Llucia Ramis (Palma, 1977) es una escritora bien conocida por sus numerosas colaboraciones en la prensa, en la radio, y por sus libros. Yo la descubrí a raíz de su colaboración en un libro colectivo que se titulaba Odio Barcelona, un libro desigual, pero que tenía el valor de ser como una bofetada a la autocomplacencia y exaltación barcelonesa, que no por casualidad ha llegado a anunciarse como “La millor botiga del món”, la mejor tienda del mundo. La ciudad postolímpica, para alguno de los autores que colaboraban en aquel libro, no era una madre amorosa, sino más bien una madrastra de película de Walt Disney o una entidad indiferente, poco acogedora.
Con Les possessions, Ramis cuadró un libro espléndido, que fue distinguido con el premio Anagrama de novela en catalán, y gustó mucho a lectores exigentes. En castellano la ha publicado Libros del Asteroide. Las “posesiones” son esas casas señoriales en el campo mallorquín, con cuadras y corrales y dependencias agrícolas, a menudo de grandes extensiones. Pero, al mismo tiempo, las “posesiones” son aquellas cosas materiales que determinan nuestro mundo particular, el de cada uno. Larkin ha hablado muy bien de este asunto en un poema desolado y desolador, Mr. Bleaney, del que hemos hablado aquí alguna vez.
Llucia Ramis lleva muchos años pensando en las casas en las que hemos vivido, pensando en qué queda de nosotros en ellas, y qué cuentan ellas de nosotros. Pensando (¡y experimentando!) en cómo afecta la economía especulativa en torno a la vivienda a la calidad de la vida y a la autoestima del ciudadano, en la codicia de unos, en la miseria de otros. Y ahora ha sacado en castellano y en catalán, en las mismas editoriales citadas, un nuevo y estupendo libro, Un metro cuadrado, que es un libro híbrido, un artefacto extraño, original, a la vez ensayo sobre la condición especulativa de la vivienda en Barcelona, en Mallorca, y en otros sitios.
Y, ligada a este ensayo, una memoria personal de los numerosos pisos en los que ha vivido desde que llegó a Barcelona, siendo muy joven, huyendo de la insularidad y de la previsibilidad de la vida que le esperaba en la isla. Cómo eran esos pisos, con quién los compartía, cuánto costaba el alquiler, qué le pasó en ellos.
Cuando me enteré, hace algunos años, de que estaba trabajando en este libro, la felicité personalmente porque, como le dije entonces, la vivienda es el tema. El tema que más afecta y angustia a las nuevas y no tan nuevas generaciones. Ahora acabo de leer este libro, y todavía estoy bajo el impacto de las emociones que suscita y las anécdotas que cuenta, algunas conmovedoras. Me ha impresionado.
He telefoneado a Llucia Ramis para felicitarla, y aproveché para invitarla a participar en el juego de los domingos. Me contestó, horas después, con esta carta:
'Inn', de Cinta Vidal
“Me fascina la obra de Cinta Vidal. Crea atmósferas que condensan el cosmos a través de la relación con la casa. Todo es aquí, ahora. Por ejemplo, en los múltiples universos que hay en una habitación donde una persona lee y otra duerme, y a través de la ventana se ve otro piso donde una pareja charla. Cualquiera de sus cuadros es como un libro capaz de transportarte a lugares en los que sientes que has estado alguna vez”.
Qué elección tan oportuna, tan acorde con el libro que firma Ramis. Cinta Vidal (Barcelona, 1982) es una pintora y muralista con obra en medio mundo. Sus obras son tal como las describe Ramis, imagina espacios domésticos en los que simultáneamente se viven vidas diversas, sin relación las unas con las otras. Son espacios a la vez confortables e inquietantes. Quien lo desee, puede verlos en su web, cintavidal.com.
