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Los Secretos acutarán este miércoles, 11 de agosto, en el Festival Jardins del Terramar de Sitges /CD

Álvaro Urquijo, de 'Los Secretos': "Nunca ha habido actitud política para potenciar la cultura"

Esta mítica 'boy band' surgida en los primeros años 80 en el entorno de la “movida madrileña” vuelve con una gira para presentar su último trabajo de estudio

14 min

Álvaro Urquijo (Madrid, 1962) es el vocalista y guitarra de Los Secretos. Este mítico grupo creado por tres hermanos que en los años 80 decidieron aventurarse en el mundo de la música sigue hoy, tras 40 años de trayectoria, recorriendo la geografía española, interpretando sus temas más aclamados.

Tocados de cerca por la muerte hasta en tres ocasiones, con las pérdidas de dos de sus baterías --Canito y Pedro-- y de Enrique Urquijo, cofundador del grupo, supieron sobreponerse a la adversidad para seguir adelante. La banda, que marcó un antes y un después en el entorno de la "movida madrileña", se sube de nuevo a los escenarios en una de sus giras más esperadas. De hecho, este miércoles, 11 de agosto, llegaron a Sitges para hacer vibrar al público del Festival Jardins del Terramar con sus grandes éxitos.  

Entrevista a Álvaro Urquijo

--PREGUNTA: ¿A qué creen que se deben sus cuatro décadas encima de los escenarios? ¿Considera que es mucho tiempo?

--RESPUESTA: Es algo más natural de lo que parece. Estamos acostumbrados a una sociedad de consumo que se ha trasladado a la cultura de una forma radical. Yo me he educado escuchando a los Beatles, los grandes del jazz, nunca pensé que escuchar lo antiguo fuera una cosa mala. Hay canciones que perduran en el tiempo, no porque estén ajustadas a una moda. Nosotros en la década de los 80 y 90 éramos muy independientes,  pagamos un alto precio por ello. Por cómo componíamos canciones y cómo las arreglábamos. En el 83, todo se estilaba muy electrónico, con muchas hombreras, muy colorido; nosotros hicimos un disco con un claro estilo americano muy country. Hubo quien nos dijo que era un disco que olía a vacas, porque estábamos muy alejados de lo que ponían en la radio. Hemos hecho algo que se nos daba bien. Nuestra música ha vivido del boca a oreja. Por ejemplo, de gente que venía a nuestros conciertos porque su madre ponía el disco en casa.

--Suman 15 trabajos de estudio a sus espaldas y mantienen intacta su capacidad de creación. ¿Cómo se consigue?

--Tardamos en hacer discos porque tenemos menos tiempo de estar en casa. La forma de vivir de la música se ha convertido en el directo. Eso nos resta tiempo para tener la paz y la tranquilidad de sacar un disco, aunque seguimos componiendo. No obstante, en esta pandemia no me sentía inspirado, me he cerrado en banda, no me he dedicado a componer, me he dedicado a escuchar a viejos artistas.

--¿En qué se inspira su música?

--Cuando escribo canciones sigo la técnica que hacía con mi hermano Enrique. Yo le ponía la música y mi hermano ponía la letra y para aquellas que se quedaban sin letra, me atrevía a ponerle texto o a veces se quedaban en el olvido. Ahora sigo la misma técnica: siempre empiezo por la música. Las influencias son muy parecidas a las que tenía hace 40 años: creo que tengo mi propio estilo y ámbito de sonoridades. Eso hace muy reconocible mi forma de interpretar. Si lo unimos al talento armónico y ensamblador de los teclados de Jesús y a la genialidad como guitarrista de Ramón Arroyo que trae toda la cultura americana en la sangre, sale un híbrido extraño con el que hemos envuelto las canciones de mi hermano Enrique, las propias y las que hemos hecho en colaboraciones.

--¿Qué le tienen preparado para la noche de este miércoles al público del Festival Jardins del Terramar de Sitges?

--Muchas ganas de que disfruten y se evadan del día a día. Respetamos muchísimo al público y tocaremos canciones de todas las épocas. Del último disco sonarán dos o tres, del anterior una, de la primera época tres... Tenemos 14 o 15 hits que la gente se sabe de memoria. Es una especie de columna vertebral de nuestro show que luego rellenamos "entre vertebras" con las canciones que nos parecen más adecuadas o que nos gustan mucho y que tuvieron poca trascendencia. Es como que intentamos hacer nuestra propia interpretación de lo que sería un concierto bueno, si fuéramos el público.

--¿Cuándo deciden dedicarse al mundo de la canción? ¿Cómo surge ese momento?

--Hicimos una lista enorme de nombres cuando grabamos las primeras maquetas. Ocultábamos a mi padre que tocábamos, aunque le encantaba que nos gustara la música. Nuestros estudios empezaban a caer, sus hijos se acercaban a un mundo que él desconocía, se lo tuvimos que ocultar durante un año y medio. Cuando no hubo más remedio, se lo dijimos. Como cada verano, la familia nos íbamos de vacaciones a Benidorm y después de llenar en la sala Jardín, y de haber hablado con un ejecutivo de la discográfica Polydor, nos ofrecieron nuestro primer contrato. No podíamos irnos con mis padres, porque teníamos que grabar el disco. Recuerdo que, a mi padre, le enseñamos nuestras maquetas y se pilló un rebote del carajo. Previo a ello, nosotros habíamos pagado de nuestro bolsillo esas primeras maquetas. Era la época de la new wave, había un interés internacional excepcional por la música y eso nos empujo más. Compartíamos locales de ensayo y todo lo hicimos sin que él lo supiera. Nuestra madre sí que era conocedora de ello y nos encubría. A los pocos días de cumplir 18 años, firmamos el contrato. En septiembre ya estábamos haciendo conciertos pequeñitos de promoción. Recuerdo el día del primer recital que hicimos fuera: Fue en Bilbao y yo al día siguiente tenía la Selectividad. Aparecí en el aula con la chaqueta de cuero en pleno septiembre. Hice los dos primeros cursos de Ciencias de la Información, mi hermano Javier, uno de Medicina, pero vio que no era lo suyo. Mi hermano Enrique hizo tres de Económicas.

