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Miguel Ángel Bastenier en la foto con que ilustró la autobiografía de su blog personal (2011)

El periodismo según Bastenier

Escribir bien, tener agenda, enfocar con pulcritud y huir del prejuicio son cualidades que protegen de la 'declaracionitis', la hiperpolitización, el oficialismo y el provincianismo

9 min

Miguel Ángel Bastenier (Barcelona, 1940-Madrid, 2017) fue un periodista total y un maestro de periodistas, cuya vida es un ejemplo del paso complicado y difícil de la era de la prensa de papel al periodismo digital.

Bastenier empezó en el oficio cuando los periódicos se hacían con noticias de teletipo (de agencias de prensa) que se pegaban en unas cuartillas con cola, se punteaban para distinguir las minúsculas de las mayúsculas, se retocaban ligeramente con pluma o bolígrafo y se enviaban al taller, donde eran picadas por los linotipistas (una profesión, como tantas otras, desaparecida), y ha muerto escribiendo en redacciones en las que prima lo digital (la consigna es digital first), la mayoría de los periodistas trabajan prioritariamente para la versión digital de la marca correspondiente y un pequeño grupo de redactores empaqueta después los textos para publicarlos en la versión en papel. Eso es así en los periódicos que mantienen aún la doble versión, pero en otros muchos, los llamados nativos digitales, como Crónica Global, la única versión es ya la digital.

Pese a que no era un manitas tecnológico, Bastenier se adaptó perfectamente a las nuevas tecnologías porque consideraba que el periodismo, en el fondo, es el mismo de siempre, independientemente de la forma en que se transmita al lector, oyente o espectador.

Maestro en dos escuelas

¿Y cómo es el periodismo según Bastenier? En su más de 40 años de magisterio en las redacciones (Diario Femenino, El Correo Catalán, Diario de Barcelona, Tele/eXprés, El Periódico de Catalunya y El País) y en las escuelas de periodismo (la Escuela UAM-El País y la Fundación del Nuevo Periodismo Latinoamericano de Cartagena de Indias, fundada por Gabriel García Márquez), Bastenier definió su visión de la profesión, que en los últimos años recopiló en miles de aforismos en Twitter, donde tenía 172.000 seguidores. Pese a su saber enciclopédico y sus conocimientos oceánicos sobre periodismo, política internacional, historia, literatura, cine y deportes, se consideraba solo un periodista. Sus enseñanzas periodísticas están recogidas asimismo en dos libros, El blanco móvil (Ediciones El País, Aguilar, 2001) y Cómo se escribe un periódico: el chip colonial y los medios en América Latina. Fondo de Cultura Económica, 2009).

Bastenier distingue entre el buen y el mal periodismo. El bueno debe tener cuatro características esenciales: escribir bien; tener agenda propia; encontrar un enfoque del que fluya la información o la historia y no preferir nada.

Escribir bien. Bastenier era muy exigente tanto en la calidad de la redacción como en el estilo periodístico. Consideraba que para un periodista es imprescindible leer porque la única manera de escribir bien es leer mucho y recomendaba que lo primordial eran los clásicos y la novela contemporánea. Para escribir sobre Gran Bretaña, decía, es básico leer a Dickens, a Balzac para ser corresponsal en Francia y el Lazarillo de Tormes para ejercer de periodista en España, en este caso porque las andanzas del pícaro ejemplifican otra condición ineludible para ser buen periodista: las noticias se buscan en la calle.

Agenda propia. Desde los tiempos del teletipo, predicaba ya que los periódicos no tendrían futuro si no conseguían temas propios y diferenciados de los competidores, y para ello había que perseguir, investigar, obtener noticias, sin esperar a que cayeran del cielo. Desconfiaba de que nunca una verdadera noticia se había dado en una rueda de prensa, si no era por accidente.

Enfoque. Una de las misiones del redactor debe ser hallar una manera, a ser posible original, de contar una historia, a partir de un título y de un primer párrafo para que desde ahí fluya el resto del texto.

No preferir nada. Esta es una de sus ideas quizá más controvertidas porque el periodismo está lleno de activistas y de predicadores morales. Creía que la única manera que tiene el periodismo de hacer un mundo mejor es hacer mejor periodismo. Bastenier combatía el mito de la objetividad y se conformaba con que el periodista fuera honrado y profesional, característica que lleva incluida la ética.

El mal periodismo tiene también cuatro grandes defectos, que Bastenier llamaba los cuatro jinetes del Apocalipsis: declaracionitis, hiperpolitización, oficialismo y desconocimiento del mundo exterior.

Declaracionitis. Llenar páginas o pantallas con declaraciones de supuestos protagonistas es un vicio muy compartido, que casi todos los periodistas critican, pero que ningún medio se atreve a erradicar. “El periodismo declarativo está muerto porque la gente habla para salir en el periódico. Hay que publicar lo que se calla, que es lo difícil”, escribió Bastenier en Twitter.

Hiperpolitización. Defecto ligado al anterior porque la declaracionitis es un virus que inoculan sobre todo los políticos. La prensa anglosajona, idolatrada por Bastenier, nos ha de enseñar, decía, a publicar menos política y más noticias de sociedad. “Todos los periodistas tienen una ideología, aunque crean que no, pero si ponen el trabajo al servicio de la suya, dejan de ser periodistas”, anotó en la red.

Oficialismo. Este jinete cabalga mucho en el periodismo español y mucho más aún en  el de América Latina, donde Bastenier era también un maestro. Su descalificación se resume en este tuit: “¿Los gobiernos tienen periodistas? Sí, pero no son periodistas”.

Mundo exterior. Bastenier consideraba que para ser periodista había que estar necesariamente abierto al mundo y tener un conocimiento lo más amplio posible de la historia y de las fuerzas que la mueven, aunque el redactor no se especializara, como él, en la información internacional. Se trata de tener la mente abierta y evitar encerrarse en sí mismo.

La rapidez como premisa

En estos tiempos en que proliferan los escritores que escriben novelas de no ficción y en que abunda el periodismo literario, Bastenier desconfiaba de lo segundo. “Si hacemos información, luego periodismo, puede haber literatura en ello; pero si hacemos literatura, no hacemos periodismo”, aseguraba. En una de sus máximas más celebradas, dividía a los periodistas en dos categorías: los rápidos y los que no son periodistas, aunque la rapidez no puede traducirse en descuido o frivolidad. El periodista ha de ser concienzudo en su trabajo.

¿Y cómo veía Bastenier el futuro en una época en la que se teme por el porvenir del periodismo, amenazado por internet y las redes sociales? El periodista fallecido el pasado viernes opinaba que lo que se hace en las redes es comunicación, no necesariamente información, y que la pugna entre estos dos conceptos y sus contenidos dilucidará el futuro. El periodismo no va a desaparecer, decía, pero tiene un porvenir complicado que exige, para su supervivencia, una profunda renovación.