Teresa Estapé es un referente de la joyería artística contemporánea

Teresa Estapé es un referente de la joyería artística contemporánea © Yolanda Cardo

Creación

Teresa Estapé, artista: “Mis clientas no compran una joya, compran una parte del Universo”

La creadora barcelonesa, referente en el ámbito de la joyería artística contemporánea, defiende el valor simbólico de las joyas más allá del precio de los materiales

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Teresa Estapé (Barcelona, 1972) recibe a Mujeres en Crónica una mañana lluviosa en el Museo Geominero de Madrid, donde hace apenas unos días inauguró Intimidad Transescalar. Una exquisita muestra donde joya y materia se fusionan en bellísimas piezas cuyo valor no reside tanto en los materiales, sino en su historia, su origen y su simbolismo.

Cercana, generosa con su tiempo y su conocimiento, cuenta que ama las joyas desde que tiene uso de razón. “Era esa niña que, en Navidad, pedía siempre joyas. Se me iluminaban los ojos cuando veía el kit de la Señorita Pepis. Recuerdo abrirlo y ponerme todo lo que había dentro”, también explorar los joyeros de su madre y de su abuela y ponerse sus collares. Aunque una sencilla arandela que encontrara en el suelo, a sus ojos, se convertía en un preciado anillo.

Estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona y joyería en la Escuela Massana, donde tuvo como profesor a Ramón Puig Cuyás. De él aprendió que las joyas no son meros elementos estéticos, sino objetos cargados de significado y simbolismo, como cualquier obra de arte. Aunque todo eso ella ya lo intuía.

- El mundo del arte se resiste a considerar la joyería como un arte, lo ubica en una categoría menor. Pero hay grandes artistas que han explorado esta disciplina

- Hay un momento en el que las bellas artes se escinden de las artes aplicadas que se entienden como algo menor, como artes decorativas, mientras que las bellas artes se consideran algo más elevado. A partir de esta escisión es muy difícil recuperar las artes aplicadas para el mundo del arte.

En los últimos años, hay tendencia a recuperarlas, creo también por una ola feminista que rescata esas artes aplicadas que ya realizaban las mujeres en los 60. Por ejemplo, el textil, que actualmente se está viendo en todas partes, antes se interpretaba como un medio asociado a lo femenino, poco más que mujeres cosiendo. Ahora, en cambio, se considera una práctica artística. Con la cerámica pasa algo similar. En las ferias ves cerámica y textil, cosa que antes no pasaba.

Teresa Estapé reivindica el valor la joyería artística

Teresa Estapé reivindica el valor la joyería artística © Yolanda Cardo

La joyería sigue teniendo la puerta cerrada. Por un lado, creo que es porque se asocia a la riqueza por las connotaciones económicas de los materiales, los metales preciosos y las piedras. Y aunque hay joyería de todo tipo, no necesariamente esa, cuando dices joya, todo el mundo piensa en un anillo de oro con diamantes

- Pero también hay obras de arte que alcanzan precios astronómicos

- Justo, pero creo que, además de eso, también tienen el estigma de la decoración y de lo femenino, y es difícil sacarla de ahí. Luego, otra cosa muy importante: lo pequeño. El arte se mide a palmos. Tú vendes un cuadro así de grande y tiene un precio, y vendes uno que es el triple y es más caro. En cambio lo pequeño, las propuestas más silenciosas, está penalizado, también porque resulta menos espectacular a la hora de exhibirlo. Pienso que, debido a estos tres aspectos, a la joyería le cuesta entrar en el mundo del arte.

Por eso, a partir de los años 60, crea sus propios circuitos. Hay galerías de joyería contemporánea, premios o eventos específicos como la semana de la joyería contemporánea en Munich, y en otros países donde la joyería estaba muy avanzada. Suiza, Alemania o Inglaterra llegan antes a esta revolución de la joyería contemporánea, que es esa que se cuestiona a sí misma, que transmite mensajes, igual que las demás artes. Pero sigue sin ser bienvenida. Y yo tengo el reto de cruzar esa frontera, un reto tremendo, casi como una cruzada.

Kairós, un sencillo y emotivo amuleto de duelo. Una de las joyas de Teresa Estapé de la exposición 'Intimidad Transescalar'

Kairós, un sencillo y emotivo amuleto de duelo. Una de las joyas de Teresa Estapé de la exposición 'Intimidad Transescalar' © Yolanda Cardo

Hace cuatro años presentamos en Arco una pieza escultórica muy sobria, una vitrina con un set de joyas de luto que ya era algo muy inesperado. Cuando la instalé, pensé: ¡madre mía, aquí en medio de todo este ruido de luz, color y enormidad! Pero creo que por eso tuvo muy buena acogida. Este año he presentado piezas que tienen elementos de la joyería, como un grabado hecho con 20 quilates de diamantes; hay unas piezas objetuales que son abrazaderas con collares de perlas y con collares de ónix, y otra pieza escultórica compuesta por pulseras de ébano. Es una manera de introducirla.

