Antònia Folguera, comisaria del Sónar+D

Antònia Folguera, comisaria del Sónar+D Cedida

Creación

Antònia Folguera, comisaria del Sónar+D: "En Barcelona hay un ecosistema de artistas increíbles"

La comisaria y comunicadora catalana es una figura clave en la intersección entre el arte y la cultura digitales, la música electrónica y la comunicación

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La historia de Antònia Folguera (Lleida, 1973) comenzó en su adolescencia, cuando llamó a la puerta de la emisora de su pueblo, que necesitaba hacer un programa de música electrónica.

A partir de ahí, no paró de crecer su curiosidad. No solo por la música, sino por el propio funcionamiento de la tecnología que, como mente inquieta que es, la llevó a la física, la ciencia, el arte y una extensa lista de intereses que, lejos de parecer antagónicos, confluyen en un espacio infinito donde experimentar.

Llegó incluso a crear, junto a un colectivo de hackers, un proyecto bastante pionero: una plataforma de streaming, “que era como YouTube, pero en 2003”, cuenta a Mujeres en Crónica.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que su trayectoria combine la curaduría de proyectos culturales con la creación de contenidos que exploran las posibilidades de lo tecnológico, de lo digital, especialmente en ámbitos como la música electrónica y los nuevos formatos narrativos.

Desde su implicación en eventos como Sónar+D; el festival Eufònic de Terres de l’Ebre o, más recientemente, como comisaria de “Lux Mundi” –una experiencia de arte digital con motivo del 900 aniversario de la consagración de Sant Climent de Taüll–, impulsa espacios e ideas donde la experimentación y el pensamiento crítico dialogan con la innovación tecnológica.

--Dice que trabaja con artistas, pensadoras y organizaciones para dar forma al futuro de la cultura. ¿Cuál es ese futuro?

--Mira, no lo sé, pero me divierto mucho intentando averiguarlo, intentando anticiparme, e impulsando determinados proyectos a crearlo. Es un poco lo que hace el comisariado, poner en contacto personas, ideas, proyectos para que, a veces, hagan lo que hacen normalmente, pero muchas otras, para dar lugar a cosas nuevas.

No sé cuál será el futuro, pero me gusta pensar, ¿qué sucederá si empiezo esto o aquello? Del mismo modo que cuando conocí a los hackers, e iniciamos una plataforma de streaming, abrimos una nueva vía. Nadie lo veía, pero todos los que formamos parte teníamos claro que era el futuro.

Antònia Folguera combina el comisariado con la creación de contenidos que exploran lo tecnológico

Antònia Folguera combina el comisariado con la creación de contenidos que exploran lo tecnológico Cedida

En esta búsqueda de nuevas vías, hay algo que me interesa, y que hemos tratado anteriormente en Sónar+D, es lo que llamo "tecnologías no binarias". Estamos, y seguiremos estando durante mucho tiempo, en el mundo de la tecnología digital. Una tecnología hecha con un código que son ceros y unos, una tecnología binaria o clásica. ¿Qué hay más allá? Por un lado está la computación cuántica, que trabaja con una lógica completamente distinta, basada en el uso de bits cuánticos. Y, por otro, lado la genética. Hoy en día, hay artistas trabajando y experimentando con ADN sintético, con genética.

También está toda la parte de la biocomputación, que creo entronca muy bien con esa búsqueda de tecnologías más limpias que se asemejen a la biología, a la naturaleza. De hecho, actualmente se investiga con ordenadores biológicos que se fabricarán con materiales que puedes hacer crecer, como las plantas o como células en un caldo de cultivo, y no con materiales extractivos como hasta ahora.

Esto no es necesariamente el futuro de la cultura, pero creo que una parte del futuro de la tecnología irá en esta dirección, de hecho ya apunta hacia aquí. Y mientras haya artistas investigando en serio en estas direcciones, pienso que por aquí hay un futuro posible por explorar, porque esto formará parte de la producción cultural y, en algún momento, del lenguaje cultural.

