Para Elena Crespi no existe un momento concreto para abordar la educación sexual. Es un proceso constante, una carrera de fondo que comienza, incluso, durante la gestación.
No es una tarea fácil, porque construir una identidad sexual sana implica revisar nuestras propias certezas, nuestros miedos y prejuicios. Sólo así evitaremos perpetuar desigualdades e incurrir en actitudes y comportamientos sexistas tan arraigados en nuestra idiosincrasia que ni siquiera los reconocemos.
Son lo que denomina “machismos cotidianos”, el sustrato de la gigantesca e invisible base de un iceberg en cuya punta se asienta la violencia de género.
Portada del libro 'Habla con ellos de sexualidad', editado por Lunwerg
Mujeres en Crónica charla con ella sobre cómo evitar el sexismo desde lo cotidiano, normalizando el sexo como un aspecto natural de la condición humana que se expresa y se construye a lo largo de toda la vida.
- ¿Sigue siendo la sexualidad un tabú?
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Sigue siendo un tabú. La diferencia que hay ahora respecto a hace unos años es que antes se hablaba muy poco, un poco en sottovoce, era algo que tenías que ir descubriendo a no ser que formaras parte de sectores muy progres; y ahora hay un discurso oficial en el que parece que hablamos de sexualidad, que todo está resuelto, pero realmente se está hablando de estos temas escondiendo aún el tabú que hay detrás. Es decir, no la hablamos de verdad, no la hemos naturalizado, porque tan natural es comerte una manzana como tener relaciones sexuales.
A parte, estamos en un momento complicado en el que se habla sobre ello de forma muy superficial, dando por supuestas muchas cosas que realmente tampoco son muy saludables.
- En resumen: sigue siendo tabú y, encima, cuando hablamos de sexo no lo hacemos bien
- Exacto, sí que es cierto que hay ciertos sectores que son más reflexivos, más de debate, donde sí que hay un aprendizaje, unas conversaciones interesantes y donde vamos al meollo del asunto, pero en general no.
- Hemos pasado del silencio a vivirla como si fuera una lista de cosas por hacer. Y cuanto antes, cuanto más variada sea y cuantas más veces, mejor. Estamos dando más importancia a la cantidad que a la calidad de las cosas que hacemos.
- También se ha banalizado
- Sí, y eso sin caer tampoco en el discurso moralista de que el sexo siempre tiene que ir de la mano del amor. Pero va de la mano de las emociones y de tus afectos, siempre. Y ahora lo estamos viviendo como simple y pura gimnasia sexual, sin que la gimnasia sexual tenga nada de malo, pero mal vivida, con una idea muy machista.
- En el libro Habla con ellos de sexualidad, intento abrir una ventana a la diversidad que hay porque aún seguimos bebiendo de un modelo muy cisheteronormativo.
- El consumo de pornografía es cada vez más temprano. Con ocho años ya acceden a este tipo de contenidos con una facilidad pasmosa. ¿A qué edad hay que empezar a educar en la sexualidad y cómo hacerlo? No es una tarea fácil
- No, no es fácil, porque la familia también lleva en su mochila el resultado de la educación sexual recibida. ¿Ahora se está haciendo una educación sexual más explícita que antes? Sí, ¿pero las personas que estamos ahora criando tenemos una mochila súper saludable? No, lo hacemos como podemos.
- El tema está en que la educación sexual no es algo que comienza a partir de un momento determinado sino que, sin quererlo, ya la estamos haciendo. Siempre digo que tenemos que hacer educación sexual desde el momento menos uno.
- Apunta, incluso, que la educación sexual empieza en la gestación
- Sí, de hecho, estudios perinatales nos dicen que cuando un bebé se está gestando ya es capaz de percibir. Claro, no perciben vocabulario, perciben sensaciones a un nivel más emocional.
- Por ejemplo, si en su entorno hay un ambiente cargado, violento, o si por el contrario hay un ambiente amable, un bebé es capaz de percibir todas estas cosas.
- Entonces, si yo, desde que se está gestando o desde que ha nacido una criatura, abordo la sexualidad con ciertas reticencias, con reparos, con vergüenza, como un tabú, ellos lo perciben. Lo perciben, por ejemplo, en el momento que mencionamos ciertas partes del cuerpo con naturalidad: mano, nariz, pie, dedo, ojo, cabeza, pero en cambio no decimos pene, vulva, testículos o clítoris.
