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El futuro de Brava Fabrics empieza a despejarse. Una conocida textil catalana ha movido ficha para quedarse con la unidad productiva de la firma barcelonesa, que entró en concurso de acreedores en junio pasado con un agujero de dos millones de euros.

La candidata busca la continuidad de la marca, aunque los administradores concursales, el bufete de abogados Toda & Nel·lo y la empresa especializada Kentra, líder en rescate de empresas en apuros en Cataluña, escuchan ofertas hasta el 14 de octubre.

Tres tiendas

La compañía ofrece 100.000 euros por la firma —fundada en 2015 por Ramon Barbero e Iván Monells—, que logró hacerse un hueco en la industria gracias a sus estampados y diseños coloridos, y su apuesta por la moda sostenible.

Hay tres tiendas en juego (Barcelona, Madrid y Palma de Mallorca). Eso sí, si alguna compañía más entra con una puja mayor, se podrían reactivar también la segunda tienda de la Ciudad Condal y otra en San Sebastián.

Moda catalana

Así lo confirman desde Kentra, la gestora de concurso de acreedores que está al frente del proceso de Brava junto a la administradora concursal Manuela Sánchez (Toda&Nelo).

Fuentes de Kentra valoran "positivamente" que la marca pase a manos de otra compañía con identidad catalana como Simorra. La prioridad, agregan, es "mantener el valor" de una enseña que ha logrado crecer con una red de tiendas propias y asegurar que "siga operativa, facturando y generando empleo".

Origen

Brava Fabrics nació en 2015 de la mano de Barbero e Monells, que se conocieron durante un MBA en Esade. Desde Barcelona, la marca se convirtió en uno de los nombres vinculados a la moda sostenible, con una comunidad en redes de 240.000 seguidores y una fuerte apuesta por el mercado internacional.

Gran parte de sus ventas del canal online procedían del extranjero.

Una 'store' de Brava Fabrics Cedida

Cinco tiendas

Durante su trayectoria, la compañía ha llegado a tener 35 empleados y las citadas cinco tiendas propias en Barcelona (2), Madrid, Palma de Mallorca y San Sebastián.

Barbero y Monells han mantenido siempre la mayoría del capital, con participaciones minoritarias de particulares y fondos, como Impact Partners.

Cambio directivo

La situación se complicó a finales de 2024, cuando aparecieron los primeros problemas de tesorería. Monells se apartó de la gestión diaria (para migrar al negocio de la IA), aunque conservó su participación en la firma textil.

Su salida llegó tras años de crecimiento. La firma ya presumía de certificados de sostenibilidad, producción en España y Portugal, y un gran público internacional.

Ingresos de 20 millones

En su mejor etapa, llegó a facturar 20 millones y alcanzar los 600.000 clientes, así como a ganar financiación de plataformas como La Bolsa Social o Crowdcube.

Pero las ventas no se mantuvieron y fueron cayendo hasta rozar los 5 millones en 2025, un 6% menos que el ejercicio anterior. La subida de los costes terminó agravando la situación y, según admitieron públicamente los propios fundadores, hizo que el proyecto resultara "inviable" .

Incertidumbre

Brava Fabrics entró en concurso en junio pasado, en un escenario sensible para las marcas independientes, caracterizado por los costes elevados, la presión del comercio electrónico y la competencia con los gigantes del sector.

Interior de una tienda de Brava Fabrics Cedida

Con la quiebra, se abrió un proceso para buscar comprador, con la posibilidad de vender la compañía por lotes o como unidad productiva.

Canal online

La entrada de la textil catalana --de capital local-- podría ahora permitir que Brava resurgiera.

Mientras tanto, esta ha ido manteniendo operativo su canal online, donde ha continuado rematando parte de su stock, aunque sus tiendas sí permanecen cerradas.