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Un trabajador en una fábrica de Coca Cola junto a unas botellas, en una imagen de archivo.

Coca Cola 'refresca' con 12 millones a médicos y estudios científicos españoles

En España se consume de media el triple de la dosis de azúcar recomendada por los especialistas

Antonio M. Yagüe
4 min

La multinacional estadounidense Coca Cola ha intentado comprar voluntades médicas en España, con más de 12.117.664 euros entre 2010 y 2015. Con esta cantidad ha subvencionado sociedades y estudios sobre nutrición, colegios de médicos, becas CSIC, universidades, y congresos hasta en la capital de Cuba.

La generosidad de la compañía de refrescos ha llegado a 289 actividades científicas, que han dejado al descubierto parte de las vergüenzas entre la industria alimentaria y la salud pública. Están detalladas desde hace más de un mes en su web. Pero parece que han sido difíciles de detectar y más de difundir.

El caso de la Fundación para la Diabetes roza el cuento de la zorra a cargo de las gallinas. Una compañía cuyo producto estrella-en su versión original- contiene el equivalente a ocho cucharadas de azúcar por vaso, la ha financiado con 227.600 euros, para realizar su carrera anual y participar en un salón sobre dieta mediterránea.

Independencia sospechosa

Las sociedades científicas de Cardiología y Endocrinología y Nutrición defienden que las ayudas no merman su independencia ni suponen un conflicto de intereses con la salud. También consideran que la colaboración es imprescindible para celebrar congresos e investigar.

Su argumento se acerca al de la compañía de bebidas. El objetivo oficial de estas altruistas subvenciones era “entender mejor determinados aspectos de la nutrición en nuestro país y poder adoptar las medidas oportunas”, así como “concienciar sobre el estudio de la vida saludable”. Lo dice Rafael Urrialde, actual director de salud y nutrición de Coca Cola Iberia, y ex responsable de salud de la Unión de Consumidores de España (UCE). Una organización, por cierto, caracterizada por su tibieza respecto al consumo, incluso infantil, de las bebidas azucaradas.

Un hombre mide su masa corporal con una cinta métrica en una imagen de archivo.

Culpar a la falta de ejercicio

Los científicos independientes lo tienen claro. Las “investigaciones” patrocinadas van encaminadas a restar importancia a las consecuencias de una excesiva ingesta de azúcar añadido, y desviar la atención hacia la falta de actividad física, una condición indispensable pero no suficiente.

Algunos informes sin patrocinio incluso rebaten que el ejercicio físico en entornos urbanos sea menor que en décadas anteriores. Para ver la obesidad, solo hace falta salir a la calle. La diabetes no se ve a simple vista, pero acaba cegando.

Problema de dosis

Los médicos aseguran que no es que el azúcar sea malo. Como estableció Paracelso, la dosis hace el veneno. Pero hemos pasado de consumir 4 kilos por año y habitante en el siglo XVIII a unos espeluznantes 70 kilos hoy. Consecuencia: los casos de obesidad y diabetes se han disparado.

La última recomendación de la OMS dice que deberíamos tomar como máximo unos 50 gramos de azúcar al día. La media de consumo en Europa es el doble, 100 gramos. Visto de otro modo, lo ideal sería que el azúcar suponga el 5% del aporte calórico y nunca más del 10% en una dieta de 2.000 calorías. En España, consumimos más del triple de lo recomendado.

Dos cucharadas de azúcar blanco y moreno representan la dosis diaria recomendada.

Azúcar en los supermercados

También advierten los especialistas de que otros refrescos que pueden parecer saludables, como Gatorade o Pawerade, también rebosan de sacarosa (nombre científico del azúcar). "Se debería empezar por retirar el calificativo en positivo de refrescos a estas bebidas", propone un endocrino de la madrileña fundación Jiménez Díaz.

Un estudio internacional, difundido por los doctores Barry M. Popkin y Corinna Hawkes en la revista The Lancet, asegura que el azúcar tiene una presencia invisibilizada en hasta el 75% de los alimentos preparados y de venta en el súper. Algunos tan insospechados como el tomate frito, el caldo de pollo, el queso y el jamón envasados, y los pepinillos.