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Antes del verano, celebramos en Letra Global la aparición de uno de los mejores libros de literatura catalana, por lo menos del año; me refiero a Els moixons de Montse Virgili. (ed. La Magrana).

Auténtica literatura, en el sentido de que sabe plasmar la grandeza oculta de una serie de personajes de “vidas minúsculas”, como diría Michon, con la particularidad de que esos personajes, esas vidas que pasan desapercibidas, que no tienen nada de celebridades ni de influencers, son, todos, trasuntos de las mujeres del pueblo donde creció la autora.

Personalidad

Un libro conmovedor y exaltante, ya que expone que la ambigüedad, la riqueza de la personalidad, también la tragedia y hasta la grandeza, alientan por todas partes.

No me detendré a definir el estilo tan ameno de esta autora ya que no soy crítico literario (por lo que doy gracias a Dios), pero diré que a partir de la lectura de Els moixons –que quiere decir algo así como “los pajarillos” o “las aves”-- el lector recibe la amable invitación de la señora Virgili a ver mejor, más profunda y abierta y generosamente, a la gente anónima.

Condición femenina

Como durante este verano he pensado de vez en cuando en las mujeres de ese libro, me he interesado también por la autora y resulta que conduce cada día, en Catalunya Ràdio, un programa titulado Les dones i els dies, donde se ocupa de entrevistar a mujeres que hacen cosas interesantes o de exponer temas relativos a la condición femenina.

No soy oyente de radio, pero a veces sintonizo con esa cadena y estoy impresionado por la calidad del programa y la cultura de su conductora.

Montse Virgili Leila Mendez

Elección

Con esos antecedentes, no me parecía mejor manera de reanudar después del verano esta sección que consiguiendo el teléfono de Virgili y sometiéndola al juego de los domingos, o sea pidiéndole que elija una obra de arte contemporáneo que la interpele personal o íntimamente.

Ella ha elegido Portrait de l’artiste et de sa femme et de son fils de los mejores cuadros del siglo XX, pero elijo este cuadro por biografía. Lo ví en el Museé de Beaux Arts de Bruselas, fue en julio de 1997. Era la primera vez que viajaba sola. Tenía 19 años.

Me quedé mucho rato mirándolo. Era un autorretrato de ese pintor con su mujer e hijo. Cuando lo tuve enfrente, pensé en la mía, en mi familia, en una foto en concreto, cuando todavía éramos tres.

En el cuadro no sonríen, parecen atrapados. Se asimilan los rasgos de los tres de una manera terrorífica. El pelo, aunque de aspecto distinto, parece casi una peluca repetida; los labios sucintos no saben sonreír.

'Portrait de l'artiste, de sa femme et de son fils' de Albert Crommelynck Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica

Cada uno asustado a su manera, pensando en sus cosas, miran al espectador abstraídos. Me los imagino atados por los pies. No pueden escapar de su herencia, de una forma de mirar, de lo que son.

Los tres, vestidos de domingo, otra cárcel, como en las fotografías con decorado que se pusieron de moda en los 80. De esa manera esquiamos en los Alpes Suizos a cien metros de casa. Víctor se llamaba el fotógrafo que nos inmortalizó.

En el cuadro de Crommelynck la familia mira con recelo. El pintor, con el cuadro, me parece que grita: “esta es mi familia, ¿dónde me he metido?”.

La mía andaba lejos de Bruselas. Seguro que en aquel viaje les mandé una postal. Yo me compré una reproducción del cuadro en la tienda del museo. Todavía la guardo.”

Albert Crommelinck

Es un descubrimiento para mí, que nunca he visto ningún óleo o gouache o dibujo de este artista. Albert Crommelinck (Bruselas, 1902-1993) fue un pintor belga que vivió en París, en Suiza, en Italia y en Inglaterra, y alcanzó reputación artística por sus retratos de personajes tensos, introvertidos.

El impresionante autorretrato con su familia que ha elegido Virgili es su obra más famosa, según creo.

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