- Quizás no son más que complejos que perviven, especialmente en nuestro país

- Sí, son complejos. Hay una cosa que me viene siempre a la mente. En el manifiesto de Adolf Loos, Ornamento y delito, hay esta cuestión, desde la modernidad, de asociar la joya con lo ornamental, lo femenino. Él mismo lo tacha de pecaminoso. Hay esa cosa de distracción, cuando el ornamento en sí nunca ha sido una distracción, históricamente no ha sido banal. El patrón de un textil africano no es porque sí. La decoración de la empuñadura de una espada no es porque sí. Todo tiene una carga simbólica y un significado para el portador impresionante.

Aún así, se ha intentado banalizar como un mero elemento decorativo. Mucho cuidado con la palabra ornamento utilizada de manera peyorativa. Todo ornamento responde a algo. Desde las uñas de Rosalía, las joyas de los raperos, hasta la estética choni, todo es político, todo tiene un trasfondo.

- Aún así, como dice, estas disciplinas se siguen vinculando a lo femenino. Un imaginario que ciertos movimientos o escuelas influyentes se han encargado de consolidar. Por ejemplo, en la Bauhaus, una institución que nació en teoría igualitaria, las mujeres eran derivadas a los talleres de tapices

- Creo que ahora hay un momento de recuperación de todo esto y de cuestionamiento de todo este sistema patriarcal. Y al hilo de lo que decías sobre los artistas que han hecho joyas, soy un poco crítica con eso, porque siempre que un artista, hombres en su mayoría, se ha acercado a la joyería, lo ha hecho miniaturizando una obra.

Te voy a poner ejemplo. Picasso se pone a hacer sus vasijas de barro y, mientras está allí, hace unas pequeñas medallas en las que hace un dibujo, le pone una cuerda y se lo cuelga a su hija. Eso es una miniaturización, no hay un acercamiento a la joya en el sentido de abordar un objeto artístico en relación al cuerpo, sino que, como estaba haciendo lo mío, hago una cosa pequeña, que es joya.

Chillida también tiene unas pequeñas joyas que son miniaturas de arcilla. El único que se ha enfrentado a la joyería como joyero fue Alexander Calder. Él sí que cogió martillo, alicates y empezó a hacer collares. Hay uno maravilloso, El marido celoso, que lleva Anjelica Houston en una foto, elaborado con latón, del que salen unos pinchos. Calder entendió que estaba trabajando para el cuerpo, e hizo toda una serie de joyas, actuó como joyero entendiendo la escala y entendiendo el cuerpo. Para mí El marido celoso es un ejemplo de un artista de artes visuales que se acerca a la joya entendiendola realmente, no miniaturizando un trabajo.

- Louise Bourgeois o Sonia Delaney abordaron la joyería de otra manera

- Sí, las mujeres sí, pero los hombres, la mayoría… Dalí, por ejemplo, hizo joyas, pero se las encargó a un joyero. Los hombres se han acercado de una manera menor. Hace unos años se hizo una exposición sobre las joyas en el museo Picasso de Barcelona, Picasso y las joyas de artista, y veías eso, gestos menores. Quizá la única ocasión en la que se acercó desde otra perspectiva fue una vez que él mismo cogió objetos en la playa, los metió en un hilo y se lo colgó, creo, a Jacqueline. Ese gesto sí que fue muy primario, muy auténtico.

- Una pieza de íntimo simbolismo y aspecto arcaico, primigenio

- La joyería primigenia tiene una potencia increíble. Pongamos como ejemplo un collar con dientes de leones cazados por un ser humano en la prehistoria. La potencia que tenía para la persona que lo llevaba era increíble. Todo lo que se lleva en el cuerpo, y más en sociedades nómadas, es importantísimo.

No hablemos ya cuando la joya se convierte en moneda de cambio. Esos collares inmensos de pequeñas conchas de playa que fueron moneda de cambio, o todo el ajuar de metales preciosos de las mujeres que era un como banco portátil, su seguro, tienen una potencia extraordinaria. Y más cuando se lleva sobre la piel. Todos percibimos esa energía, esa conexión tan especial cuando llevamos joyas tan simbólicas, como puede ser una alianza o algo de un antepasado. Pienso muchas veces en el puñado de medallas que llevan y besan los toreros, ¡qué potencia tiene eso!

- Cierto, y si pierdes estas joyas de gran carga afectiva, emocional y simbólica tienes casi que hacer un duelo

- Es un disgusto. Yo tengo cosas de mi abuela que me cuesta ponerme porque, si las pierdo, me muero. Y fíjate, lo menos importante es el material con el que está hecho.

- ¿Cómo es su proceso creativo?

- No sé cómo será en otros casos, pero en el proceso creativo casi te diré que no decides nada. La creatividad es algo que te nace por suerte y por desgracia. Creo que es un don y, a la vez, una maldición.

Yo comparo mucho la pulsión creativa con la pulsión maternal. Cuando quise tener hijos era algo que no podía controlar. Es como si me hubieran metido un mecanismo dentro que se activa y te lleva. Es algo irracional, no lo pasas por la razón, porque si lo haces, desde luego no tendrías hijos. Es un impulso interior y como tal, te lleva.

