Publicada
Actualizada

Todo el mundo coincide en que hay un problema con la vivienda. De hecho, un 23% de los barceloneses ya lo considera como el principal problema de la ciudad, el valor más alto de la serie histórica y muy cerca de la inseguridad, que sigue encabezando la lista con el 23,8%.

En lo que difieren la ciudadanía y los distintos actores es en los motivos y, sobre todo, en las soluciones. El Sindicat de Llogateres reclama mucha más intervención en el mercado; el Institut Ostrom de Cataluña, una mayor liberalización.

El traje, el paper y el tono sosegado ya reflejan la distancia que hay entre el think tank liberal catalán y el Sindicat de Llogateres. Pero, más allá de las apariencias, las diferencias son de fondo: la defensa del libre mercado frente al socialismo.

"Chantaje emocional"

Ostrom se presenta como un actor dispuesto a aportar seriedad, datos y una defensa del liberalismo a un debate que, en conversación con Crónica Global, su presidente, Pau Vila, considera que ha acabado reducido a “una película de Disney”.

“Esto del fondo buitre contra la anciana débil es un espectáculo”, explica. Lo tacha de “chantaje emocional” y califica los argumentos del Sindicat de Llogateres de “falacias lógicas”.

"El sindicato es un tentáculo de un partido político [se refiere a los Comuns]. Eso es legítimo, simplemente hay que tener en cuenta que su opinión será parcial", remarca. "Lo que no puede ser es que intentemos hacer ver que esta gente son catedráticos independientes".

Desde que la vivienda ha empezado a ocupar cada vez más espacio en los medios, el Ostrom ha intensificado su actividad en esta materia y publica informes y datos prácticamente a diario en su perfil de X.

Manifestación del Sindicat de Llogateres cortando la Diagonal de Barcelona Simón Sánchez

Los datos del sindicato, a prueba

En uno de ellos, contrasta las cuatro principales demandas del Sindicat de Llogateres con datos. Sobre la petición de una renovación automática e indefinida de los contratos, sostiene que España ya lo probó y que el alquiler se redujo: del 51% en 1950 al 15% en 1991. Entre ambas fechas, los contratos eran indefinidos por ley.

Sobre la regulación del alquiler de temporada, el think tank explica que este creció precisamente cuando cayó el alquiler habitual. En 2023 representaba el 28% del total de los anuncios; en 2025, ya cerca del 50%.

En cuanto a congelar el precio durante el contrato de alquiler, Ostrom muestra cómo eso ha provocado que cada año se alquilen menos pisos: 132.988 en 2023; 118.626 en 2024, cuando entró en vigor el tope en marzo, y 107.157 en 2025, ya con el límite aplicado durante todo el año.

Manifestación del Sindicat de Llogateres cortando la Diagonal de Barcelona Simón Sánchez

Los más vulnerables, fuera

Frente a la demanda del sindicato de que no haya ningún desahucio de personas vulnerables sin alternativa, el Ostrom sostiene que, si el riesgo lo asume el propietario, la consecuencia será endurecer todavía más el acceso al alquiler y, por tanto, dejar fuera precisamente a los perfiles más vulnerables.

Así, explica que el 60% de los propietarios ya ha endurecido sus requisitos a los inquilinos durante el último año, que el 70% exige unos ingresos equivalentes al triple del alquiler y que el 60% pide un seguro de impago o un avalista.

Otro dato que han difundido recientemente es el de un informe que cifra en 147.000 las viviendas que llegarían cada año al mercado español si se reformara la fiscalidad de la vivienda. Según el modelo de simulación del think tank, la mayor parte serían pisos que hoy no se venden porque cambiar de casa resulta demasiado caro; el resto correspondería a obra nueva y rehabilitación.

Dos recetas enfrentadas para hacer frente a la crisis de la vivienda. Igual de legítimas, pero una de ellas cuenta claramente con menos espacio mediático. Algo que no desalienta a Vila: “Cuanto más ruido, más necesidad de datos”, concluye.