--Las líneas divisorias entre disciplinas son cada vez más difusas, menos limitantes también. No se ven como opuestos, sino como ámbitos que se alimentan mutuamente

--Totalmente. Hay otra parte que me interesa especialmente, y es que los artistas hacen un muy buen mal uso de la tecnología. Cogen tecnologías y las usan para algo distinto de lo que fueron creadas, abriendo así puertas a posibilidades. Hay un ejemplo muy relevante. El artista visual John Whitney adquirió un ordenador obsoleto del Ejército de los EEUU que tenía un software para medir la trayectoria de los misiles. Y, jugando con esto, inventó los gráficos de movimiento y los gráficos por ordenador. Él era artista, hacía animación, películas, y jugando con este software inventó un lenguaje que no ha hecho más que crecer.

Es decir, tenemos los videojuegos, imágenes en 3D o generadas con inteligencia artificial que son casi imposible distinguir de la realidad, que son increíblemente realistas, y fue un artista usando mal la tecnología el que desencadenó todo esto.

Por tanto, mi teoría es que cuanto antes haya artistas que se apropien de determinadas tecnologías y las usen para hacer arte, mejor. Porque de esta manera quiero pensar que los humanos nos garantizamos tener algo que decir sobre el desarrollo de esta tecnología.

--Sónar+D traslada su sede a la Llotja de Mar. ¿Este cambio responde a una cuestión práctica, o hay cierto guiño a la reivindicación del factor humano en un entorno cada vez más automatizado?

--Hoy en día, la mayoría de proyectos culturales más innovadores, ya vengan de la música o del arte visual, buscan inspiración en lo ancestral, en lo clásico.

Actualmente, todo va muy rápido, y el mundo digital es increíblemente efímero, todo tiene una fecha de caducidad muy limitada.

Sónar+D impulsa actividades de I+D relacionadas con la cultura y la creatividad

Sónar+D impulsa actividades de I+D relacionadas con la cultura y la creatividad Cedida

Por tanto, hay algo poético en celebrar un festival en un sitio centenario, porque genera contraste, porque te conecta con el arte, con una arquitectura que durará muchísimo más que nosotros y que la mayoría de tecnologías digitales.

Creo que sirve también para reivindicar lo humano y reivindicar, además, que la innovación, el arte creado con máquinas, la cultura digital, no es una seta que nace por generación espontánea, sino el resultado de un continuum que empezó, imagino, cuando los humanos dejaron de ser primates.

--En cierto modo es una evolución lógica

--Sí, pero a veces me da la sensación que tiene un espacio-temporalidad extraño, porque cada vez todo va más rápido, más acelerado. Pero, al mismo tiempo, cuando miras atrás, tecnologías que parecen muy nuevas, como la inteligencia artificial, ves que tiene 70 años. O, por ejemplo, los primeros experimentos relevantes sobre realidad virtual existen desde los años 50 o 60. Es decir, las ideas no son siempre tan nuevas como parecen. Ramón Llull (siglo XIII) ya produjo una serie de ideas que no se han materializado hasta el siglo XXI.

También creo que ha habido –desde el ámbito de la cultura y del arte, aunque se puede extrapolar a todo– cierta tendencia a cerrar las cosas en especialidades. Por ejemplo, en la música con los géneros. Hoy en día todo es más heterodoxo, pero tradicionalmente, en la industria discográfica había rock, new age, electrónica, disco…

Del mismo modo, el conocimiento en el siglo XX se ha puesto en silos: biología, física, etcétera, cuando en realidad todo funciona de manera conectada. Y cuando amplías la mirada, te alejas y tienes esta panorámica de lo que sucede, no puedes entender el arte, la cultura, la ciencia, la tecnología o el mundo en el que vives, si no eres capaz de ver las conexiones que suceden entre todas estas cosas, que hay una porosidad que permite esos flujos, una comunicación que va de un lado para otro y que, en cierto modo, es lo que permite que evolucionemos, que exista la innovación.

--Como comisaria, ¿cómo se traduce esa reivindicación de lo humano en la elección de proyectos, ponentes o experiencias?