La artista barcelonesa Teresa Estapé combina la joyería, la escultura y la instalación en su práctica artística

La artista barcelonesa Teresa Estapé combina la joyería, la escultura y la instalación en su práctica artística © Yolanda Cardo

Yo digo que trabajas un poco a sentimiento. Evidentemente, tienes tus obsesiones, creo que todos los artistas tenemos las nuestras, el discurso al que siempre volvemos que nace de nuestro carácter, de nuestra circunstancia vital, de donde hemos nacido y vivido. Ese impulso de ideas está ahí siempre, como una olla hirviendo.

Luego tienes tus afinidades estéticas que, creo, nacen de tu imaginario infantil. Las mías, clarísimamente, se inspiran en la casa de mis abuelos, en Barcelona, y donde pasábamos el verano con ellos. Ese es mi imaginario, y siempre vuelvo ahí como una especie de paraíso perdido. No lo decido, eso nace. Ni decido hablar sobre cosas, ni decido abordar materiales, sino que me siento atraída por ellos, y empieza como un juego de recolección de materiales, de escritura y, poco a poco, todo va armándose como un puzzle.

Y es después de un tiempo, cuando tienes un grupo de obras hechas, cuando dices: ¡ah!, estaba hablando de esto. Yo misma tengo el privilegio de asistir como espectadora a mi propio proceso, porque lo bonito que tiene el proceso creativo es que no hay ego en él. Yo no siento que estoy creando algo. Puede sonar un poco místico, pero no es así. Simplemente, eres un medio. Hago, y luego tengo la capacidad de maravillarme. Veo mis piezas y digo: ¡pues qué bonitas!, pero no siento que las haya hecho yo. Tengo casi que recordarmelo.

- ¿Cómo escoge los materiales?

- También tiene mucho de intuitivo. Es como cuando vas a un museo y ves una obra que te llama, o cuando te atrapa una melodía. Mi elección de materiales es muy personal. Hay minerales que me atraen estéticamente, por el aspecto, otros al trabajarlos, por cómo se comportan, otros por las connotaciones geológicas o históricas.

Por ejemplo, en el caso del azabache es muy claro. Lo descubrí por unos pendientes negros de mi abuela que me llamaron la atención en su cajita de joyas. Le pregunté sobre ellos y me contó que, cuando murió mi abuelo, a ella la vistieron de negro y le cambiaron las perlas que llevaba por unas bolitas de azabache. A partir de ahí, me puse a investigar la joyería de luto en la época del Romanticismo. Un periodo fascinante, donde la joyería recupera esa carga simbólica que había perdido y vuelve a representar los momentos importantes de la vida: nacimientos, uniones y muertes. Y el proceso es un poco así. Aparecen los materiales por un lado, las ideas por otro y hay un momento que se hermanan.

- Trabaja, además, con materiales trazables

- Formo parte del colectivo Origen. Gold for Future que, junto con Medicus Mundi, promueve la joyería responsable a muchos niveles. Compramos siempre oro Fairmined, un oro con sello de minería justa procedente de pequeñas explotaciones de América Latina que hacen dos cosas: no contaminar el medio ambiente –las grandes mineras dejan filtrar el mercurio que utilizan y contaminan ríos y cultivos–; y dos, respetan los derechos laborales de sus trabajadores.

Promovemos, por tanto, que la joya no solo sea bonita por fuera, sino también por dentro. Promovemos también el uso de piedras trazables, aunque es bastante más difícil, sobre todo con los diamantes, porque pasan por muchas manos y es muy complicado seguir el rastro hasta el origen.

- Sus joyas tienen algo de primigenio. La estética enlaza directamente con el material

- Soy muy consciente, porque me obsesiona el tema del material, quizá porque lo trabajo directamente y porque lo estudio. Investigo en profundidad la parte geológica e histórica, y solo puedo trabajarlo desde el respeto enorme que siento por él.

Cuando trabajas materiales naturales y ves lo que la naturaleza es capaz de hacer, como artista te quedarías parado, está todo dicho, nadie puede alcanzar la armonía y la maravilla de la naturaleza. Por eso, al tocar un material natural que tiene millones de años, el respeto que siento es inmenso. Y hasta que no entro en simbiosis con él no soy capaz de decir algo, porque no quiero utilizarlo nunca de manera anecdótica o puramente estéticamente. Lo utilizo desde su raíz, llevándome su historia hacia lo que quiero decir. Su aspecto histórico y geológico siempre es parte del mensaje que narro, no lo utilizo simplemente de una manera estética. Con lo cual, me remonto mucho a los orígenes, soy una gran admiradora de la joyería primigenia. Quizá esas formas están muy en mí porque eran gestos muy genuinos, directos, ligados al cuerpo y a la utilidad que iban a tener.

- ¿Saben sus clientas lo que están comprando?

- Sí. Por eso no tengo tantísimas clientas y son mujeres. Mis clientas son mujeres inteligentes. Son mujeres maravillosas que no compran una joya, compran una parte de este universo. Y eso es un placer inmenso.