- El clítoris es el gran olvidado en la educación sexual. Parece que si le decimos clítoris a una criatura pequeña la vamos a pervertir, cuando en realidad es una parte del cuerpo tan importante como el dedo chico de la mano, te diría, incluso, que más.
- Por tanto, si ven que hay cierto reparo y no normalizamos el cuerpo, ahí ya ven que pasan cosas, que lo que pasa con los genitales es distinto.
- Si a medida que crecen, en vez de decir pene o vulva decimos “cosita”, esto ya es educación sexual. Como también lo es cómo gestionamos nuestra relación con nuestro cuerpo, los desnudos en casa… Si un crío de un año y medio me ve medio desnuda, un cuerpo que ha sido su casa, y yo reacciono con pudor, con mucha distancia, con mucha sanción, eso también es educación sexual.
- Y quizá para encarrilar temas más explícitos, como es el tema de la pornografía que preocupa mucho a las familias, yo siempre digo: ¿Qué preferimos?, ¿que un crío con ocho años encuentre accidentalmente contenido pornográfico sin saber qué es o que ya le hayamos dicho que eso existe?
- Es fundamental que tengan información previa y criterio para valorar lo que están viendo
- Al final, el criterio, el pensamiento crítico no es exclusivo de la sexualidad, sino que es aplicable a todas las esferas de nuestra vida.
- Por ejemplo, si estamos en casa viendo una serie, una película –yo siempre recomiendo muchísimo mirar contenido audiovisual juntos– y, de pronto, vemos que empieza una escena en la que se están besando o que hay una insinuación pseudoerótica y les decimos: tápate los ojos o cambiamos de canal, ¿cómo le vamos a explicar a esa criatura que se va a encontrar contenido pornográfico?
- En el fondo, esos momentos pueden ser una buena excusa para hablar con naturalidad sobre estos temas, y a medida que van creciendo, puedes ir utilizando palabras más concretas. Y llegará un momento en el que le dirás que esto se llama pornografía. Ya les avisas.
- Cuando hablamos con nuestros hijos, les trasladamos en cierta medida esa mochila de la que antes hablaba. Y dependiendo de cómo haya sido nuestra educación, podemos perpetuar ciertos comportamientos sexistas, ¿somos conscientes?
- Creo que somos conscientes de que no hemos recibido la mejor educación sexual. Pero creo que muchas veces no somos conscientes de que aquello que no tiene relación directa, explícita, con la sexualidad también es la base de la sexualidad.
- Es decir, la sexualidad es una esfera más de nuestra vida, y si yo soy una persona que me relaciono de manera irrespetuosa, estaré enseñando a mis a vivir también una sexualidad irrespetuosa. Si tengo tendencia a tener actitudes violentas –los que digo yo– machista, racista, clasista, todos los , esto también se traslada.
- Entonces hay una parte que no es explícita, pero que pone la base. El cómo fomentamos su autoestima, cómo nos autoqueremos las familias, esto también forma parte, y muchas veces no hay conciencia de que esto es la pata más gruesa de la educación.
- Muchas veces, las familias se asustan porque piensan que no sabrán cómo responder si preguntan algo sobre sexo. Pero más importante que el contenido de lo que explicas es cómo lo explicas.
- Si a mí me viene mi hija a los cinco años y me pregunta que cómo se hacen los bebés y yo empiezo a sudar y a pensar que me está preguntando sobre sexo y me agobio, responderé con evasivas. Pero si me siento y le digo: 'Mira, no sé cómo explicártelo. Venga, vamos a buscar un libro. Déjame que mire cómo explicártelo bien para que me entiendas y te cuento', entonces será más sencillo. La actitud, el tono, son fundamentales.
- Nadie está preparado para hablar con los hijos sobre ciertos temas
- No es fácil, y precisamente esto nos da pistas de que aún es un tema muy tabú, porque si nos preguntan cómo funciona el aparato digestivo, no nos pondremos nerviosos (...) Por tanto, aquí hay una parte muy importante.
