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Iván, el niño que escribió una carta antes de morir

La carta de Iván antes de morir a manos de sus padres

El menor sufría malos tratos desde su infancia y escribió una carta antes de fallecer en el hospital tras recibir una paliza

8 min

La historia de Iván, un niño ruso de siete años, ha cautivado al mundo y se ha hecho viral en pocas horas. Al parecer, el pequeño que ha fallecido a causa del maltrato que recibía a diario por parte de sus padres, escribió una carta días antes de morir en la que explicaba su situación diaria en su casa. 

Esto son unos de los primeros fragmentos de la larga carta que escribió supuestamente Iván, originalmente en ruso, y que trágicamente murió a consecuencia del abuso infantil que sufría por parte de sus padres

"Mi nombre es Iván y tengo 7 años. Quiero mucho a mi papá y mi mamá, pero también les tengo mucho miedo. A menudo me pegan y no sé por qué. Esta mañana me desperté y fui al colegio. Soy buen estudiante y me gusta mucho mi profesor. También me gustan mucho mis compañeros de clase, pero no tengo amigos. Por eso me suelo quedar en el aula durante los descansos. Nadie quiere jugar conmigo. He tratado de hacerme amigo de los demás niños, pero me rechazan y me dicen que soy repugnante. Se ríen de mí porque llevo los mismos vaqueros desgastados, la misma camiseta y los mismos zapatos rotos todos los días. Un día, después del colegio robé una chaqueta que llevaba mucho tiempo colgada y que parecía no tener dueño. Fui a casa en medio de una tormenta de nieve. Temblaba de frío y me costaba andar de lo fuerte que era el viento. De repente, alguien me empujó, me caí en la nieve y me apretaron la cara contra ella. Entonces me dijeron: ‘No le gustas a nadie. ¡Idiota!’. Me dieron patadas en la espalda y en el estómago. Luego, salieron corriendo y me dejaron tirado en la nieve. Lloré. No porque tuviera frío o estuviese herido, lloraba por no tener amigos, a pesar de que me caí bien todo el mundo". 

Y continúa: "Tan pronto como llegué a casa, mi madre vino corriendo y me cogió del pelo: ‘¿Dónde has estado? ¿Por qué estás mojado y sucio? Vete a tu cuarto sin cenar’. Al día siguiente en el colegio tuvimos que dibujar nuestro mayor sueño. Los demás niños pintaron coches, cohetes y muñecas. Yo no. Hice lo que me dijo mi madre. Fui a mi habitación y no salí hasta el día siguiente, a pesar de que estaba helado y tenía mucha hambre. Mis notas fueron de mal en peor y, cada vez que informaban a mi padre, me pegaba. Una vez me golpeó tan fuerte que no podía mover mi dedo índice. De hecho nunca he podido volver a moverlo y los niños se ríen de mí por ello. A mamá y papá no les importaba que estuviese herido. Por la noche me acosté en mi cama y solo quería una cosa. Ojalá no les hiciera daño nunca más, no quería molestar a papá y a mamá. Los quiero mucho, de verdad. No porque no me gusten esas cosas, sino porque lo que más deseaba era una madre y un padre cariñosos. Por eso pinté una familia. Un padre, una madre y su hijo. Todos jugando y felices. Mientras lo pintaba, lloraba en silencio. Me gustaría tener un padre y una madre que me quieran. Cuando fue mi turno de enseñar mi dibujo en clase, todos se rieron de mí. Me puse frente a mis compañeros y expliqué: ‘Mi mayor sueño es una familia’. Las risas se hicieron más fuertes. Empecé a llorar y les dije: ‘Por favor, no os riáis de mí, ¡este es mi mayor sueño! Podéis pegarme, me podéis odiar, pero por favor, no os riáis de mí. Cuando me dieron la siguiente nota de un examen, vi que era mala otra vez. Mi madre se iba a enfadar. Me agarró y me tiró al suelo, me golpeó con una silla. Me dio dos veces en la cabeza. Yo no podía levantarme. Realmente me dolía. Pero mamá me dejó en el suelo. Cuando volvió, me dijo que limpiara el desorden, que si no cuando papá llegara a casa me pegaría. Le rogué que no le dijera nada, pero cuando levanté la cabeza ya estaba allí. Cuando mamá le contó lo de mi examen, mi padre me levantó del suelo y me pegó en la cara. Después de eso ya no recuerdo nada. Me desperté en el hospital. No podía mover ninguno de los dedos. Miré por la ventana y lloré. Fuera, veía padres jugando con sus hijos, lanzando bolas juntos y abrazándose. No sé cómo se siente el abrazo de mi madre. Mis padres siempre me han pegado, pero yo los quiero igual. Siempre he hecho todo lo posible, he sido bueno en el colegio, pero aun así, siempre me pegan. De repente me empezó a doler el pecho de nuevo. Se lo dije a mi madre pero no le importó. Después de un tiempo, tuve que ir al hospital y, nadie vino a verme". 

Hasta que concluye: "Estimados papá y mamá, estoy aterrado porque soy feo, desagradable y estúpido. Lo siento, sé que no podéis quererme. Nunca quise molestaros. Todo lo que quería era conseguir un abrazo de mamá y oír las palabras ‘te quiero’. O que papá quisiera jugar conmigo, me cogiera de la mano para dar un paseo o me cantara. Sé que soy una vergüenza para vosotros. Nunca seré como queréis".

Algunos medios no aseguran la veracidad de esta carta, pero se ha convertido en vireal en pocas horas, y sea verdad o no, aseguran que define a la perfección la situación que, desgraciadamente, muchos menores viven día a día. 

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