Sergio Codonyer siempre tuvo claro que quería dedicarse al mundo de la empresa. “A fecha de hoy me sorprende que la empresa solo sea vista como una organización que produce bienes o servicios, cuando se trata de un vehículo para lograr un impacto social, humano, medioambiental y económico sin igual”, explica.
Diplomado en Empresariales por la Universitat Pompeu Fabra (1996-1999) y Administración de Empresas por la UOC, Codonyer se incorporó enseguida en el mundo de la multinacional, ocupando puestos de alta dirección en Coca-Cola en África, primero en Ghana y después como director para trece países del continente.
“El siguiente paso era ocupar una posición a nivel mundial, pero en Ghana vi, y viví, situaciones que no hubiera imaginado nunca que existieran en pleno siglo XXI: esclavitud infantil, agricultores explotados, deforestación, vertederos electrónicos descontrolados… estamos en 2009, ¿todo esto no lo habíamos superado ya?”, pensó entonces.
No era una impresión aislada. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 72 millones de niños trabajan en el África subsahariana. De ellos, alrededor de 2,1 millones participan en el cultivo del cacao en Costa de Marfil y Ghana, países que concentran aproximadamente el 60% de la producción mundial. Diversas investigaciones llevan años denunciando que la pobreza de los agricultores, la presión sobre los precios internacionales y la demanda creciente de chocolate han favorecido situaciones de explotación laboral y degradación ambiental.
"Mi primera reacción fue lograr entender qué estaba pasando, y cómo", explica Codonyer. Durante años investigó la cadena de suministro del cacao y llegó a la conclusión de que muchas de las desigualdades se originaban precisamente allí donde nacía uno de los productos más consumidos del mundo.
Seis años después decidió abandonar la multinacional para intentar demostrar que otra forma de producir cacao era posible. En 2019 fundó Organic Africa Chocolate, una empresa instalada en Sierra Leona cuyo objetivo es producir lo que denomina "cacao limpio", una expresión acuñada por la nutricionista e influencer Carla Zaplana, asesora del proyecto desde sus inicios.
"Yo era un gran comedor de chocolate, pero no sabía nada del sector", reconoce. Para él, el cacao era sinónimo de chocolatinas industriales. "Carla me hizo ver que el cacao es un superalimento", comenta. Además de Zaplana, el proyecto cuenta con la colaboración de la divulgadora especializada en bienestar Marta Vergés. “Marta me enseñó cómo cuidar de uno mismo en cuerpo y alma”, añade el emprendedor.
El concepto de "cacao limpio" va más allá de la alimentación. La empresa defiende un modelo que pretende limpiar toda la cadena de valor: desde el origen de la materia prima hasta el producto que llega al consumidor europeo.
"Estamos ayudando a que los consumidores en Europa coman chocolate sano", sonríe.
Un mercado volátil
Actualmente Organic Africa trabaja con más de 3.000 agricultores de Sierra Leona. A diferencia del modelo tradicional del sector, en el que el cacao suele exportarse como materia prima para transformarse en Europa, buena parte del procesamiento se realiza ya en el propio país africano, con el objetivo de generar mayor valor añadido local. El acabado final se lleva a cabo en el obrador de Esplugues de Llobregat, que actúa principalmente como centro logístico para el mercado europeo.
Los principales clientes están en Suiza, siendo PRONATEC AG uno de ellos, especializado desde hace casi cincuenta años en el suministro de ingredientes orgánicos y de comercio justo para la industria alimentaria. Además, Organic Africa comercializa una pequeña gama propia de chocolates, todos elaborados sin azúcar, ni edulcorantes artificiales añadidos.
Sin embargo, el contexto no es sencillo. El precio internacional del cacao ha vivido en los dos últimos años una volatilidad sin precedentes debido a las malas cosechas en África Occidental, el cambio climático y la presión sobre la oferta, poniendo en tensión a toda la cadena de suministro.
"Limpiar holísticamente una comunidad es un proceso muy lento", admite. "Competimos en un mercado enorme y nosotros somos muy pequeños". Los fuertes movimientos del precio del cacao, añade, "provocan tensiones en los agricultores".
Pese a ello, asegura que la empresa crece alrededor de un 40% anual y confía en mantener ese ritmo. El mercado del chocolate sostenible ha ganado protagonismo durante la última década con marcas como la neerlandesa Tony's Chocolonely, nacida con el objetivo de combatir la esclavitud en la producción de cacao. Sin embargo, Codonyer considera que todavía queda mucho camino para conseguir cadenas de suministro completamente transparentes.
Acompañar, no ayudar
Después de casi dos décadas viviendo y trabajando en África, tiene claro que la mejor herramienta para combatir la pobreza no es la ayuda humanitaria, sino la creación de oportunidades económicas.
"Lo que hacemos es acompañar a los agricultores, crear posibilidades, no les regalamos nada”, explica.
Cuando se le pregunta qué diría a un joven directivo que esté pensando en abandonar una carrera corporativa para emprender un proyecto propio, responde sin hablar de rentabilidad ni de éxito empresarial:
"Al final de tu vida, cuando mires atrás, ¿qué quieres ver?"
Codonyer reconoce que buena parte de lo conseguido no habría sido posible sin la experiencia, conocimiento y la red de contactos que construyó durante sus años en Coca-Cola, tanto con administraciones como con gobiernos africanos, pero también sin haber convivido durante años con los agricultores y comprender de primera mano sus necesidades. Ahora trabaja junto a Esade en la elaboración de un business case sobre Organic Africa Chocolate con un objetivo poco habitual entre los emprendedores: que otros puedan replicar el modelo. "Que nos copien", resume, "y que puedan evitar los errores que nosotros ya hemos cometido".