- En el fondo, la base fundamental de la educación sexual es cómo aprendo a respetarme a mí y a las demás personas, cómo aprendo a relacionarme conmigo y con los demás. Para mí, el respeto es la palabra con mayúsculas. Esto es la base. A partir de ahí, podemos añadir más cosas.
- Usted incide en la importancia de abrir nuestra mente a otras identidades y evitar el binarismo de género
- Sí, es muy importante por muchos motivos. Primero, porque nuestro entorno, queramos o no, es diverso. Nunca sabremos quién tendremos como docente de nuestros hijos, como amigos o lo que sea.
- Segundo, porque yo puedo dar por hecho que si tengo un niño, porque ha nacido con pene y le hemos puesto la etiqueta masculina, se identificará como niño y que será heterosexual. Yo lo puedo pensar, pero la realidad a veces va por otros caminos.
- Es un asunto complejo, porque además estamos en un momento en el que los discursos más reaccionarios y más binarios de un hombre es un hombre, una mujer es una mujer, están muy presentes. Claro, ¿qué hacemos?, ¿obviar, negar, una realidad que no es la más habitual pero que existe?
- Imagínate que tu hija te dice: “Soy una persona no binaria pansexual”. Hay que trasladar esta diversidad con la mayor naturalidad que podamos.
- Por lo tanto, yo siempre explico que quizá no es imprescindible conocer todas las etiquetas. Estamos en un momento en el que tenemos la necesidad de etiquetar todo, porque las etiquetas que teníamos hasta ahora eran escasas y muy rígidas, y como no eran válidas para todo el mundo, ahora todas aquellas personas que no encajaban dicen: “Vamos a explotar esto".
- Todo esto puede ser abrumador, pero lo importante quizás no es conocerlo todo al dedillo, lo importante no es saberse todas las etiquetas y definiciones, sino respetar la diversidad.
- Recuerdo una vez que una madre me decía en una charla con familias: "Yo a mi hijo aún no le he contado qué es la homosexualidad. Once años tenía el hijo". Yo pensaba; "¿Pero qué te crees tú que es la homosexualidad para que consideres que aún no le puedes explicar? Las familias tenemos que hacer primero el trabajo de naturalizar y respetar un montón de cosas. Luego ya iremos explicando y buscando recursos.
- En el libro alerta sobre la importancia de los micromachismos como base del iceberg de la violencia de género. Advierte de lo inconscientes que somos al respecto, y señala que combatirlos debería ser una prioridad
- Sí, sí, es una revisión constante. Fíjate, de hecho, cuando empecé a utilizar el concepto micromachismo había algo que no me encajaba y lo cambié, empecé a hablar de “machismo cotidiano”, porque creo que, precisamente, etiquetarlo como micro le resta importancia. Pero es que no es uno, son millones de machismos cotidianos que vamos normalizando.
- Además, el machismo es muy inteligente, el patriarcado es muy inteligente. Ha visto que no puede ir con el discurso de que las mujeres son seres inferiores porque está desfasado. Tiene que colarlo de otra manera, con cosas que pueden parecer absurdas pero que son la base de todo.
- A mí me gusta mucho la metáfora del iceberg, porque realmente es todo lo que está ahí escondido multiplicado por mil millones y que construye lo que se está edificando encima. La violencia más explícita no surge de la nada, surge de haber naturalizado los machismos cotidianos.
- A la que empiezas a revisar, si me permites, es una putada, porque es que de ahí no salimos, porque cada día nos descubrimos tolerando, incluso, participando de estos machismos, pero es que si no los detectamos no podremos rebajar ese iceberg.
- Y esto funciona así con todas las discriminaciones. Cosas que parecen tonterías. El otro día compartí un post de una compañera que decía: "Antes de perforar las orejas de tu hija, lee esto". Hay gente que te dirá: ¿En serio? ¿No le puedo poner pendientes a mi bebé? Poder, puedes, faltaría más (...) Pero es una marca de género y presión estética, una conjunción de cosas que, aparentemente, parece una tontería.
- En esta línea que apunta sobre lo inteligente que es el patriarcado, les hemos comprado el discurso referente a la sexualización y la estética. Somos esclavas de nuestra imagen y no tengo muy claro que siempre sea por decisión propia
- Y es lógico porque, fíjate, como mujeres siempre nos han vendido esta idea de que nuestra imagen, el cómo nos presentamos al mundo es lo más valioso. Es decir, yo no puedo salir de mi casa de cualquier manera. No puedo salir despeinada, sin maquillaje, ni con sujetador y bragas que no vayan a conjunto. Tenemos que salir perfectas.