--Primero, porque los humanos son siempre los protagonistas de Sónar+D por encima de proyectos concretos. Nos gusta invitar a personas con perfiles poliédricos, que tienen una mente abierta, curiosa, que miran más allá. Además, este año, una parte importante del programa es internet, porque al final todo va a parar allí. Es como un pegamento en el que nos unimos todos, ya sea la parte científica, la empresarial, la educativa, las personas… todo vive y acaba en internet. Es como una especie de proyección astral de lo humano que existe en lo digital.

También estamos en un momento en que la IA nos hace cuestionarnos nuestra humanidad, cómo nos relacionamos con los otros seres de nuestro mundo, nuestro papel de humano al lado de la tecnología. Nos sentimos superiores, pero las hormigas o las abejas son muy avanzadas y tienen sus propias civilizaciones; los micelios de los hongos conectan las raíces de árboles y plantas a través de miles de kilómetros; y las ballenas producen cantos, complejas estructuras musicales, desde hace milenios. Todas estas cuestiones están latentes, porque hay una tecnología creada por humanos que hace cosas mejor y más rápido que nosotros, y puede sustituirnos.

Al mismo tiempo, vivimos un momento de crisis climática, de cambio global, y creo que todo está conectado. Nada sucede de manera aleatoria, aunque lo parezca. Hemos intentado plasmar todos estos temas en Sónar+D invitando a artistas, a científicos, a techies, a gente que imagina. (...) Por ejemplo, Yancey Strickler, uno de los fundadores de Kickstarter, una plataforma popular para financiar proyectos creativos. Él, ahora mismo, está emprendiendo proyectos bastante relevantes, Dark Forest (Bosque oscuro) es uno de ellos.

Imágen de ambiente de Sónar+D

Imágen de ambiente de Sónar+D Cedida

Se trata de avanzar hacia una internet más privada y descentralizada, fuera del alcance de las grandes tecnológicas para que podamos desarrollar nuestros proyectos, comunicarnos, existir, sin ser moneda de cambio. También hemos invitado a una serie de artistas que están usando internet, no solo como plataforma, sino como herramienta o, casi diría, como materia prima de su trabajo.

Personajes muy interesantes, como Joana Moll, premio Ciudad de Barcelona 2026; también estará Mindy Seu que ha hecho un libro increíble titulado A Sexual History of Internet; o Chia Amisola, artista y desarrolladora web. Pero este factor humano lo exploramos, sobre todo, desde este punto de vista de estar en el escenario. Por ejemplo, el escenario principal será redondo con público alrededor. Y la mayoría de ponentes y artistas trabajará la interactividad, la relación con el público.

--Se trata de involucrar, de interactuar con el espectador, que no sea un sujeto pasivo

--Eso es, va a ser un congreso anti PowerPoint. Será teatral. Porque hoy en día, en un momento en el que con IA puedes hacer una película entera y apenas darte cuenta de si lo que ves es real o no, creo que lo que tiene más futuro a nivel audiovisual es cualquier cosa en la que los humanos estemos ahí, de cuerpo presente. Veo más futuro al teatro que al cine o al audiovisual. Le veo más futuro a la realidad virtual porque al final, aunque los mundos que se crean sean sintéticos, tú estás ahí con el cuerpo. Y eso es precisamente lo que queremos reivindicar, lo humano, la presencia corporal encarnada, el estar ahí en persona, porque esto de momento no se puede replicar.

--Desde esta edición, Sónar+D será gestionado íntegramente por la Fundación Sónar ¿Qué cambios implica más allá de lo estructural?

--A nivel de contenidos, que es lo que a mí me atañe, no afecta. Seguiremos haciendo lo que hemos estado haciendo hasta ahora. Iremos evolucionando con los tiempos a medida que los artistas nos proponen cosas distintas cada año.

--¿Qué tipo de proyectos o líneas de investigación le interesan impulsar especialmente ahora?

