Antonio Comadrán deambula por la parte alta de Barcelona, zona noble Travessera-Tuset, como hace años. Atrincherado en una de las casonas coloniales y protegidas que diseñó Enric Sagnier en el coqueto pasaje Josep Llovera —que Relais & Châteaux quiso transformar en un oasis urbano—, se ocupa de su jardín, que colinda con el de un prohombre catalán y el de un fondo de capital riesgo de los que habitualmente copan titulares de la prensa económica.
Este economista barcelonés anda molesto. Se ha reconvertido en intermediario hotelero, y ya ultima operaciones en Barcelona y la Costa del Sol. Según él, eso sí, su pasado le sigue persiguiendo, por lo que quiere poner los puntos sobre las íes de una vez por todas.
Once años después de aceptar junto a Rafael Espanyol, presidente, una condena menor por la caída de La Seda, la gran química catalana, pide ayuda a Crónica Global para aportar su inédita versión, jamás contada a los medios.
Se acompaña de abundante documentación que apoya esta versión. "Yo no solo hundí La Seda, sino que conseguí que el Estado se implicara e hice salvar 35 millones de euros en una tesorería que estaba maltrecha", resume.
Inicios
Su historia en la empresa, epítome del Baix Llobregat industrial —llegó a emplear a 25.000 personas—, tiene dos momentos. El primero arrancó a principios de los 90.
Comadrán fue reclamado por la dirección de La Seda cuando la empresa se encontraba al borde del colapso operativo y acorralada por embargos ejecutivos.
Desde su despacho especializado en el Paseo de Gràcia de Barcelona —"tuve dos, uno en Rambla Catalunya y otro mayor en Paseo de Gracia, me iba muy bien"—, asumió el encargo de articular soluciones financieras para sostener la compañía en un momento en que los bancos habían cerrado el grifo del crédito.
Imagen anterior de La Seda de Barcelona
Catorce años
Su primer gran cometido se prolongó desde 1992 hasta 2006 y se centró en solucionar la deuda acumulada con la Seguridad Social. "Yo tenía muy buena relación con la Tesorería. Me encargaba de ayudar a empresas. Cuando entras en la Seguridad Social con una deuda de 50.000 euros, te persiguen hasta ahogarte. Si tu deuda es de cuatro millones, te ponen la alfombra roja", asevera.
En este frente, Comadrán diseñó la estrategia que culminó en la promulgación de un Real Decreto en 1995, un marco regulatorio insólito por ser el único acuerdo de esta naturaleza suscrito por la Administración General del Estado (AGE) con una empresa privada en España.
"Es el único jamás aprobado en España para salvar una empresa. Me costó Dios y ayuda, pero logré que lo aprobaran. No se ha repetido jamás", desliza con un punto de orgullo.
Se borra la deuda
Esta intervención estatal permitió condonar e intermediar deuda por un valor neto de 29 millones de euros, con un coste de gestión para La Seda de apenas cuatro millones.
La maniobra evitó el embargo de maquinaria crítica y permitió mantener con vida la actividad industrial durante más de 14 años, impidiendo un cierre prematuro que habría dejado en la calle a cientos de trabajadores.
La nueva sede de la Tesorería de la Seguridad Social en Barcelona
Operaciones fiduciarias
Segundo momento de Comadrán en La Seda. Tras el éxito con la Seguridad Social, la dirección de la fabricante de fibras, nylon y polímeros encomendó a Comadrán la resolución de pasivos internacionales.
En esta cartera de obligaciones, destaca la liquidación de la competidora alemana Marquis (Markosa), firma similar a Viscoseda. Ante el peligro de que La Seda tuviera que asumir directamente la totalidad de las deudas y compromisos laborales en Alemania, el consultor aceptó firmar un contrato de fiducia a su propio nombre.
"Puse la casa en orden"
Asumiendo la titularidad fiduciaria, Comadrán renegoció las deudas con proveedores y pactó indemnizaciones laborales de 20 días por año en lugar de los 45 exigibles a la matriz. "Ello generó un ahorro directo de diez millones de euros".
Una operativa idéntica se reprodujo posteriormente en una filial de Sevilla, salvaguardando 80 empleos directos y aportando entre dos y tres millones de euros adicionales en eficiencias.
Imagen histórica de La Seda de Barcelona
"Les hice ahorrar 35 millones"
El balance global de estos trabajos quedó reflejado en una auditoría externa de 124 páginas encargada por la propia La Seda al auditor de cuentas Emili Gironella Masgrau (EGM). El forensic se incorporó al sumario penal que se seguía en la Audiencia Provincial de Barcelona por la quiebra del grupo.
¿Qué decía? "El informe concluyó formalmente que mis trabajos reportaron a la compañía beneficios cuantificables superiores a los 35 millones de euros y evitaron la quiebra acelerada del grupo", sintetiza el economista.
Facturación
Pese a estas cifras, las pesquisas judiciales —instadas por la acusación pública tutelada por Francisco Bañeres, exfiscal de delitos económicos y ahora fiscal jefe de Cataluña— fijaron su atención en los 12 millones de euros facturados globalmente por el despacho de Comadrán.
El consultor sostiene que dicha suma acumulaba fondos destinados a pagos de cierres y liquidaciones de pasivos, mientras que sus honorarios netos representaron únicamente unos dos millones de euros por más de una década de servicios.
Trabajo que, insiste, fue "clave" para mantener a la química en respiración asistida durante una década y media.
