" ya que dormía cuando le dio el infarto. "Han sido unas horas felices, quitando que no me tenía a mí al lado, estaba con su gente. Hasta ayer estaba bailando como bailaba él, por bulerías y todo. Mi madre me ha enviado vídeos y fotos..." rsevera

El dolor de Jacobo

Sobre su salud actual detalla que ·por fuera estaba muy bien, pero son casi 91 años. Es ley de vida. Lo que lamento es que lo último ha sido un abrazo y le dejé allí hace unos días". De hecho, él también dormía en su casa cuando llamaron para comunicarle el deceso. "Me he despertado con la noticia hace prácticamente dos horas, no me lo he creído, pensaba que estaba soñando aún. Me ha llamado mi madre, mi tía, Fátima, que es la chica que trabaja en casa... llorando la pobre".

Completamente roto, Jacobo no podía evitar las lágrimas: "Hasta hace cinco minutos ni siquiera se me había derramado una lágrima porque no me lo creía, pero ya cuando te empieza a llamar gente pues ya es cuando te das cuenta".