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Las decisiones que toma Vallformosa tienen una importancia especial por varios motivos: porque es una de las bodegas con mayor proyección internacional del Penedès, porque el cava atraviesa el momento más delicado de su historia y porque su consejera delegada, Marta Vidal, acaba de asumir la presidencia de la DO Cava.

Por eso, el comunicado que la bodega ha enviado este jueves, en el que anunciaba que mantenía los precios de compra de la uva del año pasado por su "compromiso con los viticultores y el territorio", ha sido interpretado por algunos viticultores como una "broma pesada".

El malestar responde a dos motivos. El primero, que Vallformosa comprará únicamente el 70% de la uva que adquirió el año pasado. El segundo, la inclusión de una oferta de 0,12 euros por kilo para el 30% restante, que hubiera rebajado el precio medio de la uva.

Viñedos DO Cava

Vallformosa lo niega

Preguntada por este medio, Vallformosa niega que tenga intención de comprar ese 30% de uva restante. La empresa sostiene que únicamente adquirirá el 70% porque "no necesita más" y recuerda que el año pasado ya compró más uva de la inicialmente prevista.

También niega haber hecho esa oferta a 0,12 el kilo, pero en la tabla de precios remitida a los viticultores sí aparece una categoría de uva "de mesa" o "no calificada" retribuida a ese precio.

Por debajo del precio de coste

De hecho, incluso los precios que la bodega sí que pagará por algunas variedades se sitúan por debajo del coste orientativo fijado por el Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI) este año, que sitúa la horquilla global de producción para el viticultor entre 0,53 y 0,56 por kilo. Para las tres variedades autóctonas base en convencional, Vallformosa ofrece entre 0,47 y 0,50 por kilo.

Solo en el caso del cultivo ecológico con vendimia manual, los cavas de Guarda Superior o variedades con prima, como el Chardonnay, la retribución cubre o supera los costes oficializados por la Generalitat.

Sede de la bodega Vallformosa / EP

Año de excedentes

Eso, sin embargo, no es una práctica rara en el sector. En años de excedentes, el viticultor sufre porque no se venden suficientes botellas para absorber toda la uva cultivada y el elaborador recupera capacidad de negociación frente al productor.

Es por ello que muchos viticultores se ven obligados a firmar contratos en los que declaran que el precio cubre sus costes de producción. Lo hacen para no quedarse con la uva sin vender, aunque ello implique asumir pérdidas.

En este contexto, este medio ya explicó que Vallformosa estaba comunicando sus previsiones a los viticultores "tarde y a cuentagotas". No es casualidad. Bajo la lupa por su doble condición de consejera delegada de Vallformosa y presidenta de la DO Cava, Vidal ha ido con pies de plomo, consciente de que cualquier decisión comercial de la bodega sería interpretada como un termómetro de la situación que atraviesa el sector.

La propuesta del Institut Agrícola

Las previsiones anunciadas tampoco sorprenden si se tiene en cuenta que el sector comercializó el año pasado alrededor de 190 millones de botellas, lejos de los 250 millones alcanzados en ejercicios anteriores. El Institut Agrícola Català de Sant Isidre advirtió este mes de un posible excedente cercano a los 100 millones de kilos de uva.

Entre las medidas que proponía para evitar un nuevo desplome de los precios figuraba exigir a Freixenet que devolviera a la DO Cava los 40 millones de botellas retirados en 2024, en pleno episodio de sequía.

La organización también planteaba una medida extraordinaria: que la Generalitat complementara hasta los 50 céntimos por kilo la ayuda destinada a la destilación de crisis del vino base para cava.

A más largo plazo, el sector reclama la creación de una interprofesional vinculada a la DO Cava que permita sentar en la misma mesa a elaboradores y viticultores para evitar los fuertes vaivenes de precios entre campañas.

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