- También es verdad que a medida que nos vamos haciendo mayores, vas pasando de esto. Pero claro, aquí nos lo han vendido y lo hemos comprado porque nos lo han inculcado, nos han adoctrinado desde pequeñas. Bajo la estela de mira qué mona con el vestido, qué mona con el no sé qué… Esto solo se hace con las niñas, en cambio a los niños si van con los pantalones de color marrón o de color verde no pasa nada.
- También hay que decir que detrás hay una gran industria que se está enriqueciendo. Yo, que estoy reflexionando en qué me gasto el dinero, como mujer estándar de la vida, no sé cuánto dinero me he gastado en depilación, en maquillaje, en ropa, en peluquería… Yo he ayudado también a que esa industria se enriquezca.
- Todas participamos
- Exacto, y no pasa nada, hacemos lo que podemos. Lo que pasa es que la industria es muy inteligente y ha visto que cuanto antes empieza a inculcar esta idea de la belleza, de la perfección, pues mucho mejor.
- Ahora se ha montado un negocio con productos de para niñas pequeñas que dices, ¡no puede ser posible!
- Yo siempre pongo el mismo ejemplo. Mi abuela que nació en el año 24, a lo largo de toda su vida, y mira que vivió años, ¿cuántos referentes mujeres debió ver? Una cantidad X. Y pienso: "Es que ahora mismo esta juventud haciendo scroll durante dos horas ve a tantas mujeres como mi abuela en toda su vida", exagerando un poco.
- Creo que se nos ha comido esta globalización a nivel de redes sociales digitales, de poder ver cualquier canal, cualquier tipo de contenido.
- Vemos una cantidad de referentes normativos que muchas veces son falsos, porque han pasado por chapa y pintura durante no sé cuánto tiempo o están retocados digitalmente. Antes veías unas cuantas, pero luego te topabas con la vida real y veías mujeres que les colgaban las tetas, que tenían el culo grande, que no tenían la curva perfecta, que no siempre iban maquilladas (...) Ahora se pasan el día mirando una pantalla.
- No hay nada que hacer, bueno pensamiento crítico, poder plantear y cuestionar cosas, comportamientos. Eso también tiene que ver con la educación sexual, que yo pueda decirles a mis hijos, hijas e hijes: "Depilarse no es obligatorio, haz lo que puedas”.
- Afortunadamente con la edad le restas importancia a ciertas cosas
- Bueno, te digo que la conversación del otro día con mis amigas era: me quiero operar las tetas, estoy perimenopáusica, me cambia el cuerpo, no estoy contenta. Me las miraba y pensaba, ¡Dios mío! estamos aquí. Yo porque me he trabajado mucho, pero no es fácil.
- Si la pornografía ofrece una imagen absolutamente distorsionada de la sexualidad, la cultura del entretenimiento, las series, las películas, la música, la literatura, nos ofrece una versión edulcorada de las relaciones afectivas. Entender que esto no es la realidad, ¿forma también parte de la educación sexual?
- Sí, porque la sexualidad tiene que ver con los afectos, y la afectividad tiene una parte implícita de sexualidad. De hecho, yo ahora mismo estoy poniendo la alarma no solo en la pornografía, sino también en toda la literatura juvenil que están leyendo nuestras niñas. Niñas de 12 años que están devorando libros donde el contenido sexual es muy explícito pero se mezcla con el amor.
- Amor entre comillas, porque para mí todo este contenido mezclado con esta mitología de amor romántico, que en el fondo es super tóxico, no es amor. Están aprendiendo un tipo de relaciones que no tienen nada que ver con lo que sería algo saludable. Realmente es muy preocupante el modelo que tenemos. Supongo que vende más el amor tipo culebrón que el saludable.
- En los 90 llegaron los culebrones venezolanos y flipamos y ahora viene en forma de serie adolescente americana o española que son horribles. Y eso es lo que están consumiendo principalmente las chicas, los chicos no suelen entrar en eso. Cuando tú ves porno tú malentiendes sexo, cuando lees literatura o ves una serie de estas romanticonas para adolescentes se percibe un sexo muy erróneo mezclado con amor. Es un cóctel muy bestia. Son referentes, sexo-afectivos, el pack completo.
