Habla Ingo Niermann, al que quizá algunos barceloneses recordarán por la actuación en el CCCB, hace ya algunos años, de su Army of Love, el ejército del amor, una iniciativa artística y de curación social, con la que pretendía llevar los postulados marxistas sobre la repartición de los bienes económicos y el derecho al bienestar… hasta el terreno sexual, o sensual: el amor es una necesidad tan perentoria como el pan. Los más desposeídos tienen derecho a los bienes de la tierra, y también al contacto físico con los demás. Bien, a partir de esta premisa su ejército del amor reclutaba “soldados” voluntarios, dispuestos a facilitar ese “derecho” de los desheredados al contacto, a la ternura…
Yo definiría a Ingo como un pensador tan juguetón como riguroso de la contemporaneidad, desde los fenómenos epocales más llamativos hasta la detección de síntomas apenas perceptibles. Es una persona extremadamente inteligente. El célebre arquitecto Rem Koolhaas, con el que ha colaborado en diferentes proyectos, define así su actitud: “Niermann exhibe un apetito desbordado por la especulación intelectual. Su tema es el mundo y cómo la suma de nuestras interacciones crea una turbulencia interminable (de valores). Con un equilibrio poco común entre la falta de sentimentalismo y la generosidad, parte de síntomas embrionarios para revelar cambios sistémicos y nuevas realidades de un mundo que otros hemos dudado en explorar con su lucidez inocente y, a la vez, férrea”.
Sus ideas, que formula a través de la paradoja, de la contradicción, del argumento llevado hasta el extremo absurdo, siempre del cuestionamiento de las ideas dadas, las expone Niermann en libros que con frecuencia publica (en inglés) en la editorial ahora londinense Sternberg Press. El último de ellos, The Monadic Age, consta de 33 ensayos que exploran cómo “un nuevo paradigma de autosuficiencia está a punto de reinventar todos los parámetros sociales: el mundo está marcado por conflictos cada vez más profundos: entre democracias y autocracias, entre políticas identitarias woke y populistas, entre ricos y pobres... así como por la continua explotación ambiental y complicaciones severas como el cambio climático”.
En esos ensayos --sobre el ambientalismo, el terrorismo, la geopolítica, la vivienda, el metaverso, la no binariedad, el lenguaje, la caridad, la eutanasia, la política identitaria, la IA, las tasas de natalidad, la guerra, la religión, el sexo, el arte, etc-- Niermann postula que, impulsadas por los rápidos avances en la automatización y la inteligencia artificial, estas múltiples crisis están a punto de culminar en un nuevo paradigma de autosuficiencia individual —el monadismo— que pone fin a la era liberal y obliga a reinventar los parámetros sociales.
He leído The Monadic Age, comparto algunas de sus tesis, discrepo de otras, todas me parecen interesantes y revulsivas. Pero no es de mi opinión de lo que tengo que hablar aquí sino de su elección de una obra de arte que a nuestro invitado de hoy le parece especialmente valiosa. Se trata de una verja de acero, San Jerónimo y el león, de Lin May Saeed (1973-2023), escultora germano-iraquí conocida en su país sobre todo por sus animales de poriespán.
'San Jerónimo y el León', obra de Lyn May Saeed
“El tema vital y artístico de Lin era la liberación animal”, dice Niermann. “Esta obra en concreto deriva, en mi opinión, de la misma escena de Rogier Van der Weiden sobre la leyenda en la que San Jerónimo extrae una espina de la pezuña de un león, que, según la fábula y las múltiples representaciones plásticas de los maestros antiguos, a partir de entonces le acompañará en sus lecturas y meditaciones.”
Rogier Van der Weyden: “San Jerónimo y el león”
“Desde luego, son dos obras muy distintas, pero yo haría hincapié en el hecho de que en la pieza de Lin el santo y el animal tienen el mismo tamaño, están en pie de igualdad. Para ella estaba siempre viva la idea o la fantasía de los animales y los hombres viviendo juntos y pacíficamente. Puedes considerar que es una idea muy ingenua… y lo es, desde luego, pero ¿cómo podemos querer menos? Ella combatía la crueldad. Si se lleva este enfoque hasta sus últimas consecuencias, se llega a las ideas del filósofo de Oxford David Pearce (1959), cofundador de la Transhumanist Association”.
Pearce, me explica Niermann, proponía transformar la naturaleza y la vida animal y humana de manera que no haya ya violencia y sufrimiento, mediante recursos como la ingeniería genética, los nanorobots, etcétera: “¡Para que no sólo los humanos, también los leones se hagan veganos!”
No conozco la obra de Lin May Saeed, pero he encontrado en internet documentación que indica que todo su arte estaba enfocado a una serena militancia animalista. Lo explicita en una entrevista de la que extraigo este fragmento:
P.-- Como artista y activista, tú abogas por una coexistencia pacífica entre humanos y animales en la Tierra. ¿Cómo sería idealmente esa coexistencia?
R.-- Tendríamos un concepto diferente de la libertad: la libertad humana terminaría donde comienza la libertad animal. Para mí, una situación ideal significa poner fin al uso de los animales. Esto implica proteger tanto a los animales de granja como a la fauna silvestre y a los hábitats vegetales. No tengo una bola de cristal, pero espero que dentro de 40 años casi nadie coma carne y que el veganismo sea la norma, aunque probablemente las razones para ello variarán.
