El inversor Lofti Bellahcene, consejero delegado de Icosium, primer accionista de Holaluz / CG

El inversor Lofti Bellahcene, consejero delegado de Icosium, primer accionista de Holaluz / CG

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Claves e incógnitas de Icosium, el fondo que puede llevar a Holaluz a la ruina

El vehículo inversor que se convirtió en el primer accionista de la comercializadora tras rescatarla con 22 millones se caracteriza por su opacidad y actividad en territorios poco exigentes en materia de transparencia

Más información: Los tres consejeros de Holaluz que afrontan responsabilidades patrimoniales

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Una semana después del inicio de la enésima crisis de Holaluz, a cuenta de su posible inhabilitación para ejercer como comercializadora energética, no se ha despejado ni una sola de las numerosas incógnitas que rodean a su primer accionista. Bajo el nombre de Icosium Capital, se encuentra un entramado societario complicado de descifrar. Y lo es porque los movimientos conocidos de este vehículo se han caracterizado por una llamativa falta de transparencia.

Tampoco ha sido ésta la oportunidad elegida por Icosium para dar la cara, pese a que el escenario se complica por momentos para la compañía que preside Carlota Pi. De no prosperar las alegaciones que prepara para evitar que la inhabilitación instada por el Gobierno quede sin efecto, su viabilidad está más que comprometida.

Fue precisamente en otra situación igualmente delicada para Holaluz cuando apareció Icosium, por sorpresa y casi de la nada. Las finanzas de la energética estaban ahogadas por los efectos de la elevada volatilidad de precios en el mercado que provocó la invasión rusa de Ucrania.

Tras múltiples negociaciones fallidas con varias entidades, entre ellas el Instituto Catalán de Finanzas (ICF), dependiente de la Generalitat de Cataluña, Icosium apareció como salvador in extremis de Holaluz a finales de 2024. La fórmula consistió en una inyección de 22 millones de euros, a través de dos ampliaciones de capital, la más onerosa de ellas mediante la capitalización de un préstamo previamente concedido.

El logo de Icosium y la sede de Holaluz en Barcelona

El logo de Icosium y la sede de Holaluz en Barcelona FOTOMONTAJE CG

Como resultado de la operación, Icosium se convirtió poco después en el primer accionista de Holaluz, con un tercio del capital en su cartera, y presencia en el consejo de administración (actualmente, tres asientos de los ocho que lo conforman). Y después, pese a pasar a desempeñar un papel relevante en la compañía, la nada más absoluta.

Algo que no se ve compensado por el hecho de que el señalado como principal responsable del fondo, el franco-argelino Lofti Bellahcene, sea uno de los consejeros dominicales de Holaluz, en representación de Icosium. Igual que sucede con el vehículo, la información pública de esta figura es escasa, contradictoria… y en parte, controvertida.

Para empezar, no está nada claro el papel que representa Bellahcene en Icosium Capital. La información corporativa facilitada por Holaluz asegura que ocupa el cargo de consejero delegado. También destaca su capacidad para liderar "operaciones en mercados emergentes y consolidar alianzas en sectores estratégicos". Y su experiencia de más de 15 años "en el sector energético, incluyendo hidrocarburos, trading de energía y energías renovables".

Sin embargo, no aparecen referencias en torno a si, además de primer ejecutivo, Bellahcene cuenta con algún tipo de participación accionarial en el vehículo.

Laxitud normativa

En sí, la figura de Icosium también aparece rodeada de grandes sombras, debido a que la información pública sobre el fondo es realmente escasa. Sin ir más lejos, no hay detalles sobre su desempeño en los mercados, su track record. Sucede lo mismo con algo parecido o equivalente a estados financieros, cuenta de resultados, cartera de inversiones, etc.

A esto contribuye el hecho de que la actividad de Icosium se desarrolla principalmente en mercados en los que las exigencias de transparencia no son exhaustivas. Su operativa suele basarse en la constitución de sociedades mercantiles en aquellos países en los que ejecuta operaciones o realiza algún tipo de inversión.

Imagen de las oficinas centrales de Holaluz en Barcelona

Imagen de las oficinas centrales de Holaluz en Barcelona Cedida

Uno de los destinos más frecuentes es Oriente Medio, donde las normativas relacionadas con la actividad mercantil, los mercados e incluso la fiscalidad se caracteriza por una notable laxitud.

Lo cierto es que cuando el entorno de Icosium se ha asomado a algunos mercados occidentales el escenario ha sido diferente. Así, el regulador francés impuso sanciones relevantes al vehículo Negma Group, al que se relaciona con el entramado en el que está incluido Icosium, por haber desatendido sus obligaciones a la hora de comunicar cambios en su participación en la cotizada Visiomed.

Un caso que, además, guarda ciertos paralelismos con el de Holaluz, en tanto en cuanto la compañía gala atravesaba dificultades financieras y Negma acudió a su rescate a través de una operación que incluía préstamos participativos. Algo que llevó al vehículo a convertirse en accionista de relevancia de la empresa y contar con representación en el consejo.

Holaluz cotiza en el BME Growth, un mercado diseñado para empresas en crecimiento. Se trata de una plataforma que registra una menor actividad y en la que las exigencias regulatorias y de transparencia no son tan incisivas como las que aplican en el Mercado Continuo.

Opacidad e incertidumbre

Entre los aspectos sobre los que Icosium no ha facilitado información destaca el origen de los fondos empleados para la inyección económica que evitó la entrada de la energética en concurso de acreedores. Lo mismo sucede con el esquema de financiación, eventuales apoyos de otras entidades financieras, etc.

La concurrencia de factores que sumen a Holaluz en la incertidumbre es amplia. Especialmente, en el caso de que, por mor del proceso abierto por el Ministerio de Transición Ecológica, aparezcan sobre el tablero reclamaciones patrimoniales y asunción de responsabilidades.