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Dos botellas de vino Al Fatriyya con un viñedo al fondo

Al-fatriyya, el vino que se 'esconde' en La Fatarella, orgullo de la Terra Alta

Con reminiscencias arabescas, abordamos un vino a través de un viaje que nos inspira la novela de Andreu Claret, 'El secreto del Brigadista'

Taula de Vi de Sant Benet
8 min

"La historia empezaba con la muerte de su abuelo en la batalla del Ebro. Martín Stein, el abuelo, se había enrolado en la Guerra Civil como miembro de las Brigadas Internacionales. Había muerto en el frente del Ebro, y como con tantas otras víctimas, su cuerpo nunca se encontró... pero la historia no se acaba ahí. Estaba envuelta de un halo de misterio que la familia dejó por imposible mucho tiempo atrás. Un misterio que Bárbara necesitaba resolver".

Así empieza una maravillosa novela de Andreu Claret, El secreto del Brigadista, (Columna 2008), sobre una historia de misterios históricos que se desarrolla en La Fatarella.

La Fatarella es una localidad de cerca de 1.000 habitantes de los montes que bordean el Ebro en el punto en el que el río entra en Cataluña, por la comarca de la Terra Alta. Es centinela, y su posición explicará los episodios de la Guerra Civil, pero como se descubre en las páginas del Secreto de Claret, su condición orográfica la une a la historia, y si bien el nombre del vino que nos ha llevado hasta allí tiene reminicencias arabescas y fundacionales, el misterio la une a los Cátaros que allí se establecieron, y que quisieran conservar su posición en esos mapas que trascienden a los Estados y a los siglos...

Unas manos seleccionando las mejores olivas / COOPLAFATARELLA
Unas manos seleccionando las mejores olivas / COOPLAFATARELLA

La verdad es que La Fatarella está alejada de la Gandesa capital, y a menudo, cuando uno viaja a la Terra Alta, sea desde Reus o desde Alcañiz, la atraviesa por la N-420 y La Fatarella se queda fuera del camino. Muchos pasan sin percatarse, olvidándola. En un momento de la historia de Andreu Claret, Bárbara Stein, la nieta del brigadista que terminó sus días en esas tierras de contienda, tiene que acudir al notario de la zona, para recibir en herencia la finca en la que expiraría su abuelo y que le legaba un anciano que le conoció siendo niño. El notario de referencia de La Fatarella de Claret estaba en Ascó. Este es el dato que nos ayuda en la ubicación. La Fatarella se relacionaría más con Ascó que con Gandesa, aunque administrativamente pertenezca a la Terra Alta. Y en este anclaje podríamos encontrar las causas de la relativa desvinculación de este pueblo ebrense con respecto al auge que las Garnachas (especialmente las blancas) tuvieron y tienen en esta comarca tarraconense.

Rius, el presidente de la Agrícola Sant Isidre de La Fatarella tiene otra explicación, mucho más interesante y mucho más enófila: en los años 60, cuando los vinos se vendían a granel, la humedad de esta ubicación, a 500 metros de altitud, obligaba a recoger las uvas unas semanas más tarde que el resto, y cuando los vinos de La Fatarella llegaban al mercado el comercio estaba ya cerrado y los productores tenían que conformarse con unos precios que les fueron disuadiendo.

Con guisos de caza menor

Es curioso, porque la altitud en sí misma, y una cierta humedad, son hoy signos de valor para el desarrollo de la vid y la uva de calidad. Fueron otros tiempos, en los que el calendario comercial dejaba fuera esos vinos que hoy se abren paso de nuevo.

Agrícola Sant Isidre, una cooperativa fundada en 1947 con un centenar de socios activos, llevaba más de cuatro décadas sin vinificar, y la viña había dejado de ser el cultivo de referencia de la población. En 2018 se vinificaron de nuevo las pocas hectáreas de Garnacha Blanca que permanecían activas y que son más que centenarias. Efectivamente eran un símbolo de arraigo y de los vínculos de la localidad con esta variedad icónica. Y se vinificaron a la antigua y con los parámetros de calidad enológica de hoy. El resultado fue excepcional y habla de esas aptitudes fenomenales para la viticultura que los mercados de antaño dejaron pasar, pero que se muestran puros y excepcionales, como un secreto inmejorablemente guardado.

Imagen de una botella de vino de Al Fatriyya  / COOPLAFATARELLA
Imagen de una botella de vino de Al Fatriyya / COOPLAFATARELLA

Pero, ¿Cual es la impresión que invade a quien se acerca a Al-fatriyya? ¿Hay esos cítricos que nos atraen y nos iluminan y que se han erigido en signo de identidad de la Garnacha? Seguro, aunque sutiles y ligeros: la huella de las antiguas vinificaciones nos invade de botánica de flores secas y es esa la impresión dominante, aunque en el fondo preferimos que sea el errante explorador quien bucee y descubra sus propios mensajes: el embalaje contiene topografías frágiles que requieren de afectos.

Obviamente, con estas credenciales, eso sí, nos atrevemos a recomendar el vino con cualquier guiso de caza menor, ya sea perdiz o conejo, por poner ejemplos de plato asequible y tradicional.

Proyectos energéticos

El impulso y la ilusión de los socios de la Agrícola Sant Isidre de La Fatatella se vio rápidamente recompensado con las mejores notas en las guías enológicas de referencia, y ese vino es el punto de partida de un proyecto social de revitalización.

Una olivera de la cooperativa Fatarella que también se dedica al aceite / COOPLAFATARELLA
Una olivera de la cooperativa Fatarella que también se dedica al aceite / COOPLAFATARELLA

En este momento, la cooperativa de La Fatarella está apareciendo en los medios por otra iniciativa que da cuenta de este dinamismo interior, puesto que se anuncia como una de las ingentes comunidades energéticas que están impulsándose a rebufo de los nuevos marcos legales. Los tejados de las instalaciones de la cooperativa van a alojar paneles solares que van a producir energía fotovoltaica para ser compartida entre los socios, dando así nuevos usos y funciones a esa estructura que antaño fue imprescindible para aunar esfuerzos y que quizá lo sea también en el futuro de los pueblos del ámbito rural.

Cuando uno está fuera de la vía principal todo aparece como un secreto. Tarde descubrimos valores que allí estuvieron y permanecieron. La historia que cuenta Andreu Claret es preciosa y atractiva. Nos impulsa hacia La Fatarella e iremos, seguro, con ese afán de recorrer las calles y los rincones en los que Bárbara Stein escuchaba voces (un Serafín histórico) que le llevaban hasta su abuelo brigadista. Y más allá de esa referencia a la contienda del 1936-1939 intentaremos entrar en ese laberinto cátaro que se funde con la frontera del Ebro... y visitaremos esos viñedos históricos que dan Al-fatriyya... y pediremos que nos cuenten de ese proyecto que les une de nuevo en el aprovechamiento colectivo del sol para abastecerse de electricidad.

Vino: Al-fatriyya 2018

Precio (en tienda): 15 euros

TAULA de VI de Sant Benet: Oriol Pérez de Tudela, Marc Lecha

Vilabella, mayo de 2021