En una época en que la inteligencia artificial es capaz de generar información de dudosa veracidad, generando confusión y desconfianza entre el público, la fotografía documental se alza como un valor en alza imprescindible, aunque también se enfrenta a grandes desafíos.
Para Silvia Omedes (Barcelona, 1971), directora y alma mater de Photographic Social Vision, este contexto de escepticismo generalizado lejos de restar valor al fotoperiodismo, refuerza el papel de un oficio vocacional y de valiosos códigos éticos como herramienta esencial para comprender un mundo tan complejo.
“Es muy importante que los medios que toda la vida han confiado en el periodismo de investigación trabajen a la par con fotógrafos que trabajan en la misma dirección”, explica a Mujeres en Crónica.
Trabajos de la fundación de Silvia Omedes
Esa convicción ha guiado el cuarto de siglo que lleva al frente de un proyecto que nació con vocación de visibilizar todas esas historias que los grandes medios habían dejado de contar, y que defiende el valor de la fotografía documental como motor de conciencia social.
“Creemos profundamente en lo que hacemos y en la capacidad que tiene la fotografía para transformar a las personas”.
Una trayectoria con escala en Nueva York
El camino hacia la fundación que dirige comenzó en Barcelona, donde cursó Historia del Arte.
Tuvo la oportunidad de trasladarse a Nueva York para finalizar la carrera en la New School y estudiar asignaturas que realmente le interesaban, como “el arte hecho por mujeres en los años 70, cine, fotografía y fotografía documental, psicología o sociología”.
Entonces ocurrió una de “esas cosas maravillosas que pasan”. Uno de sus tutores le propuso trabajar en el Guggenheim como ayudante de su mujer a cambio de créditos. “Me tiré de cabeza”, recuerda. Aquella experiencia resultó providencial.
En el museo trabajó en equipo y aprendió metodologías de gestión cultural que resultaron ser las mejores. Lo comprobó al regresar e incorporarse al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona donde descubrió que tenían la misma metodología.
“Fue maravilloso porque venía de algo muy teórico como es la Historia del Arte pero tuve la suerte de acabar la carrera haciendo muchas horas en un museo y ganando mucha experiencia”.
Una vocación dividida
En Barcelona compaginó su actividad en el CCCB con un postgrado de fotoperiodismo en la Universidad Autónoma impartido por profesores como Pepe Baeza, Sandra Balcells, Joan Guerrero o Paco Elvira. Recuerda que en aquel momento su cabeza estaba dividida entre dos vocaciones.
Por un lado, su formación en artes visuales, en fotografía documental y en cine era muy sólida, pero su experiencia profesional se había desarrollado en torno a la gestión cultural. “¿Qué hacía, gestión o fotografía?, porque yo quería ser fotógrafa”.
Silvia Omedes, trabajando
Fue el mismo posgrado el que señaló cuál sería finalmente su papel. “Me di cuenta que disfrutaba mucho haciendo fotos, pero que había gente con un talento extraordinario que sabían narrar visualmente de manera maravillosa y que tenían historias escondidas en cajones”. Proyectos admirables hechos por vocación o encargos que finalmente los medios decidieron no publicar.
Silvia sintió casi como suya esa frustración y llegó a una conclusión que definiría el resto de su trayectoria. “Si existía tanto fotoperiodista en este país con ganas de documentar y compartir y a los medios, por su modelo de negocio, no les interesa, pensé que sería más útil apoyar la difusión de estos trabajos”.
Detrás de esa decisión había una motivación personal profunda ligada a un valor que la define. “La justicia es algo que me motiva muchísimo en todos los aspectos de la vida: Me gustan las causas justas, transparentes, me gusta la gente honesta”.
Y también una convicción: “Cuando el público se identifica con una historia bien contada, es imbatible (...) Y se promueve la acción, la opinión pública o al menos una opinión más informada”.
Veinticinco años de gestión cultural
La fundación nace con este objetivo: “Apoyar a grandes profesionales y grandes historias para que lleguen a la sociedad”. Un cuarto de siglo después el balance de este loable proyecto cultural incluye exposiciones, debates, publicaciones de libros o talleres de fotografía participativa y de educación visual.
