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A Carlota Bruna (Barcelona 1997) su conexión con la naturaleza le viene de familia. Aunque nació y creció en una ciudad, su madre la llevaba al mar o a la montaña siempre que podía y le enseñó la importancia de respetar la naturaleza. Y su abuela, “una mujer muy espiritual”, le decía: “Carlota, la Tierra nos está hablando desde hace tiempo, está sufriendo, pero no la estamos sabiendo escuchar”. Entonces no supo entender muy bien el significado de aquellas palabras. Pasó el tiempo y creció escuchando cada vez más noticias alarmantes sobre la crisis climática. Entonces todo cobró sentido.

Aún así, estudió Dirección y Administración de Empresas por aquello de hacer caso a su familia y tener “una carrera con muchas salidas”. Pronto se dio cuenta de que no era lo suyo. Lo dejó, se matriculó en Nutrición y Dietética y se hizo vegana. La comunicación fue una consecuencia lógica. “Quería demostrar que puedo comer 100% vegetal sin comprometer mi salud y ayudando de paso al medio ambiente, a los animales y a otras personas”.

Una de las cosas que le animó a ser divulgadora medioambiental es que la forma de comunicar sobre el cambio climático era catastrofista y lejos de movilizar a la gente la paraliza.
Sí y era algo que me frustraba muchísimo. Los que hablaban del cambio climático, en los medios tradicionales, lo hacían de una manera que me angustiaba. Pensaba en todas estas cosas que estaban pasando y que nadie estaba haciendo nada, que yo tampoco podía hacer nada. Con el tiempo vi que sí, que hay muchísimas cosas que podemos hacer. Podemos presionar a las empresas, cada vez que comemos y compramos estamos haciendo una elección. Esto lo aprendí de algo que dijo Jane Goodall: “Lo que haces cada día marca la diferencia, simplemente tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer”.
Recuerdo perfectamente que pensé que esto era justo lo que quería transmitir, pero de una forma diferente a como se estaba haciendo. Veía necesario adaptar los discursos a todo tipo de realidades, ser empáticos con las personas que nos están escuchando, porque no todo el mundo se puede permitir según qué cosas.
Obviamos, a veces, que nuestra realidad es en cierto modo privilegiada y que hay muchas otras donde la supervivencia es su única prioridad.
Totalmente. Por eso existe el Ministerio de Transición Ecológica, aunque ahora no esté funcionando al 100% porque no tenemos los mejores líderes. Pero está para esto, para hacer una transición justa y que nadie se quede atrás. Esto incluye, por ejemplo, velar para que las personas que trabajan en petroleras, en minería o en cualquier sector contaminante, puedan cambiar a otros sectores en auge como el de las energías alternativas. Cuando hacemos activismo nunca culpamos a la persona sino a todo el sistema.
¿Qué hacer cuando el negacionismo climático llega desde las más altas esferas? Trump es un claro ejemplo aunque su postura responda, exclusivamente, a intereses económicos.
De hecho no solo Trump, aquí en España también la ultraderecha es negacionista. No solo eso sino que directamente divulga bulos, mentiras. Me frustra muchísimo. Al final lo que nos queda es luchar con el conocimiento. Sé que es lo de siempre, pero considero que es la mejor arma. Los creadores, debemos ser muy rigurosos y transmitir mensajes avalados por expertos y evidencias científicas.
También es importante fomentar el diálogo. Recuerdo que esta pregunta se la hacían siempre a Jane Goodall y ella decía que había que intentar ganárselo desde el corazón. Hay un grupo de creadoras, Climabar, que son increíbles. Lanzan mensajes tipo: “Como siga así lo del cambio climático, es que ni siquiera vas a poder comer jamón o beber cerveza ¿Verdad que esto no te gusta?”. Puede parecer una tontería, pero funciona.
Aún así hay muchos que lo ven como algo que pasará a largo plazo, pese a que cada vez es más evidente. De hecho, ya estamos sufriendo las consecuencias.
Claro, depende de las zonas. La gente de Valencia que ha sufrido los estragos de la Dana, o Andalucía con estos veranos horribles, sabe que el cambio climático está aquí. También prácticamente todo el litoral mediterráneo donde la temperatura es horriblemente alta cada año. Pero la percepción ha cambiado. Si te das cuenta, hasta el 2020 aproximadamente lo veíamos como algo lejano, ahora sabemos que es una realidad, que está aquí y está desde hace años, aunque algunos no lo perciban así.
El activismo no reside sólo en los grandes gestos, las pequeñas acciones del día a día son importantes. ¿Cómo podemos practicar una sostenibilidad cotidiana? Un término (sostenibilidad) que está en boca de todos y se aplica bien poco.
Yo siempre digo que, ahora mismo, el término sostenibilidad no significa absolutamente nada. Lo utilizan las empresas para marketing, incluso te hacen creer que eres sostenible si compras su producto etiquetado como sostenible. Es totalmente absurdo y además resulta contradictorio comprar para ser más sostenible. Para ser lo más sostenibles posible la primera cosa que podemos hacer es votar en las elecciones. Hay mucho absentismo en las urnas, sobre todo de gente joven porque piensan que la política no va con ellos cuando en realidad en nuestro día a día todo es política.
También es muy importante tener en cuenta, por ejemplo, cosas que hacemos varias veces al día como comer. Reducir el consumo de proteína animal es un gesto muy significativo ya que la ganadería intensiva es la principal causa de problemas gravísimos como la deforestación, la contaminación del agua y del suelo por residuos, o el uso excesivo de agua. No hace falta ser vegano, pero sí hacer pequeños cambios semanales en nuestras rutinas. Reducir el desperdicio alimentario es otra cosa que podemos hacer. Tiramos demasiada comida.
¿Y qué hacemos con el fast fashion, este consumo desmesurado de ropa?
De hecho esto tiene mucho que ver con la salud mental. Estamos tan desconectados que a veces pensamos que comprando un montón de ropa vamos a tener este plus de dopamina que nos hará sentir mejor, cuando en realidad nos hace miserables, no solo a nosotros sino además a las personas que trabajan en esas fábricas y también al planeta.
Debemos intentar comprar solo aquello que realmente necesitamos, y si es de segunda mano mejor. Pero primero comprueba qué es lo que ya tienes. Si aún así necesitas comprar una pieza de ropa, hay muchísimas marcas que ofrecen algodón orgánico y tejidos más sostenibles y naturales. Pero lo fundamental es darte cuenta de que no necesitas tanto. Sé que es muy difícil no recurrir a ellas en algún momento, pero que sea lo mínimo porque estamos abusando muchísimo.

