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Nao Albet y Marcel Borràs: “Ya no nos llaman ‘enfants terribles’, ahora nos dicen los mimados”
Los actores y dramaturgos catalanes reflexionan sobre la relación entre los hombres y la violencia: "¿Hasta qué punto es lícito que el arte se mantenga al margen?"
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En medio de la entrevista con Nao Albet y Marcel Borràs en el Teatre Lliure, el primero detecta algo en el exterior e interrumpe la conversación: unos chicos están haciendo un rondo muy particular.
La imagen no puede ser más acorde con la charla y con la obra que están representando en la Sala Fabià Puigserver, Els estunmen. En ella, los creadores ponen en escena a cantantes de ópera y dobles de acción profesionales del cine para reflexionar sobre la masculinidad.
“Es que estamos hablando de la violencia de los hombres y estos niños están jugando a hacer un rondo, pero el del medio lleva un cinturón en la mano y está dando cinturonazos a los que se le acercan, y esa es la gracia del juego”, observa Albet.
“Y se lo están pasando en grande, sobreestimulados, grabándose con el móvil… ¡A cinturón limpio!”, comenta perplejo el también actor. Una imagen que hace pensar que, por mucho que el tema pueda parecer ya cansino, la realidad se impone. La relación entre la violencia y el hombre está allí, como algo atávico, casi.
Nao Albet y Marcel Borràs Teatre Lliure
Parece que, por mucha literatura que haya al respecto y que se hagan obras y películas, hay una realidad que se impone, ¿no? ¿Esto es imposible de cambiar?
Nao Albet (N): No lo sé. Está claro que, si hablamos nosotros, no afecta a nadie. Nosotros somos cuatro gatos y el teatro es un mundo muy pequeño, y más el teatro contemporáneo. Si esto fuese un blockbuster o estuviese en Broadway, quizás sería diferente, pero en el fondo hasta que no lo haga Netflix, que también lo ha hecho…
Pero no sé si seremos capaces de cambiar algo con la cultura, espero que sí. Uno de los motivos por los que, con Marcel, hemos abordado esta temática es porque, de alguna manera, nos atraviesa a nosotros en nuestro día a día también.
Es un poco iluso pensar que somos capaces de cambiar las cosas desde el teatro, pero sí que está esa voluntad de pensar y, si ha de servir de algo, un motivo más para hablar de esto.
Aunque se habla mucho de lo costoso que parece el espectáculo. ¿No da un poco de rabia que solo se hable del dinero que ha costado?
N: Sí, porque además no ha costado tanto dinero. Ha costado, pero también tenemos el hándicap de que hay muchos efectos especiales y parecen más caros de lo que realmente han sido.
Lo digo porque, viendo la obra y las referencias bibliográficas que han utilizado, se ve que hay algo más.
N: Sí, hemos leído bastantes cosas diferentes. Como dices, hemos hecho una inmersión heavy en los temas de la violencia, la masculinidad, la figura del héroe. Marcel ha leído un par de libros que relacionaban al héroe con el mundo del cine.
Marcel Borràs (M): Sí, hay mucha teoría. También leímos sobre nuevas masculinidades y un poco sobre el fenómeno de los asesinatos en masa.
Empieza así la obra, con unos datos que asustan
N: Sí, ese dato que pone un poco la piel de gallina. A lo largo de la historia solo hay registrados nueve casos de tiroteos masivos perpetrados por chicas, frente a los dos mil cincuenta y no sé cuántos perpetrados por chicos.
Y con tanta lectura y trabajo dedicado a ello, ¿qué creen que ha hecho que el hombre tenga esta pasión o esta obsesión por la violencia?
M: Yo creo que es multifactorial. Es el debate eterno de qué parte biológica reside en este hecho y qué parte es cultural. Yo creo que es una combinación de todas las cosas. Lo que está claro es que estamos en un momento bonito en el que una parte del mundo puede ponerse en duda, reflexionar y también ver cuáles son las consecuencias negativas de esto. Porque, como se dice en la obra, si bien hay unas pocas consecuencias positivas de que la masculinidad sea como es, también hay muchas negativas.
Es muy importante que los propios hombres reflexionemos sobre eso, sobre cómo somos.
Lo cierto es que, para denunciarlo, ustedes también usan esa violencia, la muestran sobre el escenario. ¿Es posible no hacerlo así?
N: Sí, hay una voluntad de embellecer la violencia, algo que nosotros en la propia obra criticamos, porque es parte de la tradición que hemos tenido nosotros, sobre todo de nuestra generación, a través del cine. Pero, a su vez, Marcel y yo también lo hemos acabado haciendo en nuestras obras. Por ejemplo, una marca que aparece en todas nuestras obras es la de las pistolas. En muchas de nuestras piezas siempre aparecen pistolas de fuego y mucha violencia y tal. Así que, de alguna manera, nosotros también somos culpables de estetizar esta violencia.