--Este año, aparte de internet y este aspecto de la teatralidad, de la corporalidad, es el tercer año en el que celebramos el AI & Music Festival, un proyecto impulsado por la Comisión Europea, en el que nos hemos preguntado en relación a la IA y la música. No se trata tanto de plantear si los humanos van a ser borrados de la ecuación o de las posibles crisis que pueda vivir la industria, sino de asumir que la inteligencia artificial no se va a ir a ningún lado, se va a quedar a vivir con nosotros y tendremos que acostumbrarnos a ella. Pero sí es verdad que entre los pioneros de la IA y la música, lo que encuentras son músicos que tienen como una doble personalidad: ingenieros o científicos que, además, son músicos o les encanta la música, o investigadores y académicos que también son músicos. Y todos ellos se han preguntado si las máquinas podían hacer música tan bien o mejor que los humanos. Pero en su cabeza nunca han querido borrar al artista del panorama, sino darle a los artistas, o a quien tenga ganas de expresarse, herramientas que le permitan expresarse de formas nuevas.

--Sónar+D ha sido desde su fundación un espacio para la experimentación. Un punto de encuentro entre arte, ciencia y tecnología. ¿Qué nuevas tensiones o diálogos entre disciplinas le parecen ahora mismo más relevantes?

--Pues no sé si hay tensiones, pero en Sónar+D nos autodefinidos como antidisciplinares. También porque la relación entre disciplinas puede ser, y es, muy flexible, pero creemos que cuando te escapas precisamente de estos silos que te decía, entras en un territorio distinto, propio, que te permite construir cosas que todavía no existen, construir algo distinto y muy propio. Eso es lo que intentamos. Hay muchos festivales de arte, ciencia y tecnología, hay exposiciones, hay eventos, pero intentamos que Sonar+D tenga su propio carácter.

--En un contexto global saturado de eventos tech/creativos, ¿qué valor específico aporta Barcelona dentro de esa red?

--Barcelona tiene muchas cosas. La primera es que tiene una dilatada historia en la que ha habido colectivos, artistas, personajes, investigadores, etcétera, que han creado proyectos o eventos en torno a todas estas cuestiones. Nada de esto acaba de salir ahora por generación espontánea.

En Barcelona hay, además, escena con varios eventos relevantes, como Sónar y Sónar+D, pero también otros distintos. Hay muchas universidades con una oferta educativa dedicada a las tecnologías creativas, donde vienen estudiantes de todo el mundo, y hay un ecosistema de artistas increíbles.

Por tanto, creo que, de toda la gradación de formatos que existen de arte digital o de arte ciencia y tecnología, en Barcelona hay una comunidad en la que todos los grados están representados con gente con muchísimo talento y que lo peta aquí y fuera.

--¿Cree posible un futuro donde lo humano y lo automatizado convivan de forma equilibrada en la cultura digital o estamos ante un cambio radical de paradigma?

--Me gustaría saberlo, pero no lo sé. Me gustaría decirte que sí es posible. Ahora mismo hay quien pinta escenarios completamente apocalípticos, y no les falta razón, pero también hay gente que pinta escenarios muy positivos, optimistas, incluso utópicos según cómo, que creo tampoco les falta razón. Lo que sí me cuesta pensar es que exista solamente un mundo automatizado. Y me pregunto ¿para quién es beneficioso este mundo?

Volviendo a internet, una buena parte de su contenido está generado por inteligencia artificial. Luego las redes sociales, las plataformas de streaming, etcétera, necesitan estas visualizaciones o estas escuchas cosméticas. Y, desde hace mucho, es habitual comprar bots –que, además, son baratos– que visualizan, para tener más seguidores, que dan likes para generar éxito. Es decir, me da la sensación que se está creando un mundo en el que hay contenido automatizado para bots.

Entonces, ¿dónde quedamos los humanos, si al final todo es de cara a la galería? En este panorama distópico, lo mejor que podemos hacer es conocer lo mejor posible las tecnologías que van apareciendo. Esto no quiere decir que nos convirtamos en científicos o informáticos profesionales o que aprendamos a programar, pero sí intentar tener una comprensión lo más profunda posible para poder tomar decisiones, para poder juzgar y también para entender con mentalidad crítica este mundo automatizado.