Carlota Bruna, activista y divulgadora medioambiental, embajadora del Pacto Europeo por el Clima

¿Lo peor que podemos hacer por el planeta es rendirnos a la resignación, a la apatía?
100%, creo que la apatía es muy peligrosa. Aunque te diría que la indiferencia aún más. Cuando tienes toda la información y ves que a la gente le da igual, eso sí que da pánico. Porque a veces es simplemente ignorancia y por tanto no puede actuar, pero hay muchas personas que, incluso, sabiéndolo deciden activamente que les da absolutamente igual. Creo que esto es lo más difícil.
Aunque también me preocupa la resignación fruto de todas esas noticias negativas que te llevan a pensar que todo da igual, que vamos a morir todos. Y no es así, eso no nos lo podemos permitir. Pero no solo es nuestra responsabilidad, tienen que ser los gobiernos y las instituciones quienes nos faciliten esta vida bonita y sostenible. Pero mientras no hagan lo suficiente, tenemos que actuar.
Su activismo la ha llevado a viajar por medio mundo. ¿Qué es lo que más le ha impactado?
Creo que una de las cosas que más me ha impactado es que muchas veces desde los medios españoles y europeos vemos a los países del sur global como si fueran los más contaminantes, que tiran todo a los ríos contaminando todo. Claro, luego cuando vas allí ves que hay un sistema colonialista en el que todos los plásticos, todos los residuos que no queremos en Europa se venden a diferentes países que no tienen sistemas de reciclaje. Muchas veces porque los propios gobiernos son corruptos y les da absolutamente igual el medio ambiente, y la única opción que tienen es dejarlos o quemarlos. No es un problema de los habitantes del llamado sur global, sino de todo el sistema que se ha creado.


Al desierto de Atacama, por ejemplo, va a parar toda la ropa que desechamos en Europa y Estados Unidos por unos acuerdos comerciales. Uno de los sitios más maravillosos del mundo que ahora mismo está contaminadísimo con fibras de ropa sintética. Esta ropa no se vende, no se puede gestionar de ninguna manera. Es todo el sistema. No se puede juzgar a las personas de un país, sino a todo el sistema, a todos esos acuerdos comerciales entre países de norte y sur global.
Hemos convertido el sur global en un basurero.
Exacto. Tú te consideras la persona más responsable del mundo porque has reciclado. Pero es que lo que reciclamos acaba en lugares donde no pueden gestionar estos residuos. En Ghana hay uno de los vertederos electrónicos más grandes del mundo. Allí van a parar todos los móviles que desechamos o cualquier aparato electrónico que no se pueda reciclar va a parar allí. Urge generar el menor residuo posible, es lo mejor para todos.
En Cataluña y en España en general, ¿hace falta ambición política contra el cambio climático?
Siempre. Nunca se ha hecho lo suficiente y estoy esperando el día que se haga, pero de momento no llega.
Los expertos apuntan a que estamos en un punto de no retorno, que hay daños irreversibles y que solo se pueden mitigar los efectos si se actúa drásticamente. Eso implicaría renunciar a nuestro estilo de vida ¿Hay razones para ser optimistas?
Mira, esto de los daños irreversibles es totalmente cierto, pero hay razones para ser optimista porque se puede parar el peor escenario posible. Esto es así. Si actuamos ahora mismo, aunque deberíamos haberlo hecho hace tiempo, pero si los gobiernos adoptaran ahora mismo medidas contundentes podríamos evitarlo. Incluso con el tiempo se podría revertir, pero ahora mismo hay daños irreversibles. Por ejemplo, la temperatura de los océanos se ha demostrado que tardará muchísimos años en bajar y que de momento seguirá subiendo bastante. Pero cada grado, cada milésima de grado cuenta, por tanto debemos ser super optimistas, podemos evitar el peor escenario.
No queda otra.
Exacto, no queda otra. Hay que hacer muchísima comunidad y en ese aspecto estamos avanzando. La sociedad occidental es super individualista, nos han educado en el capitalismo y empujado al individualismo. Pero con los problemas globales se están generando más sociedades, más organizaciones, más iniciativas que hacen comunidad. Eso te hace sentir acompañado. Es mucho más fácil actuar cuando sabes que no estás solo.