Francisco Bañeres, fiscal jefe de Cataluña
"Pacté: me pedían décadas en prisión"
En el procedimiento judicial, la Fiscalía llegó a solicitar para Comadrán penas de hasta 27 años de prisión. El verbatim utilizado por el equipo de Bañeres en la acusación era demoledor. Le acusaban a él y a Rafael Espanyol de "desvergonzados".
A pesar de disponer del informe pericial favorable que demostraba la rentabilidad de su gestión, sus letrados le aconsejaron no asumir el riesgo de un juicio oral dada la hipertrofia punitiva de la acusación y la politización del caso.
"Yo quería ir a juicio, pero terminé pactando. Quería limpiar mi nombre y demostrar que hice cuanto pude por salvar la empresa. Y que jamás tuve nada que ver con Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), a la que vinculaban con La Seda. De hecho, no soy nacionalista", protesta.
El 'expresident' Artur Mas, que pasó por el consejo de La Seda
Pena menor
Siguiendo las recomendaciones de su defensa para evitar una condena desproporcionada, Comadrán aceptó un acuerdo de conformidad que fijó una pena menor de año y medio de prisión, evitando el ingreso en la cárcel. A su vez, Rafael Espanyol acabó encajando condenas también menores.
"Antes, se había resarcido a la empresa para mitigar el impacto. Las condenas ya no tenían sentido, pero eran necesarias para la Fiscalía por el alcance mediático del caso".
Pese a la levedad del castigo y la voluntad de reparación, el pacto judicial consolidó un estigma público que arruinó su reputación comercial y provocó el cierre inmediato de su boutique de negocios.
"Los medios me machacaron. Pasé de tener un céntrico despacho de economistas en el Paseo de Gracia a que no me llamara nadie", admite. "Me tuve que reconvertir con mucha paciencia y esfuerzo. Ahora trabajo en el sector de la intermediación hotelera y preparo un gran proyecto audiovisual", proclama.
Batalla por las acciones
Respecto al trágico desenlace de La Seda, Comadrán desvincula el colapso de las operaciones que él coordinó junto al consejero delegado José Luis Morlanes, de quien, dice, "ha perdido la pista".
"¿Estuve yo relacionado con CDC? No, en absoluto. ¿Fue él un barón socialista en la sombra como dicen algunos? Lo ignoro, no lo sé. Nuestra relación era meramente profesional".
Según su testimonio, el plan de viabilidad pergeñado por Morlanes y su equipo dejaba a la empresa completamente saneada y lista para capitalizar deuda a través de fondos de inversión internacionales.
José Luis Morlanes, CEO de Iqoxe y de La Seda
"Los portugueses hundieron La Seda"
¿Por qué se hundió La Seda? El proceso se truncó cuando el presidente del consejo y accionista mayoritario, el inversor portugués Manuel Matos —con intereses en empresas competidoras en Portugal—, constató que la entrada de los fondos de inversión diluiría su participación al 1%.
Para no perder el control operativo ni perjudicar a sus filiales portuguesas, el dirigente forzó el concurso de acreedores y la liquidación del grupo con la intención de reincorporar la unidad productiva a precio de saldo.
"No tengo pruebas, pero ninguna duda: los portugueses forzaron el concurso para no perder poder en la gobernanza interna y adjudicarse la unidad productiva", apostilla.
"Me propusieron la política: dije 'no'"
Durante la instrucción judicial, diversos análisis vincularon la figura de Comadrán con tramas de apadrinamiento político vinculadas a Convergència, dada la presencia de perfiles afines al nacionalismo en la estructura organizativa de La Seda: Jordi Vilajoana, Artur Mas, Jordi Pujol Ferrusola o el malogrado empresario Carles Vilarrubí..
Comadrán desmiente categóricamente haber mantenido militancia o afinidad orgánica con la formación catalanista. "Como he dicho, ni soy independentista ni nacionalista. Sí me gustaba Unió Democràtica, pero jamás tuve relación con ellos. Solo me han propuesto entrar en política una vez, y dije no".
Carles Vilarrubí en una comparecencia en el Parlament
"Tuve que vender mi casa"
En cuanto a su reconstrucción profesional y personal, el patrono admite que el impacto mediático del proceso judicial le causó un golpe profesional.
La cobertura de la causa provocó la desbandada generalizada de su cartera de clientes en el paseo de Gràcia, dejándolo sin actividad comercial "de la noche a la mañana".
Para hacer frente a las deudas y cubrir gastos elementales de subsistencia, se vio obligado a liquidar activos personales de valor, incluyendo su vivienda familiar en el Maresme y patrimonio acumulado durante décadas. "A nadie le gusta tener que hacerlo. Pero seguí adelante con el apoyo incondicional de mi esposa y mi familia", narra.
La lujosa urbanización Supermaresme, al norte de Barcelona
Futuro
Doce años después del final del caso penal, Comadrán sale a la palestra para rehabilitar su imagen pública y desligar su nombre de las noticias que dificultan la actividad empresarial de su familia.
Dice "basta" y pide que no se le relacione más con una Seda que, subraya, él "intentó salvar a toda costa" pese a que otros inversores "sin escrúpulos" llevaron al juzgado mercantil.
La pérdida del motor industrial de Cataluña no pasa, según Comadrán, por él, concluye antes de pagar la cuenta, ponerse el abrigo y marcharse.
