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Es el segundo presidente ejecutivo que ha tenido la Fundación del Gran Teatre del Liceu y el que más tiempo ha permanecido al frente de la institución. Pero en octubre cerrará una etapa: Salvador Alemany, también presidente de Abertis, dejará el cargo tras una década al frente del teatro barcelonés.

Según ha podido saber este medio, Alemany, que ha cumplido ya los 82 años, no optará de nuevo a la presidencia en octubre, cuando expira su mandato.

Ahora le corresponde al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, también presidente de honor del Liceu, impulsar una candidatura para sucederle, que deberá ser presentada al Patronato para su aprobación.

Salvador Alemany, presidente del patronato del Liceu Institut Cerdà

Equilibrio sin esplendor

Los diez años de Salvador Alemany al frente del Patronato han estado marcados más por la búsqueda del equilibrio presupuestario y la sostenibilidad económica —su gran reto— que por el esplendor artístico.

"Trabajaré desde el equilibrio y la mirada larga al servicio de la cultura y del país para que el Liceu siga mejorando día a día, tanto en el aspecto artístico como en el social ", afirmó en su discurso de reelección, en 2021.

Aunque las cuentas están hoy saneadas después de años de control presupuestario, la institución no dispone de la holgura de sus mejores años para afrontar grandes producciones o reunir a los mejores repartos internacionales.

Liceu vs. Teatro Real

La comparación con el Teatro Real de Madrid tampoco deja al Liceu en buena posición. Aunque ambas instituciones cuentan con aportaciones públicas similares —alrededor de los 20-25 millones de euros—, el Real supera ampliamente al Liceu en presupuesto global (unos 70-75 millones, frente a los 55 millones del teatro catalán).

La superior capacidad del Teatro Real para atraer mecenazgo le otorga un mayor margen financiero para armar una programación más ambiciosa y competir con fuerza en el circuito internacional.

Así, en el terreno artístico, el Real también parece haber tomado delantera. Un ejemplo reciente es el debut de la Orquesta del Festival de Bayreuth, que actuó este jueves por primera vez en España en Madrid, y no en Barcelona.

El Gran Teatro Liceu de Barcelona Òscar Gil Barcelona

El Liceu Mar

En este contexto de gestión prudente, sorprende el Liceu Mar, la gran apuesta de Alemany y el proyecto con el que podría dejar una impronta no solo en la historia del teatro, sino también en la de la ciudad.

Concebido como una segunda sede del Liceu en el Moll d'Espanya, estará dedicada a la innovación, la danza y la creación contemporánea. Se trata de un proyecto de gran envergadura, impulsado con determinación desde la presidencia, aunque avanza a un ritmo lento y genera dudas entre algunos aficionados, que cuestionan la oportunidad de abrir un nuevo espacio escénico cuando el teatro principal todavía tiene dificultades para llenar sus butacas.

El interior del Gran Teatre del Liceu, en Barcelona Cedida

Se busca presidente

Históricamente, la presidencia del Liceu recaía en el presidente de la Generalitat y no tenía carácter ejecutivo. Pero en 2013 se decidió cambiar el modelo y dotar al cargo de un perfil más ejecutivo y menos político: debía ser una persona con capacidad de gestión, de buscar financiación y de hacer avanzar la institución.

En ese contexto se eligió al empresario Joaquim Molins para ponerse al frente del teatro. Su elección respondía a la voluntad de representar el equilibrio público-privado sobre el que se sustenta el Liceu, con una composición del Patronato prácticamente dividida a partes iguales, pero renunció al cargo solo tres años después por motivos de salud.

Alemany procedía del mundo empresarial privado, pero también había mantenido vínculos con la política y las instituciones públicas. De hecho, llegó a sonar como posible conseller de Economía y ha tenido una larga trayectoria de relación con el sector público. Cumplía, por tanto, con el perfil que se buscaba, si se pasa por alto que, a diferencia de Molins, no es un aficionado a la ópera.

Se marcha con los deberes hechos, pero quizá al seny catalán le habría venido bien algo más de la ambición madrileña. No basta con vivir de un pasado esplendoroso: también hay que creer en el Liceu del futuro. Ese será el reto del nuevo presidente.