Mauricio Bach, escritor

Mauricio Bach, escritor Escuela de Escritura de Barcelona / Ateneu Barcelonès

Creación

Mauricio Bach celebra a Cornell y a Marclay

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Ya que el domingo pasado publicamos aquí la preferencia artística de Malcolm Otero, me pareció oportuno preguntarle por la suya a Mauricio Bach, que trabajó, años atrás, en la editorial Destino, con Malcolm, luego dirigió Ariel, colabora con este diario y es, sin duda alguna, uno de los mejores, más exactos, exhaustivos y competentes periodistas culturales de España, además de traductor, autor de cuentos infantiles (que le edita, generalmente, Parramon), y profesor en la escuela de escritura del Ateneo.

En fin, un escritor todoterreno, que lo mismo descubre y explica con claridad cartesiana obras interesantes de la literatura o del arte como del cine.

En el Ateneo, Mauricio Bach también imparte desde el año pasado un curso titulado La vida secreta de las obras de arte, en el que cada sesión está dedicada a un artista y a una obra.

Característico de los rigurosos artículos de Bach es que procura que su personalidad (la de Mauricio) no asome demasiado al texto, salvo en pequeños toques suavemente irónicos. Y siendo él, como persona, bastante secreto, nunca he acabado de estar seguro de si es realmente humano o un robot muy sofisticado, acaso un replicante con una maquinaria cerebral muy sofisticada.

Hablando con él el otro día por teléfono me explicó que, en equipo con su hija, ha traducido Alquimia de bazar, un ensayo poético de Charles Simic sobre Joseph Cornell que editorial Elba publicará a finales de este año. “El mejor, acaso el único modo de aproximarse al arte de Cornell es la poesía”, me dijo. “Por eso la mirada poética de Simic, en sus poemas-ensayos en prosa, es la más brillante aproximación a Cornell”.

Es lógico que cuando le propuse participar en el juego de los domingos, o sea, elegir una obra de arte que le gustaría poseer o contemplar cuando le apeteciese, eligiera precisamente una de Joseph Cornell (1903-1972), el artista norteamericano maestro del assemblage, célebre por sus cajas, en las que reúne objetos dispares, en la estela del surrealismo.

“Elegiría”, me dijo, “una obra de Joseph Cornell, y ya puestos a precisar, Setting for a Fairy Tale [escenario de un cuento de hadas], que se exhibe en la Guggenheim de Venecia".

'Setting for a Fairy Tale'. Fundación Guggenheim, Venecia

'Setting for a Fairy Tale'. Fundación Guggenheim, Venecia

“El coleccionista de cachivaches que convierte sus obsesiones en arte. El creador que parte de materiales de derribo (rescatados en sus paseos por Manhattan de chamarileros y librerías de viejo) para construir sus obras. Están sus obsesiones -sus enamoramientos platónicos de bailarinas y actrices antiguas, sus viajes soñados y nunca realizados-, pero no los transforma en mero arte terapéutico, sino en verdadero arte a través de un lenguaje, el surrealismo. Sus cajas no crean nunca asociaciones obvias. Ensambla objetos que dialogan de un modo no evidente”.

“¿Puedo elegir, además, otra?” Claro. “Bien, pues apunta también ésta: The Clock [el reloj] de Christian Marclay.

Proyección de 'The Clock', de Christian Marclay

Proyección de 'The Clock', de Christian Marclay

“Esta obra también parte de material ajeno: en este caso, fotogramas de películas. La vi en la Tate Modern, donde se proyectaba. Es una película de 24 horas que se proyecta en loop. Ensambla en encadenado escenas sacadas de cientos de películas en las que aparecen relojes. Las ordena cronológicamente y se va marcando el paso del tiempo minuto a minuto, durante las 24 horas de un día. Uno puede entrar y salir de la sala cuando quiere. Su mérito: es lúdico -porque es fascinante ver cómo va conectando las escenas y creando una extraña película cuyo argumento es el paso del tiempo- y profundo a la vez. Porque propone una meditación sobre el tiempo. Es una pirueta que tiene algo de esas obsesivas reconstrucciones de Perec de lugares, recuerdos o sueños. Un arte de la acumulación y una fijación del tiempo y la memoria. Como en Christian Boltanski, otro gran artista contemporáneo...”

Conozco bien las obras de Cornell, pero hasta hablar con Mauricio ignoraba esta película de Marclay, que me parece fascinante. ¿Cuándo, dónde podré verla?

Quizá nunca, pero si la ocasión se presenta, desde luego que no la dejaré pasar.