El grupo japonés Shinko Shoji, especializado en la distribución de componentes electrónicos y semiconductores, ha constituido en Barcelona una filial.
La sociedad, con un capital inicial de más de cinco millones de euros, está domiciliada en la avenida Diagonal 640, en el edificio Alta Diagonal.
Es la primera sede de la compañía en el sur de Europa y su segunda base en el continente, tras la de Frankfurt (Alemania).
El objeto social de la nueva filial incluye expresamente la compraventa de componentes, materiales y accesorios para equipos eléctricos y electrónicos, incluidos los semiconductores, además del desarrollo y comercialización de software.
Gigante nipón
Shinko Shoji, con sede en Tokio, fue fundada en 1953 y está especializada en la distribución de componentes electrónicos, entre ellos circuitos integrados y elementos semiconductores.
La compañía declara unas ventas consolidadas de 99.113 millones de yenes en el ejercicio cerrado en marzo de 2026 y una plantilla de 667 empleados a escala de grupo. Cotiza en el mercado Prime de la Bolsa de Tokio.
Sede de Shinko Shoji en Japón
En concreto, el grupo ofrece servicios relacionados con el desarrollo de productos, selección de componentes, soporte técnico, diseño y fabricación mediante socios, además de servicios logísticos. Shinko Shoji cuenta con 17 bases internacionales, de las cuales solo una se ubica en Europa, concretamente en Frankfurt (Alemania).
Al frente de la filial española figuran Katsuhiko Suzuki y Tatsuya Ogawa como administradores solidarios. Este último es, además, el presidente y consejero delegado de la matriz japonesa.
Guerra de chips
La llegada a Barcelona se produce en un momento en el que los microchips han dejado de ser un asunto exclusivamente industrial para convertirse en una cuestión de seguridad económica y estratégica.
La pandemia, las tensiones entre Estados Unidos y China y la concentración de la fabricación mundial de chips han llevado a las principales potencias a intentar reducir su dependencia exterior y asegurar sus propias cadenas de suministro.
En junio de 2026, la Comisión Europea presentó la propuesta de una nueva Chips Act 2.0, destinada a reforzar la industria comunitaria, reducir dependencias estratégicas y aumentar la capacidad europea en tecnologías avanzadas de microchips. Bruselas reconoce que Europa continúa dependiendo de terceros países en ámbitos como la fabricación avanzada y el diseño de chips.
España también ha situado los semiconductores entre sus sectores estratégicos. El Perte Chip, aprobado en 2022, contemplaba una movilización de alrededor de 12.250 millones de euros para reforzar el ecosistema español de microelectrónica y semiconductores, desde el diseño y la fabricación hasta la industria electrónica que utiliza los chips.
¿Y Cataluña?
En Cataluña, el proyecto central es InnoFAB, el primer centro de desarrollo y prototipado de chips de la comunidad, que se ubicará en el Parc de l'Alba de Cerdanyola del Vallès, junto al Sincrotrón. La inversión ronda los 400 millones de euros, de los cuales casi 200 los aporta la Generalitat.
Otro ejemplo de la apuesta catalana por este mercado es la empresa Openchip, una compañía de Barcelona que diseña procesadores para supercomputación e inteligencia artificial. Esta nació en 2021 por iniciativa del Barcelona Supercomputing Center, y hoy ya emplea a unos 300 profesionales.
En junio, el Consejo de Ministros autorizó una inversión de 115,77 millones de euros a través de la SETT, la sociedad pública de participaciones industriales. Antes, la empresa ya había captado 111 millones de fondos Next Generation y otros 35 millones en créditos de la Generalitat.