Otro de los cometidos del equipo es el de salvaguardar y difundir archivos de grandes fotógrafos del siglo XX para que no caigan en el olvido: Oriol Maspons, Leopoldo Pomés o Ramón Freixa se encuentran entre ellos, pero reconoce que figuras como la de Mey Rahola, Joana Biarnés, Isabel Azcárate o, más recientemente Anna Turbau, han sido determinantes para “explicar qué hacíamos y cómo lo hacíamos”.
Todos ellos fotógrafos maravillosos que nunca han sido suficientemente reconocidos, especialmente las mujeres.
La fotografía como valor cultural
Ese menosprecio generalizado por la fotografía en España tiene, según Silvia, raíces históricas y culturales muy concretas.
“En los periódicos, y son tendencias internacionales, hasta los años 60 la fotografía es una ilustración de un texto, y al fotógrafo se le considera prácticamente un ilustrador visual y no acreditan”.
Silvia Omedes, trabajando
El World Press Photo se fundó precisamente en 1955 en parte por esta frustración de no ser reconocidos. A esa falta de sensibilidad se sumó el contexto político español. Los cuarenta años de dictadura limitaron el reconocimiento de numerosas disciplinas artísticas y frenaron la creación de una auténtica cultura visual.
Mientras otros países comenzaban a incorporar la fotografía documental a museos y colecciones, en España apenas existían especialistas en gestión fotográfica o coleccionistas interesados en este patrimonio.
Sin embargo, Omedes percibe motivos para el optimismo. La creación de un futuro Centro Nacional de Fotografía representa, en su opinión, una oportunidad histórica para situar finalmente la fotografía en el lugar que merece.
Porque más allá de su valor artístico, la fotografía documental continúa siendo una gran herramienta de sensibilización social.
“El fotoperiodismo y la fotografía documental se han de entender como una lupa que nos ayuda a enfocar mejor sobre cualquier cosa que nos afecta a los humanos, aunque sea el patio trasero de nuestra casa. Un fotoperiodista se puede focalizar en una historia muy concreta y estar hablando prácticamente de media humanidad”.
En un tiempo dominado por el exceso de imágenes, quizá nunca había sido tan necesario aprender a mirar.
La importancia de la alfabetización visual
Por eso, una de las grandes prioridades de Photographic Social Vision es la alfabetización visual.
Cada año organizan visitas guiadas al World Press Photo para enseñar a “interpretar los distintos niveles de lectura de una imagen: lo icónico, lo simbólico, lo metafórico, lo que es información objetiva; pero también a discernir cuál es la intención del fotógrafo, dónde está su punto de vista y por qué lo escoge, a quién está hablando o cómo está tratando el tema”.
Además, precisa, es fundamental saber de dónde sale la información, si se trata de un freelance, de un fotógrafo de agencia o que trabaja para un medio o cómo funciona la industria de los medios de comunicación. “Este tipo de formación debería estar integrada en el currículo escolar porque en un año, con chavales de más de 12, lo entenderían para siempre”.
Partiendo de esta reflexión, la Fundación ha desarrollado un programa piloto para introducir la alfabetización visual en los centros educativos. “En principio, empezaremos en septiembre en dos centros de Barcelona, pero nos encantaría que fuera escalable y se fuera aplicando en otras comunidades autónomas”.
La IA, una herramienta poderosa pero con criterio
La irrupción de Inteligencia Artificial refuerza aún más esa necesidad. Lejos de demonizar la tecnología, Silvia considera las IAs generativas son una herramienta creativa perfectamente válida, siempre que su utilización sea transparente.
”Se pueden crear imágenes maravillosas con un pincel, una cámara, con inteligencia artificial, es increíble. Lo importante es que esas imágenes no generen un mensaje incorrecto o falso. Eso es lo perseguible legal y éticamente”.
En este escenario, iniciativas como la verificación exhaustiva de las imágenes seleccionadas en World Press Photo representan una garantía imprescindible en tiempos de creciente desinformación.
Y en este contexto reivindica la importancia del buen periodismo, del trabajo de todos esos profesionales que investigan sobre el terreno. Personas como los fotógrafos documentales que, a menudo, afrontan condiciones laborales muy precarias y aún así mantienen una extraordinaria sintonía entre sus valores y su forma de entender el mundo.
“Es muy difícil sobrevivir a ello. Para mí son héroes”.