Aquí queríamos reflexionar sobre esto: ¿hasta qué punto es lícito que el arte se mantenga al margen? ¿El arte puede hablar de todo? ¿No hace falta que la corrección política entre dentro de las elecciones estéticas o de contenidos de una obra de arte? ¿O sí? ¿O tenemos que mantenernos al margen de esto? Estas reflexiones aparecen de manera directa o indirecta en los espectáculos.
M: Y también nos parecía que el hecho de que el espectáculo tuviera una dosis alta de testosterona y de violencia hacía que la distancia entre la protagonista y esta violencia fuera más grande y, por lo tanto, que el viaje fuera más épico. Si la violencia hubiese sido menos explícita, habría sido un espectáculo diferente.
Marcel Borràs en 'Els estunmen' Teatre Lliure
Una protagonista, Evangelina, que no siempre fue pensada como mujer, ¿no es cierto?
M: Sí, durante un tiempo pensamos que queríamos que el protagonista fuera un padre al que le hubiera pasado una tragedia similar e intentara vengar a su hijo y hablar de este macho y de la transformación que sufre este tipo.
Luego nos dimos cuenta de que quizás era más interesante irnos al sexo opuesto para que la distancia fuera aún más grande y evidente.
Ella, como el resto de personajes, tiene sus dobles. Están los estunmen que ponen el cuerpo y detrás sus voces, que son las de otras personas. ¿Era una manera de marcar también lo que se muestra y qué hay detrás?
N: Sí, este gesto nos sirve por varios factores. Porque, por una parte, podemos reflexionar sobre uno de los temas centrales en nuestra obra, que es el de la realidad y la ficción. La idea del original y la copia, del doble, nos permite acabar reflexionando sobre eso. Y después también porque, como los stuntmen siempre están acostumbrados a estar en la sombra, nos hacía gracia, en este caso, ponerlos a ellos en primer término y a los cantantes poniéndoles la voz. Por lo tanto, nos sirve para hacer esta doble jugada y reflexionar sobre dónde está la verdad y la ficción, cuándo comienza cada una.
M: Sí, como vivimos en un mundo en el que ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, en nosotros hay esta pulsión, siempre latente, esa necesidad de colocarnos en este lugar en el que el espectador no sabe qué pasa. A veces, ni nosotros mismos sabemos qué hay detrás de cada cosa. Incluso cuando intentas hacer la capa más meta, porque incluso cuando soy yo hablándote, allí también hay una ficción. Es imposible ser 100% verdadero y, por lo tanto, casi mejor enseñar que nada es verdad.
¿De dónde les viene ese poso filosófico?
N: Bueno, las paradojas sobre la autoficción, que es la temática que habíamos tratado en nuestra última obra y que inevitablemente aparece en toda nuestra obra, siempre nos han interesado mucho.
Yo, concretamente, hice el trabajo de final de grado sobre la autoficción y, por lo tanto, reflexioné mucho sobre este tema y me pareció apasionante. Y el teatro, entre todas las disciplinas artísticas, tiene algo más de verdad. Allí tienes a un intérprete en directo que te está diciendo un texto, por lo tanto no está grabado y se puede equivocar. Eso hace que esté muy cerca de la verdad y, aun así, es imposible alejarse de esta ficción que lo tiñe todo en el mundo del arte en general.
Tratan mucho la autoficción, está muy presente en su obra, pero aquí ustedes no tienen el protagonismo. ¿Van a ir alejándose de eso?
M: No. Viene de querer poner a los estunmen de protagonistas. Y ya pasó con Els esqueiters, que los pusimos a ellos delante y nosotros éramos también unos pseudo filósofos, pensadores renacentistas, que, si bien íbamos apareciendo, el peso de la obra lo tenían ellos, sobre todo.
Marcel Borràs y Nao Albet Teatre Lliure
Bueno, hablan de que 'Els esqueiters' y 'Els estunmen' forman parte de una trilogía. Tiene sentido. Ahora, la pregunta es: ¿sabemos de qué va la tercera parte?
M: No creas.
N: Lo que pasó es que, en medio del proceso de escritura, nos dimos cuenta de que había muchas analogías con esta primera pieza que se llamaba Els esqueiters y nos pareció adecuado encajarlas en una posible trilogía, porque no hay dos sin tres. (Sonríe).
M: Habrá una tercera parte, seguro, sobre todo por el hecho de que nos gusta mucho la idea de intercambiar con gente fuera del teatro. Es un elemento muy divertido, porque te abre muchos universos improbables.
Cuando teníamos la idea de Els esqueiters nos gustó, pero hasta que no tuvo sentido no la hicimos. Fue la propia pieza la que le daba coherencia a todo.
