Respiramos entre veinte mil y veinticinco mil veces al día. Es un acto tan automático que rara vez le prestamos atención. Sin embargo de él depende en gran medida nuestro equilibrio físico y emocional.
Cada inhalación y cada exhalación mandan señales directas al sistema nervioso activando o desactivando ciertos mecanismos que gobernarán nuestro día a día.
Cuando esa respiración es superficial, acelerada y bucal --como le ocurre según los expertos a la mayoría de la población-- el cuerpo entra en un estado de alerta permanente que termina pasando factura: ansiedad, fatiga, insomnio, enfermedades que se manifiestan sin que sepamos identificar su origen.
Aprender a respirar bien no es por tanto una moda o experiencia pasajera reservada a espacios de meditación.
“La respiración consciente es la herramienta más poderosa que tenemos para autorregular nuestro sistema nervioso. Y además es gratis”, afirma Marta Planells.
Neurociencia
Planells es fundadora, junto a Juan D’Angelo, de The Breath Act, una escuela de breathwork (respiración consciente) donde enseñan a reprogramar nuestra forma de respirar uniendo principios de neurociencia y técnicas ancestrales de respiración.
Sabe de lo que habla. Fue precisamente esa práctica lo que le permitió sanar una dolencia que los médicos habían calificado de incurable.
Marta Planells y D'Angelo, fundadores de The Breath
Del estrés crónico al colapso
Antes de crear The Breath Act, Marta trabajó durante 11 años como directiva en una empresa de ocio, viajando constantemente, con mucha responsabilidad y un ritmo frenético.
A eso se sumaba una carga emocional que arrastraba desde una infancia marcada por traumas que, sin saberlo, la iban marcando. A los 30 años colapsó.
Experiencia
“Enfermé con migraña crónica diaria. Un tipo de enfermedad que solo sufre un 1% de la población. Era un dolor constante: 24 horas al día, 7 días a la semana los 365 días del año”, cuenta a Mujeres en Crónica.
Aquello paralizó por completo todas las áreas de su vida. Tuvo que dejar de trabajar, justo se acaba de casar y se quedó embarazada. Cayó en depresión, su matrimonio entró en crisis y comenzó una búsqueda desesperada de soluciones.
Ayuda
“Recurrí primero a la medicina tradicional. Acudí a los mejores neurólogos de España, de cita en cita, de prueba en prueba. Probaron conmigo todos los tratamientos que había en el mercado en ese momento para la migraña crónica”.
Exploró incluso terapias alternativas. Nada funcionaba. “Necesitaba encontrar a alguien que me sanase, que tuviese la solución a mis problemas”, recuerda, consciente ahora de que aquella búsqueda estuvo mal enfocada desde el principio. Siempre miraba hacia fuera, esperando que la solución llegara de otra persona.
Sanar desde el interior
El punto de inflexión llegó tras la lectura de El placebo eres tú, un libro del célebre doctor Joe Dispenza, que le hizo comprender que la sanación no estaba fuera sino en el trabajo interior.
Viajó junto a su pareja a un retiro del doctor Dispenza en Cancún en plena pandemia. Y en paralelo comenzó a experimentar con la respiración consciente, combinada con meditación y estudios de neurociencia, porque sabía que ese era el camino.
Charla de The Breath Act
"Incurable"
“Gracias a eso logré sanarme cuando los médicos me habían puesto literalmente la etiqueta de incurable”. Recuerda con una precisión casi dolorosa la última consulta con su neurólogo cuando le recomendó resignarse a vivir con dolor crónico.
Tenía entonces 32 años y se negó a aceptarlo. “Tenía la certeza de que si yo misma había caído aquí, yo misma lo podía transformar”, explica. “Y a partir de ahí, con mucho compromiso y un profundo cambio personal, logré transformarme y sanarme de la enfermedad”. Hoy, años después, lleva una vida plena, sin migrañas ni dolor.
Enseñar a respirar a la humanidad
Esa transformación personal les empujó a compartir con el mundo todo lo que habían aprendido. Se formaron con mentores en Estados Unidos, ya que en España la respiración consciente apenas tenía presencia y, cuando la tenía, era en círculos reducidos y circunscritos a ámbitos “más espirituales”.
Ambos, muy terrenales y con un perfil marcadamente corporativo, entendieron que era una herramienta potente y universal. “Hoy todos sufrimos estrés, temas emocionales, todos llevamos una mochila a cuestas”.
Más presencia
Así nació The Breath Act con el propósito de divulgar esta práctica por todo el mundo de habla hispana. Reconoce que aunque en España cuesta, cada vez está calando más y va entrando en diversos ámbitos, como el hospitalario o el deportivo.
Sectores donde precisamente el estrés está a la orden del día. Consciente de que es un mal que padecemos prácticamente todos en mayor o menor medida, para Marta, la clave no radica en dedicar horas a respirar con los ojos cerrados.
Es incorporar la conciencia respiratoria a los gestos más cotidianos: mientras te duchas, envías un email o estás en la cola del supermercado.
Respirar de forma consciente es fundamental para mantener el equilibrio físico, mental y emocional
Consciencia
“Se trata de que estés haciendo lo que estés haciendo, a la vez seas consciente de la respiración”. Es decir, inhalar y exhalar por la nariz durante unos pocos segundos involucrando el diafragma. Son pequeños cambios, pero también advierte que tomar conciencia requiere esfuerzo.
“Si no hay compromiso nos quedamos en el mismo punto en el que estamos. Para cambiar algo en ti tienes que comprometerte”. Y considera especialmente importantes los primeros y los últimos minutos del día. Unos determinarán el resto de la jornada, los otros activarán el descanso.
Se trata, finalmente, de tomar conciencia de nuestro cuerpo, de su funcionamiento, de cómo nuestras acciones influyen en él pero sin tener que detenerlo todo. Quizá por eso su objetivo va mucho más allá de una técnica.
“Nuestro propósito, desde que empezamos The Breath Act, es cambiar el modo en que respira la humanidad”.
