El gigante francés Salins, líder del negocio salino en el sur de Europa, enfrenta tres polémicas simultáneas en Cataluña. El desmantelamiento de la fábrica de la histórica Sal Costa en el Puerto de Barcelona se encabalga con críticas por vender sal potencialmente peligrosa.
Y es que el discreto cierre de la factoría alimentaria, que ha desvelado Crónica Global en exclusiva, llega después de otra controversia: la comercialización de sal residual que produce ICL en la comarca del Bages como alimento comestible
Bromo
Por partes. Salins, dueña de Sal Costa desde 2016, saltó a los titulares por comercializar sal residual procedente de las instalaciones de ICL en el corazón de Cataluña, como detalló este medio en su día.
Según algunos estudios, el comestible contiene niveles de bromo superiores a los tolerados por el cuerpo humano. La empresa, a su vez, defiende que "cumple estrictamente la normativa vigente" en Europa y que los análisis químicos revelan que el condimento muestra los "parámetros habituales".
Piscinas
En paralelo, han existido críticas a otro producto que vende Salins en España, tanto en el mercado minorista como en el mayorista. Es la sal para piscinas, que puede afectar al cuerpo humano por sus elevados niveles de bromato.
De nuevo, se trata de un excedente de producción de las instalaciones de ICL en el Bages que Salins vende en las grandes superficies de material del hogar para tratar las láminas de agua domésticas.
Montaña de sal en las instalaciones de ICL en Súria (Barcelona)
En este caso, el producto puede llegar a presentar elevados niveles de bromato tras un proceso de oxidación, algo común en las piletas domésticas. La empresa, a su vez, vuelve a aducir que cumple la normativa y que la presencia del compuesto químico en su sal vacuum para piscinas se halla dentro de los niveles habituales.
Primera denuncia
La compañía niega que sus productos sean lesivos para la salud. Lo cierto es que ya se ha producido la primera denuncia en Francia. En este caso, a la Dirección General de Consumo francesa, que ha registrado la primera queja formal.
En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) conoce esa alerta y ha elevado los casos a la Comisión Europea, por si fuera necesario endurecer la legislación sobre este compuesto químico.
Sal Costa, desmontada
Ahora, con esta controversia aún caliente, Salins ha tomado una decisión que provocará más debate: desmantelar la fábrica-sede de la centenaria Sal Costa en Cataluña y llevarse la actividad a otra comunidad autónoma.
El Puerto de Barcelona ha confirmado que no ha renovado la concesión —caducaba el pasado 30 de junio—, mientras que varias fuentes cercanas confirman el cierre de la factoría.
Con ello, el gigante francés pone fin a 100 años de arraigo de Sal Costa en la autonomía. A la espera de si mantiene la sede social en la región o se la lleva a otro territorio del país, la multinacional gala ha desarmado la fábrica-cuartel general donde se transformaba el condimento.
Todo ello, un año después de que la marca catalana, líder en su sector, soplara las 100 velas de su cumpleaños.
