Diseño en uso. André Ricard
La grandeza del diseño invisible de André Ricard
Considerado el padre del diseño industrial en España, Ricard abordó el diseño como una herramienta transversal capaz de mejorar nuestra calidad de vida mediante soluciones precisas
Bastaría con hacer un pequeño experimento para comprobar hasta qué punto la obra de André Ricard se ha infiltrado en nuestras vidas y marcado nuestra percepción estética durante generaciones. Revisen los objetos que tienen en sus casas o en su memoria.
Quizá tengan o recuerden ver sobre la encimera un exprimidor o una batidora Moulinex; en el baño, botes Denenes y de Norit bebé –el del borreguito decía el anuncio– y algún frasco de Agua de Lavanda, Agua Brava, Anouk, Diavolo, Azur, Estivalia o cualquier otro de Perfumes Puig con quien mantuvo una cercana colaboración. Quizá recuerden sobre la mesa esos ceniceros de colores apilables.
Las pinzas antipolillas Orion (las amarillas) en sus armarios y los interruptores Ibiza de formas redondeadas de cualquiera de las estancias también llevan su firma. Aunque si hay un objeto que, sin despojarse de su funcionalidad, es memoria colectiva, ese es sin duda la antorcha olímpica de Barcelona 92.
André Ricard, padre del diseño industrial en España ©
Trayectoria
Pero André Ricard (Barcelona 1929) no es solo un diseñador inmenso. Es además un teórico riguroso y reflexivo que situó esta disciplina como motor de progreso social.
Con un trayectoria impecable, reconocida con el Premio Nacional de Diseño, la Creu de Sant Jordi o la Légion d’Honneur y el título de Chevalier des Arts et des Lettres, Ricard ha compaginado su carrera profesional con la docencia y el activismo cultural, impulsando instituciones tan prestigiosas como el International Council of Societies of Industrial Design (ICSID) o la Agrupación del Diseño Industrial del Fomento de las Artes Decorativas (ADI-FAD) del que fue miembro fundador.
Diseñar para el usuario
Nacido en Barcelona, de origen francés y mirada cosmopolita, Ricard pertenece a esa categoría de diseñadores que entiende el oficio como una búsqueda constante de soluciones precisas.
Sus creaciones, fruto de un riguroso método de trabajo, son extraordinariamente sencillas, elegantes y siempre efectivas. Diseños confortables y eficientes cuya última finalidad era mejorar nuestra calidad de vida. Es precisamente ahí donde reside su genialidad y donde radica la vigencia de su obra y de su pensamiento.
"Paternidad"
Para él, “la creatividad que ofrece el diseño debe estar al servicio del usuario, sin arrogancia ni paternalismo, pero con una paternidad responsable. No diseñas una vajilla para ti, sino pensando en quién la usará y la disfrutará”.
Y esa idea atraviesa toda su obra, desde los vasos apilables para un óptimo almacenamiento; la icónica vajilla de porcelana Compact (1962); las pinzas de hielo Tong (1964); la botella de leche Rania (1967) o la emblemática lámpara Tatu que diseñó expresamente para no molestar a su esposa mientras él leía en la cama.
Pinzas antipolillas Orion
Responsabilidad social
Sus diseños no se limitan al ámbito doméstico, Ricard abordó el diseño como una herramienta transversal para mejorar sistemas, entornos y servicios. Objetos de uso público urbano como la papelera que creó en 1999 para la Diputación de Barcelona o las placas para edificios históricos de la Olimpiada Cultural de Barcelona de 1990 atienden a esta lógica.
Una mirada integradora, de responsabilidad social, que traslada igualmente a grandes proyectos vinculados con espacios institucionales tan visibles como el patio del Parlament de Catalunya (2003), y a otros de carácter simbólico como el monumento a la lengua aranesa en Vall d’Aran (2008).
Reivindicación
Ya fuera un utensilio doméstico o un elemento de carácter público, un monumento colectivo o un proyecto institucional, todos los trabajos de André Ricard están diseñados para permanecer.
En un tiempo en el que el consumo desaforado e irreflexivo y la obsolescencia programada marcan nuestro estilo de vida, reivindicar la figura del padre del diseño industrial en nuestro país resulta imprescindible.
"El diseño más perfecto es aquel en el que la forma aporta por sí misma la función: una cuchara, un botón o un simple clavo. En la sociedad de consumo se ha perdido la veneración por esos objetos que nos rodean y nos ayudan”, dice.
Diseño y funcionalidad están en el ADN de todas sus creaciones
Cuatro años
Esa precisión que requiere la utilidad, la durabilidad, la trascendencia al fin y al cabo, requiere tiempo. Ricard invertía meses, incluso años, hasta dar con el material, la proporción, el encaje o el diseño adecuado de las piezas para que todos y cada uno de sus objetos fueran perfectos. Solo así estaba satisfecho.
Tanto es así que dedicó cuatro años de estudio e investigación a la creación de la antorcha de los Juegos Olímpicos Barcelona 92. Fueron meses de conversaciones con ingenieros debatiendo sobre cómo debía ser la llama para no molestar a los atletas que la portaran, o qué combustible usar porque de ello dependería también el diseño definitivo.
Muchos ajustes y unos cuantos prototipos dieron forma a un objeto que él mismo portó en el primer tramo del viaje simbólico hacia la capital catalana. Esta es quizás su creación más emblemática y una de las piezas más destacadas de André Ricard. Diseño en uso, la gran retrospectiva dedicada a una figura clave en la historia del diseño contemporáneo, pionero en la construcción de la cultura del diseño en España.
Una antorcha y una caja
Ricard no sólo diseñó la célebre antorcha. Al contrario que otras muchas candidaturas que presentaban sus propuestas en unos pocos folios DN4, él dignificó todo el proceso diseñando la exquisita caja que contenía el extenso dossier de la candidatura catalana.
Y no la pensó como un mero continente sino como un símbolo de la voluntad olímpica y de transformación de todo un país, apunta Arnau Pascual, comisario, junto a Marina Povedano, de esta exposición enmarcada en el Madrid Design Festival y que a partir del próximo 28 de octubre acogerá el Disseny Hub Barcelona.
Antorcha olímpica de Barcelo 92 y la caja de madera que contenía el dossier de la candidatura
"Cotidianidad"
Cuenta Pascual que André Ricard, extraordinariamente lúcido y activo a sus 96 años, ha estado muy presente y participando de todo el proceso de montaje de esta magnífica retrospectiva inspirada en la histórica muestra Le design au quotidien que el propio Ricard comisarió en Bulle, Suiza el año 1995.
“Nos ha ayudado a seleccionar aquello que mostramos y cómo lo mostramos. Intentando mostrar siempre que el diseño no es algo elitista, distante, de solo unos pocos, sino que es algo cotidiano, que tiene que formar parte de nuestra vida cotidiana como algo natural, invisible. Esta es su gran riqueza. Esta voluntad absolutamente humanista que ha tenido a lo largo de toda su trayectoria”.