¿Y será otro colectivo?
N: Probablemente. Porque una de las cosas que también nos gusta mucho de trabajar con gente que no son intérpretes o que no están acostumbrados a estar sobre el escenario es volver a la idea de la verdad y la ficción. Hay una manera insoslayable que tienen de estar de una forma tan real sobre el escenario, porque hay una vulnerabilidad, algo que no controlan. Y eso a nosotros nos apasiona: ver a un intérprete en escena que está en la cuerda floja y el espectador lo ve y lo siente.
Hay algo en la mirada o en la manera de atravesar el espacio en lo que, de alguna forma, ves que no están a gusto del todo en ese espacio. Y eso nos recuerda todo el tiempo nuestra fragilidad también como espectadores.
Expresaron su gusto por la hibridación y la mezcla, aquí es claro con la ópera y el cine. ¿Qué aporta, qué les llama la atención, qué se logra? ¿Creen que, de alguna manera, el teatro necesita de esta mezcla?
M: Lo que nos pasa es que casi todo el teatro que nos gusta a nosotros es así. Entonces tampoco lo vemos como algo extraño ni siquiera irreverente. Más bien forma parte de buscar estrategias para conectar con el espectador y para mantenerlo activo viendo la obra. O sea, forma parte de nuestra idiosincrasia.
Pero tampoco sería lo habitual en el teatro, digamos, más comercial o mayoritario. ¿Qué hace que el teatro a veces se quede en esta cosa tan rígida?
N: No lo sé.
M: Yo tampoco.
N: Creo que tiene que ver, entre otras cosas, con que el teatro tiene un componente generacional muy fuerte. Es un tipo de cultura que es bastante cara y eso hace que sea inaccesible para mucha parte de la sociedad y para la parte joven de la ciudad.
M: Pero hay descuentos. A los menores de 30 les sale por 15 o 16 pavos.
No todos los jóvenes lo saben, por eso.
N: Sí, tal vez también es un error de las mismas instituciones o de los teatros a la hora de vender bien o de hacer llegar bien esta información a la gente joven para conseguir que les apetezca venir.
No lo sé. Pero creo que es uno de los motivos por los que tal vez no hay una manera de hacer teatro con una vocación de innovar, porque la gente mayor es de “más vale bueno conocido que malo por conocer”. Ellos preferirán seguir viendo lo mismo de toda la vida, porque les encanta. En cambio, la gente joven sí que es la que, de alguna manera, está abierta a nuevas maneras de explicarnos, supongo.
Ustedes hace tiempo que lo hacen y les llaman los enfants terribles, mimados…
M: Bueno, lo de enfants terribles ya no nos lo dicen, ahora nos han llamado los mimados.
N: ¿Los mimados? Pero ¿éramos niños mimados?
M: Supongo, no lo sé.
N: Pues tampoco lo entiendo.
Escena de 'Els estunmen' Teatre Lliure
Sí, lo he visto. Suena algo despectivo.
N: No sé, me la suda lo que dicen.
M: A veces te encasillan en una cosa como esta de los enfants terribles de una manera genérica para encasillarnos en algo, porque así te ahorras reflexionar sobre lo que has visto, y decir que “son los mimados del teatro” supongo que también es otra manera de encasillarnos. Pero no creo…
O sea, hay muchos más directores en esta ciudad que dirías que están cada año en las salas, en la sala grande del Nacional, muchas más veces que nosotros. Y me parece muy bien, porque tampoco es que yo tenga la necesidad de hacer muchas más obras, pero si es por gente que hace teatro en Barcelona, no creo que seamos los que están más ahí. O sea, hacemos una obra cada tres años, prácticamente.
N: Y con lo de mimados parece que no tengamos el mérito de estar aquí y ha habido un curro de muchos años. Vale, hemos sido privilegiados o hemos tenido la suerte de que confiaron en nosotros siendo muy jóvenes. Confiaron con cuatro chavos, pero confiaron en nosotros. Y considero que, si ahora tenemos la suerte de hacer nuestra primera sala grande ¡a los 35 años!, tampoco sé si somos tan privilegiados. Si a los 35 años hacemos una sala grande con estos medios creo que es, entre otras cosas, porque hay unos méritos que nos hemos trabajado para estar aquí.
Bueno, miremos al futuro. Sabemos que ya trabajan en la siguiente pieza y, como en la anterior obra ya dieron pistas sobre esta ópera con estunmen, que ahora hayan hecho el cartel con IA ¿es una pista que hemos de leer sobre su próxima obra?
N: Ah, amigo, qué buena pregunta, ¿eh? No, pero me estás dando una idea. (Bromea). No, no lo hemos pensado. Sí estamos trabajando ya en otras cosas, pero no van por ahí; además, ya se han hecho muchas sobre la IA.