--Casi que hablan del grupo como de los creadores de la mítica Movida Madrileña. ¿Cuál es el secreto para que la música de Los Secretos se siga escuchando 30 años después?

--Como he dicho antes nuestra música vive del boca a oreja. Nuestra música ha gustado a varias generaciones porque es atemporal, está menos sujeta a criterios estéticos y formales que te dictan demasiado. La atemporalidad de la música es algo que he conocido desde sus orígenes. ¿Quién hace una canción para que dure solo un año?.

--¿Cuál cree que ha sido la afectación de la pandemia a la música y a la cultura en general?

Aquí hay varios matices. La parte positiva es que la cultura ha hecho que en esta pandemia la gente que tuviera plataformas, tabletas, televisiones pudiera ver películas, escuchar música. La tienda donde me dejo en instrumentos parte de lo que gano con la música estaba a punto de cerrar y se quedó sin stock. Creo que ha habido un renacimiento de la música a la hora de tocar. La cultura es esencial, al igual que el conocimiento y la ciencia. Yo lo meto todo en el mismo saco. Da Vinci era tan artista como científico, al igual que grandes arquitectos como Gaudí. La cultura, como conocimiento, ha tenido siempre esa capacidad de evolucionar. Por otro lado, me siento un poco decepcionado, siendo tan imprescindible el mundo de la escritura, los libros, el periodismo, la ciencia, las vacunas, la cultura... Nunca ha habido una actitud de los políticos por potenciar la cultura, la ciencia, que son realmente los valores abstractos, que no necesitas sacarlos de una mina, perforar el suelo ni contaminar. El conocimiento de la cultura tiene que estar más presente en los organismos políticos. La cultura genera empleo, un pueblo más sabio y un pueblo más sabio crea. Es una cadena de valores que tienen olvidado. El mundo de la política vive también de la ignorancia. Cuanto menos sepas, más te manejaré con mis discursos. 

--La tragedia ha tocado de cerca a Los Secretos en tres ocasiones con la muerte de tres de sus integrantes. ¿Cómo se supera la muerte de un hermano y dos amigos?

--Con suerte. Yo estuve un año entero sin tocar la guitarra tras la muerte de mi hermano Enrique. Estaba enfadado con el mundo, no escuchaba música desde ese día. Vivía mi sobrina María, la hija de Enrique, él tenía una hipoteca de una casa, pero solo había dado una entrada. La mejor forma de sanear nuestras cuentas era hacer un disco homenaje que se grabó en el año 2000 y salió en 2001. Nos acercó a grandes amigos como Pau Donés, que vino expresamente desde Italia para grabar una canción, Miguel Ríos, Antonio Vega, que se presentó el primero. Hubo una respuesta de cariño para ese proyecto que nos puso a ensayar. Cuando terminamos, seguía llamando gente a la que le gustaría colaborar, como Amaral, entonces hicimos una pequeña gira de 11 conciertos donde íbamos a las ciudades coincidiendo con gente que no había participado. En el transcurso de esa gira, contactamos con Álvaro, nuestro actual manager, para que hiciera su trabajo. Cuando terminó la gira, nos llamó diciendo que tenía del orden de diez llamadas diarias para que volvieran, dado que la gira había tenido cierto calado en el público. Me insistió tanto que hicimos una prueba: cinco o seis conciertos en los que la gente tuviera que pagar una entrada irrisoria y si continuaba, seguíamos. 70 conciertos y 2 años después grabamos el primer disco sin Enrique. Desde entonces no hemos parado de trabajar. Nos pusimos, apretamos para tirar para adelante y la gente respondió. El reencuentro con la música tras la muerte de mi hermano fue el más bonito. Siempre agradezco al público por ello entre canción y canción. 

--¿Qué le diría a sus hijos si le dijeran que quieren ser artistas?

--Le apoyaría al cien por cien. Eso sí, le diría que si ve que no funciona, que tire de humildad y que se baje del tren. No hay nada peor que alguien se crea bueno cuando no lo es. Mi padre no quiso pagarme un profesor de armonía, ni clases de guitarra. De hecho, pese a inculcarnos su pasión por la música, después nos cortaba los cables a ras del aparato para que no pudiéramos tocar. Me hubiera encantado que mi padre me hubiera echado una mano para formarme mejor y ser mejor músico.

--¿Tiene previsto retirarse algún día?

--La mejor forma de ganarse la vida es haciendo algo que te apasiona. Yo me siento afortunado y agradecido por dedicarme a lo que me gusta. No creo que en ningún momento se me pase por la cabeza venderme todo lo que tenga y diga 'voy a vivir a una pensioncita a Formentera o de Mallorca'. Así que la retirada nos pillará ya muy viejunos.