- Como psicóloga especializada en sexología, ¿cuáles son los principales problemas con los que acude la gente a tu consulta? ¿Van más las mujeres o los hombres?
- Son muchas más las mujeres las que acuden porque supongo que en la masculinidad, en ese concepto de masculinidad hegemónica, pervive esa idea de que tu como hombre te lo gestionas, no pides ayuda, debes saber resolver.
- En cambio las mujeres somos más dadas a las relaciones de ayuda, nos es más fácil acudir a terapia. Y en cuanto a las preocupaciones, mientras que en los hombres la disfunción eréctil y la eyaculación precoz son los temas estrella, en las mujeres es la falta de deseo. Y con el modelo de sexualidad tan horroroso y tan centrado en el placer masculino que hemos recibido, pues no me extraña
- ¿A quién le apetece este modelo de sexo tan insatisfactorio? Y las nuevas generaciones van por el mismo camino. Seguramente tendrán los mismos problemas dentro de unos cuantos años, a pesar de que ahora ya sabemos dónde está el clítoris.
- En una sociedad cada vez más reaccionaria, ¿hace más falta que nunca una buena educación sexual? Como mujeres, debemos tenerlo bien presente.
- Sí. Las nuevas generaciones tienen un pensamiento un poco más “progre” que las anteriores aunque, en apariencia, no lo parece porque palabras como feminismo asustan a los jóvenes y también a las jóvenes. Es decir, tú preguntas a un grupo de adolescentes si son feministas y te dirán que no. Y si tú les dices que tú eres feminista, te mirarán con si fueras una bruja.
- ¿Cómo hemos llegado a este punto si el feminismo no es más que una cuestión de igualdad?
- Supongo que aquí ha habido un trabajo intenso de los sectores más reaccionarios de extrema derecha de mandar este discurso de que las feministas lo que queremos es gobernar el mundo y cargarnos a los hombres. Algo que evidentemente a nosotras nos parece absurdo, pero han logrado transmitir la idea de que queremos dar la vuelta a la tortilla y hacer lo que nos han hecho a nosotras. Cuando tú explicas realmente lo que es el feminismo, la mayoría de la gente estaría de acuerdo. No le verían sentido que alguien cobrara más en el mismo puesto de trabajo por el hecho de ser hombre o mujer.
- Luego está todo el tema de las cuotas, que no lo acaban de ver claro. En la práctica, la sociedad es más feminista que antes pero sin el discurso feminista. Claro, aquí tenemos otra parte que tiene que ver con la sexualidad. Ahora mismo estamos tan centrados en esta sexualidad, del rendimiento, de cuántas veces, con cuántas personas, cuántos juguetes, cuántos orgasmos, cuánto de todo, que hemos olvidado que la sexualidad también va de una, dos o más personas.
- No sé, estamos en una sociedad cada vez más individualizada, más de “ande yo caliente ríase a la gente” y a lo mejor deberíamos colectivizar un poco y entender que la lucha por los derechos humanos es la lucha por los derechos de cada uno.
- Es complicado (...) Vivimos un momento muy difícil. No hay más que ver los que tenemos mandando en el mundo. Que avancen personas con esta ideología es un retroceso para los derechos. En Cataluña, en España, estamos mucho mejor a nivel legal, tenemos una cobertura que nos reconoce ciertos derechos, pero estamos así de que nos lo quiten. Depende de quién se haga con el poder, estos derechos nos los pueden quitar.
- ¿Y cuáles van a ser los derechos que primero van a desaparecer?, los de los colectivos discriminados históricamente: pobres, racializadas, mujeres, criaturas, personas mayores, todo lo que no sea el hombre blanco cishetero adinerado. Tenemos que ser muy conscientes y no bajar la guardia.
- Tengo una compañera que decía: "Tú mira qué leyes tiene un país y verás de qué carece como sociedad”. Porque si necesitamos una ley LGTBI, es que no se están cumpliendo los derechos de las personas LGTBI. Si necesitamos una ley para gestionar nuestro control de natalidad, es porque no tenemos esa libertad.
