Marta Vilalta y Sònia Bartomeu, fundadoras de Plan BV

Marta Vilalta y Sònia Bartomeu, fundadoras de Plan BV Cedida

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Marta Vilalta y Sònia Bartomeu, fundadoras de Plan Bv: "Lo que para ti es un simple contacto para otro puede ser un mundo"

La agencia nace con vocación de conectar empresas, personas, proyectos y marcas para generar oportunidades y descubrir talentos

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Una buena agenda de contactos es uno de los activos más valiosos del mundo profesional. Cuesta años, incluso décadas, conseguir un sólido y eficaz directorio que pueda no solo impulsar una carrera, sino también ampliar la proyección personal o transformar talentos dispersos en proyectos extraordinarios.

Saber a quién llamar cuando surge un problema, qué persona puede abrir una puerta o advertir qué perfiles deberían conocerse para suscitar sinergias, genera oportunidades y ahorra tiempo.

Pero una buena agenda no es suficiente. Hace falta generosidad para compartirla y criterio e intuición para saber qué conexiones tienen sentido. Marta Vilalta y Sònia Bartomeu saben cómo practicar este arte. Ahora han decidido hacer de él su profesión.

Dos trayectorias dispares

El camino hasta aquí no ha sido una línea recta. De hecho, sus trayectorias son bien dispares. Pero el destino jugó sus cartas y logró que confluyeran hacia una misma dirección.

“Tengo una vida muy movida”, confiesa Marta Vilalta a Mujeres en Crónica. Cuenta que como no era buena estudiante, a los 17 años su madre le propuso un trato: “Puedes dejar de estudiar pero tienes que ayudarme en la empresa nueva”. Así comenzó a trabajar en el ámbito de los seguros.

Curiosa e inquieta a partes iguales, a los 19 se marchó al extranjero con la intención de aprender idiomas. La primera parada fue Estados Unidos, después vinieron Sudáfrica, Alemania y Holanda. En Amsterdam trabajó de camarera, en un hotel y como asistente de dirección en la ópera. Regresó a Begur, su ciudad natal, en 2004, tras el ultimátum de su padre: “si no vuelves, me busco a alguien”. Era el dueño de una inmobiliaria de la localidad ampurdanesa.

Fue precisamente en aquella inmobiliaria donde Marta conoció a la fundadora de TnG, Maria Ireland, y a otras empresarias que enseguida la animaron a unirse a su red de networking. Tuvo dudas porque, dice, no se consideraba nadie.

“Lo que para ti es un simple contacto para otro puede ser un mundo”, le dijeron. Tenían razón. “Yo siempre conocía a alguien que podía contactar con otro. Ahí entendí la importancia del networking”. Se unió y su agenda siguió creciendo y su trayectoria profesional cambió de rumbo hacia la hostelería, la restauración y el ámbito de comunicación donde trabajó en varias revistas de ocio locales.

Sònia Bartomeu, en cambio, asegura que su vida es “muy tranquila”. Su currículum siempre ha estado vinculado a la moda, un mundo que vivió desde pequeña en la tienda de su madre. Con 22 años pensó que era hora de independizarse y abrió su propio negocio en Sant Feliu de Guíxols y años más tarde también en Girona. El giro de guión llegó en 2019 cuando decidió dar el salto a la política local. Aquella experiencia duró apenas una legislatura, pero “aprendí muchas cosas”, afirma.

Se conocieron gracias al marido de Marta. “Te presento a mi mejor amiga”. Era Sonia. Desde entonces son prácticamente inseparables. “Se la he robado. Es mi ángel de la guarda. Es de esas personas que nunca te dice no, siempre es sí”. Y tuvo que acudir a ella cuando se hizo cargo del restaurante familiar en Sant Feliu de Guíxols, El Dau de Can Miquel.

Recuerda que aquella fue una época difícil en la que tuvo que compaginar su actividad en la revista con la gestión del restaurante, además de atender a dos hijas pequeñas. La carga de trabajo y el estrés pasaron factura. “Tengo que dejar algo”, pensó. Dejó la revista. Al restaurante le tocó el turno hace tan solo unos días, justo cuando ambas atienden a Crónica Global. “Hoy empezamos una nueva vida”, señalan.

Una terraza, unas amigas y un plan

Esa nueva vida comenzó una noche, en una terraza con la visita de dos buenas amigas, Jimena y Alejandra, a quienes Marta atribuye el germen de Plan Bv. “Estás desaprovechada. Tienes que ganarte la vida con la capacidad que tienes de conectar gente”. De aquella conversación nació también el nombre del proyecto. “Yo soy Vilalta, Sònia se apellida Bartomeu, Plan Bv”. A la mañana siguiente llamó a Sònia que llevaba años insistiendo en montar algo juntas. Una vez más su “ángel de la guarda” dijo sí.

El proyecto es muy reciente pero ya ha dado sus primeros frutos. A finales de julio organizaron un evento con clientes VIP en Begur que “fue un éxito”. Su apuesta es mantener esa línea, “eventos corporativos que es de lo que sabemos”, pero nada de bodas, señalan.

Aunque también contemplan reunir a empresas en propuestas conjuntas; o proponer ideas a quienes conocen para mejorar sus marcas o potenciar su talento, conscientes de que “siempre es más fácil vender al otro que a ti mismo”. Eso sí, siempre desde la cercanía y personalizando cada proyecto según las necesidades de sus clientes. Nada que no hayan hecho hasta ahora. La diferencia es que quieren cobrar por ello.

“Toda la vida hemos hecho de ONG ayudando a todo el mundo. Queremos seguir haciéndolo pero esta vez rentabilizando, porque lo que nos falta es la capacidad de generar dinero por ayudar”.

Pero la generosidad no siempre tendrá un precio. “Nuestro modelo será como el de los abogados pro bono: haremos cosas cobrando y otras sin cobrar. Creemos que esa será nuestra esencia”.

El contexto es favorable. En Girona apenas hay empresas de eventos corporativos. De hecho apenas han comenzado y ya tienen encargos. Su meta, dicen, es generar sinergias, enlaces, conectar gente de todo el mundo desde su base de operaciones en Sant Feliu de Guíxols, con Girona, el Ampurdán y la Costa Brava como escenario privilegiado.