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La noticia del cierre de la centenaria librería Alibri de Barcelona en diciembre de 2022 causó tanta tristeza como alivio generó, apenas unos días después, el anuncio de su rescate por parte de la empresa de suscripción literaria Bookish.

La operación garantizó la continuidad de la antigua Herder, situada en el número 26 de la calle Balmes, y evitó que Barcelona perdiera una de sus librerías de referencia. Sin embargo, ese salvavidas también ha tenido un coste.

Según ha podido saber Crónica Global, parte de la plantilla vive con malestar el rumbo que ha tomado el negocio tras la compra y lamenta la imposición de criterios “más comerciales” en la gestión de la librería.

La librería Alibri de Barcelona Facebook

"Un Fnac"

Fuentes conocedoras de la situación aseguran que la sensación entre algunos trabajadores es que se está intentando convertir Alibri "en un Fnac", priorizando títulos con mayor potencial de ventas en detrimento de la identidad que había caracterizado a la librería durante décadas.

"Los cambios se notan en la selección y la disposición de los libros y en el peso que han pasado a tener determinados títulos en los espacios destacados", explican las mismas fuentes.

Preguntada por este medio sobre cómo ha vivido este proceso de integración en Bookish, Alibri ha declinado hacer comentarios. Bookish, por su parte, no ha respondido a este medio antes del cierre de esta edición.

Los clientes

La percepción no se limita a parte de la plantilla. Algunos clientes habituales también consideran que la librería ha comenzado a alejarse del modelo que la convirtió en un referente. "Ha perdido su condición de librería dedicada principalmente a la filosofía, la literatura y la historia, con poca atención a lo comercial. Antes, si buscabas un libro poco habitual de filosofía o de literatura clásica, ibas directamente a Herder-Alibri", explica uno de ellos.

El mismo cliente sostiene que, aunque la librería sigue contando con un fondo de calidad en sus secciones especializadas, "la impresión es que se va deteriorando paso a paso".

También lamenta lo que considera un cambio en su posicionamiento político: "He ido mucho a Alibri desde mi adolescencia, en los años 70, cuando se llamaba Herder. Cuando aparecieron Laie y después La Central, era la única librería que mantenía su neutralidad política, y la mantuvo hasta que la compró Bookish. Ahora es como todas las demás".

La compra de Bookish

Fue un 3 de diciembre cuando Alibri anunció su cierre. Apenas una semana después llegó la buena noticia: Bookish asumiría el control de la histórica librería para garantizar su continuidad.

Tomàs Casals, director general de Bookish, explicó en un comunicado entonces: “Aunque operamos un modelo diferente, somos lectores, y el cierre de una librería nos afecta profundamente y todavía más si es una de referencia como Alibri, por lo que resultaba inevitable que surgiera el instinto de querer salvarla y de pensar alternativas”.

Casals detalló además que entre los planes de la empresa ya estaba previsto abrir una librería de gran formato pero “evaluando la posibilidad, vimos que tenía todavía más sentido trabajar para conservar una ya existente”.

Es de mal nacido ser desagradecido y nadie discute que, gracias a la entrada de Bookish, Alibri puede celebrar este año su 101º aniversario. Pero toda vida prolongada acaba arrastrando algún que otro achaque.

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